YNGWIE MALMSTEEN: SEIS CUERDAS Y CUATRO DISCOS

Hubo un tiempo muy lejano en el que los guitarristas (o mejor dicho guitar heroes) eran símbolos de adoración entre la comunidad metálica. Con esta perspectiva Mike Varney y su factoría de guitarristas de Shrapnel Records decidieron inundar el mercado de acróbatas del mástil, publicando una serie de discos instrumentales que si en un principio llamaron la atención acabaron cayendo en el lógico olvido debido a su propia reiteración y vacuidad. Pero no nos llamemos a engaño, toda esta algarabía guitarrera vino a rebufo del éxito y reputación de un joven sueco llamado Yngwie Malmsteen. Emigrado a Estados Unidos desde temprana edad empezó a labrarse una reputación por su vertiginosa forma de tocar. Sí, se puede afirmar que él fue el creador de eso que se llama ‘Shred’ (masturbación frenética del mástil para entendernos), pero reducir el papel de Malmsteen a este dato sería quedarse sólo con la punta del iceberg. En realidad lo que hizo este sueco tampoco no fue nada que no estuviera inventado, lo que hizo fue coger las enseñanzas de Ritchie Blackmore y llevarlas al paroxismo. Si Blackmore usaba formas y modos de la música clásica en su manera de tocar Malmsteen lo acentúo hasta lo máximo, originando él solito lo que se denomina neoclasicismo metálico y llenándose siempre la boca con los nombres de Bach, Beethoven y Paganini. No tuvo suficiente con eso, cogió el estilo del guitarrista de Deep Purple y Rainbow y le dio un plus (bueno, doscientos) de velocidad. Esa casi endiablada forma de tocar encajaba como un guante en los patrones de la música clásicos y por supuesto no dejaba a nadie indiferente que  le escuchara tocar.

Pero como es habitual en el mundo del rock, no sólo de música vive el hombre y eso el bueno de Yngwie lo sabía muy bien, tanto como Ritchie Blackmore. Así que también empezó a hacerse popular por su mal carácter y egocentrismo, él era el mejor guitarrista del mundo y la gente sólo tenía que venir a verle a él. Una actitud siempre criticada, pero que sin ella el personaje nunca hubiera funcionado tan bien. Y tercera característica vital, aparte de su priápica digitación el tipo sabía componer canciones que calaran y hacía solos (como los de Blackmore) que incluso se podían tararear. Visto todo esto es normal que su figura calara hondo en el panorama metálico de la época, ofrecía algo que ya había funcionado (Blackmore Style) pero puesto al día para los exagerados ochenta, tenía aura de peligroso y además grababa discos estupendos. Un cóctel irresistible tanto para metalheads que necesitaban algo nuevo como para nuevas generaciones de guitarristas que tuvieron que añadir la figura del sueco como modelo a seguir junto a las también tan en boga de Michael Schenker y Randy Rhoads.

Ahora tras mucho tiempo sin pisar nuestros escenarios vuelve Yngwie Malmsteen -en toda su pompa y circunstancia- para ofrecer dos conciertos. Y servidor que lo celebra, y nada mejor para ello que aparte de ponderar un poco su figura recuperar esos discos que hicieron de él un referente y que es necesario recuperar de cuando en cuando. Cuatro discos como cuatro soles y que hicieron de Mr. Malmsteen uno de los guitarristas más admirados de su época.

ALCATRAZZ ‘No Parole From Rock’n’Roll’ (1983)

El primer Proyecto con proyección del sueco en USA. Graham Bonnet venía de grabar dos álbumes memorables con Rainbow y MSG, y decidió repetir la jugada pero siendo él el actor principal. Sólo necesitaba a otro virtuoso de las seis cuerdas a su lado y lo encontró en la figura de un joven Yngwie Malmsteen. Duró poco la asociación (acabo a puñetazos de hecho), era previsible, el carácter imprevisible de Bonnet y el ego desatado del sueco colisionaron de frente pero les dio tiempo a hacer un disco y una gira. Y menudo disco, un clásico de culto del hard rock de aquella era, muy deudor de los Rainbow de Blackmore (todo sea dicho) pero imprescindible. La aguda garganta de Bonnet, y el estilo endiablado y neoclásico del guitarrista sueco junto a unas composiciones perfectas hacen que este disco una satisfacción auditiva completa. La melodía y comercialidad bien entendidas de “Island In The Sun”, “Hiroshima Mon Amour” o “Kree Nakoorie” junto a arrebatos de furia y rapidez hardrockera como “Jet To Jet” o “Too Young To Die, Too Drunk To Live” son los puntales de un álbum que también proyecta la guitarra de Malmsteen hasta el infinito y más allá con una instrumental marca de la casa (neoclásica y asimilable) como “Incubus”. Como se ha apuntado la unión de talentos duró poco pero fue tan intensa que a día de hoy Alcatrazz y este disco de debut siguen siendo referentes ineludibles en las carreras de Bonnet y Malmsteen.

YNGWIE J. MALMSTEEN ‘Rising Force’ (1984)

Finiquitada la alianza con Graham Bonnet el Bueno de Malmstenn tenía claro que no iba a trabajar con más músicos, sino que los músicos iban a trabajar para él y su inconmensurable ego. Y la cosa empezó de forma inmejorable, ya que el debut del sueco en solitario es básico para entender la evolución de la guitarra metálica en los ochenta, especialmente en la faceta shredder y neoclásica. Un disco cuasi instrumental (razones contractuales afirman algunos) que sorprende por la crudeza de su producción y unas canciones que impactan por su madurez compositiva y poso que dejan. Y esto es algo que ya se ha apuntado unas líneas más arriba. Por muy enrevesadas que parezcan las piezas instrumentales, se te quedan, ya sea por los riffs, fraseos o solos con fundamento. Uno no puede evitar dejarse llevar (y tararear) por las maneras neoclásicas y adictivas de canciones como “Black Star”, “Far Beyond The Sun” o la basada en en el Adagio de Albinioni “Icarus Dream Suite Op 4”. Las dos canciones cantadas –por un joven Jeff Scott Soto- aparte de memorables también apuntan la dirección neoclásica y metálico europea de su siguiente disco imprescindible. De los pocos discos (casi) instrumentales de corte metálico que merecen estar en una colección de discos que se precie.

YNGWIE J. MALMSTEEN ‘Marching Out’ (1985)

Por muy influyente y recomendable que sea su debut estaba claro que por el camino instrumental no iba a despuntar más allá de un nicho muy específico. Así que el camino que tocaba era el de banda convencional y con vocalista. El resultado es otro de esos discos imprescindibles de su era. Un Malmsteen en estado de gracia compositiva y respaldado por una banda y vocalista (Jeff Scott Soto) de alta gama pergeña un disco de corte épico y europeo donde las buenas canciones conviven en perfecta armonía con sus acrobacias a las seis cuerdas. “I’ll See The Light Tonight”, “Don’t Let It End”, la excelsa “I’m a Viking” o la frenética “Anguish And Fear” son clásicos de la historia del guitarrista y que ampliaron su abanico de público que empezó a contarse entre metalheads y guitarristas a partes iguales. Había encontrado la fórmula que le llevaría al Olimpo metálico durante una temporada, las piezas instrumentales iban a quedar como algo residual en sus discos excepto para proyectos muy concretos. Una fórmula que iba a explotar en su carrera hasta la extenuación.

YNGWIE J. MALMSTEEN ‘Odyssey’ (1988)

¡Cuánto bien le hizo a la música de Yngwie la entrada en su banda del ubicuo Joe Lynn Turner! Cuando parecía que su propuesta empezaba a estancarse, el ex vocalista de Rainbow le trajo una melodía y comercialidad casi inexistentes en sus discos. Sin duda “Odyssey” es uno de los discos más completos grabados por el guitarrista sueco, ya que combina lo mejor de dos mundos, el suyo propio y el de Turner. Siguen habiendo estampidas neoclásicas, de hecho la inicial ‘Rising Force’ es de las mejores canciones que ha escrito, veloz y metálica pero suavizada por la melódica y rasgada voz de Turner. Y la comercialidad también funciona, “Heaven Tonight” es un single AOR perfecto para su época, “Crystal Ball” o “Now Is The Time” son ganchos melódicos óptimos, que combinan a la perfección con andanadas marca de la casa tipo “Riot In The Dungeons” o “Faster Than The Speed Of Light”, pasadas por el tamiz Turner, por supuesto. Y también se perciben influencias del maestro Hendrix en el estilo de Malmsteen, algo inédito hasta el momento por mucho que el sueco se llenara la boca con el zurdo de Seattle. La única mácula en el conjunto es el intento de balada radio friendly que es “Dreaming (Tell Me)” por previsible y empalagosa. Una alianza en la que guitarrista y vocalista dieron lo mejor de si mismos, y que tuvo hasta su recompensa comercial, ya que es el disco de Yngwie Malmsteen que más alto ha llegado a las listas Billboard.

A partir de aquí Yngwie seguiría perseverando en su propio estilo (el eclecticismo nunca estuvo entre sus planes) publicando discos mejores y peores y ofreciendo recitales que no dejan de ser un culto a su propia persona (otra cosa nos decepcionaría), pero es en estos cuatro disco donde el prodigio sueco dio lo mejor de sí mismo y por los que las generaciones venideras le recordarán.

XAVI MARTÍNEZ

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