WOLVES IN THE THRONE ROOM: EL BLACK METAL Y LA INTROSPECCIÓN

Como fenómeno vivo y en constante cambio, el Black Metal no ha sido, ni siquiera desde su gestación, impermeable a corrientes y sonidos de lo más dispar, y, en muchos casos aparentemente antagónicos. Ya los mismísimos Emperor hicieron volar por los aires todas las premisas del estilo, al incorporar teclados y secciones a medio tiempo en sus temas, habiendo facturado trabajos tan imprescindibles para entender la evolución del género como ‘In The Nightside Eclipse’ o ‘Anthems To The Welkim At Dusk’.

Así pues, hemos sido igualmente testigos de cómo bandas totalmente integradas en el Black Metal noruego de mediados de los noventa, abrazaban sin rubor alguno la música electrónica o industrial como parte integral de su sonido. Ulver, por ejemplo, fueron capaces de grabar uno de los discos más crudos de la historia del Black Metal, el primitivo ‘Nattens Madrigal – Aate Hymne Til Ulven I Manden’, para tan solo un año más tarde, reinventarse con el inclasificable ‘Themes From William Blake’s -The Marriage Of Heaven And Hell’ y convertirse, a la postre, en un colectivo de música electrónica. Otro caso análogo es el de Dodheimsgard, que facturaron el brutal ‘Monumental Possession’, y tres años más tarde regresaron convertidos en un combo de Metal Industrial Avantgarde, con ‘666 International’.

El advenimiento del nuevo milenio ha supuesto una verdadera eclosión del Black Metal en todo el mundo, y ha contemplado la aparición de una miríada de bandas que han roto con cualquier tipo de cortapisa, prejuicio o frontera, a la hora de encarar sus respectivas carreras. El Ambient y el Shoegaze han entrado con fuerza en las, aparentemente impenetrables aguas del metal negro. Tenemos a Alcest, en Francia, o más recientemente a los mediáticos Zeal & The Ardor, por poner dos ejemplos claros. Ello ha coincidido con una suerte de “aceptación” del Black Metal como fenómeno novedoso por parte de, ya no del mainstream, sino de los denostados “hipsters”, Sí, damas y caballeros, estamos asistiendo a la “hipsterización” del Black Metal. Cómo si no, se entiende que un festival como el Primavera Sound lleve unos cuantos años incluyendo bandas como Mayhem, Watain, o Venom (¡¡!!) en sus carteles. Bandas a las que, no nos engañemos, el asistente standard al citado festival no se acercaría ni con un palo.

Esta corriente más introspectiva del género tiene como uno de sus máximos exponentes a la banda que ocupa estas líneas. Wolves In The Throne Room se fundaron en 2002 en la ciudad de Olympia (Washington) de la mano de los hermanos Weaver, Aaron (batería y guitarrista) y Nathan (guitarrista y cantante) únicos miembros constantes de la banda. Desde su gestación, el concepto de Wolves In The Throne Room se encuentra en las antípodas de lo que se espera de una banda de sus características. No hay corpse paint; no hay pseudónimos, y no hay mención alguna al satanismo. Por contra, la lírica de la banda se ciñe exclusivamente al Cosmos, la naturaleza y, más tangencialmente a la mitología, el misticismo o los rituales. De hecho, parece que los hermanos Weaver tienen verdadera obsesión por la destrucción del medio ambiente. Temáticas todas ellas, que entroncan a la perfección con las influencias Ambient o Shoegaze que pueblan su discografía.

No obstante, el debut discográfico de Wolves In The Throne Room, ‘Diadem Of 12 Stars’ (2006) está totalmente influido por Burzum, y, si bien comienzan a utilizarse pinceladas ambientales o voces femeninas (la primera parte de “Face In The Night Time Mirror” es un buen ejemplo de ello) lo que prima es un Black Metal gélido, como en la inicial “Queen Of Borrowed Light” o la segunda parte de “Face In The Night Time Mirror”. Otra constante en la obra de Wolves In The Throne Room es la longitud de sus temas. Muy pocas piezas bajan de los diez minutos, y algunas de ellas alcanzan o superan los veinte, como “(A Shimmering Radiance) Diadem Of 12 Stars”, que entronca, estilísticamente, con lo contenido en su siguiente larga duración: ‘Two Hunters’ (2007).

Este segundo trabajo supone los primeros pasos de la banda hacia la fusión de su sonido, como puede comprobarse, por ejemplo, en “Vastness And Sorrow”. La influencia de Burzum no desaparece, ni mucho menos, de la ecuación; y, paradójicamente, el tema más extenso del álbum, “I Will Lay Down My Bones Among The Rocks And Roots” es también el más próximo a la vena Black más tradicional.

Es a partir de este momento, cuando los hermanos Weaver (factotums de la banda a todos los efectos) expanden sus influencias y las regurgitan en dos de los mejores trabajos de Black Metal aparecidos en el nuevo siglo: ‘Black Cascade’ (2009) y ‘Celestial Lineage’ (2011). Apoyados por un sonido mucho más limpio, y completamente despojados de prejuicios, la banda firma alguna de sus mejores piezas, como las escalofriantes “Wonderer Above The Sea Of Fog” o “Ahrimanic Trance”. No deja de ser Black Metal, pero la evolución se abre paso de manera sibilina, y aparecen temas como “Thuja Magus Imperium”, con la preciosa voz de Jessika Kenney en primer término, o perturbadores interludios instrumentales como “Permanent Changes In Conciousness” o “Rainbow Illness”. Aunque la banda aún es capaz de hilvanar salvajadas como “Subterranean Initiation” o “Astral Blood”.

No por lógico, el siguiente paso en la carrera de Wolves In The Throne Room, deja de ser sorprendente. Efectivamente, en 2014, la banda se descuelga con la edición de ‘Celestite’, primer y único trabajo hasta el momento, totalmente Ambient. ‘Celestite’ es el disco de la discordia. Un valiente paso adelante para unos; una aberración para otros. Desde “Turning Ever Towards The Sun” hasta “Sleeping Golden Storm” no hay ni una pista de guitarra, y prácticamente estamos ante un disco instrumental. No deja de tener su atractivo, pero, en opinión de quien suscribe, el principal aliciente de esta banda está precisamente en la fusión de estilos, así que, si bien debe considerarse este ‘Celestite’ como un paso necesario, parece claro que no es este el camino a seguir.

Y la propia banda parece percatarse de ello, cuando aparece ‘ Thrice Woven’ en 2017, último trabajo hasta la fecha de la banda. En ‘Thrice Woven’ encontramos a unos Wolves In The Throne Room en su cénit creativo. Cómodamente asentados en su doble faceta de banda de Black Metal, pero con la música ambiental como segundo elemento más importante, la banda nos brinda su disco más variado; desde la descomunal “Born From The Serpent’s Eye”, con un bellísimo interludio a cargo de la cantante sueca Anna Von Hasswolff; pasando por rotundos medios tiempos como “The Old Ones Are With Us”, este ‘Thrice Woven’ es un auténtico festín de dramáticos riffs y voces descarnadas, alternados con momentos hipnóticos acústicos y ambientales.

El futuro de Wolves In The Throne Room aparece más brillante que nunca, al haber renunciado a cualquier obstáculo autoimpuesto, a la hora de experimentar con su sonido. Quién sabe si el próximo paso será un nuevo trabajo Ambient, o, por el contrario volverán un poco sobre sus pasos, a la crudeza de ‘Diadem Of 12 Stars’. Lo que está meridianamente claro es que esta banda ha alcanzado un status que le permitirá seguir expandiendo su sonido en futuros lanzamientos, que es precisamente lo que esperamos todos sus seguidores.

EDU A. CRIME

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