WATAIN (Razzmatazz 2, Barcelona 14/11/18)

La alquimia nuclear de Watain arrasó e incendió (en más de un sentido) la mediana de Razzmatazz, la pasada noche del miércoles. Por fin llegaba la gira de presentación de ‘Trident’s Wolf Eclipse’ a Barcelona. Y no; no se me olvida que Watain ya actuaron en la Ciudad Condal en junio de este año, como parte de la más reciento edición del Primavera Sound, pero padecieron un sonido tan espantoso, que me niego a tener ese concierto en consideración.

Con un triple cartel que se completaba con Rotting Christ, -auténticas leyendas de la escena extrema griega-, y el no menos legendario combo estadounidense Profanatica, la visita de Watain se saldó con afluencia de público bastante nutrida, si bien no se llegó al sold out.

Los encargados de romper el hielo fueron Profanatica, la seminal banda de Black Metal norteamericana liderada por el incombustible Paul Ledney. Lo ofrecido por Profanatica fueron treinta y cinco minutos del más impío y blasfemo Black Metal. Ataviados con sus vestiduras monacales y un sencillo “corpse paint”, el trío atacó todos y cada uno de los temas con una fiereza impresionante, y sin apenas descanso entre ellos. Así, andanadas trepidantes como la inicial “Ordened in Bile” o las frenéticas “Unto Us He Is Born” y “Mocked Scourged And Spit Upon” fueron disparadas sin piedad. Con un sonido más que aceptable, Profanatica no dieron cuartel durante su actuación, y comandados por la ultratumbesca voz de Ledney, hicieron gala de una tosca destreza (si se me permite esta suerte de oxímoron) en temas como “Conceived In Sin” o “Sickened By Holy Host”; dejando para el final las piezas más primigenias del combo como “Weeping In Heaven” o “I Arose”, que puso punto y final a su actuación. La noche no podía haber tenido un mejor comienzo.

La actuación de Rotting Christ fue harina de otro costal y, a la postre, resultaron ser la nota discordante de la velada. No cabe duda de los griegos son una auténtica institución en cuanto a metal extremo se refiere, si bien sus trabajos más recientes han llevado a la banda por sendas metalúrgicas más cercanas a la épica vikinga o al Power Metal más rancio. No puede decirse, ni mucho menos, que la banda ofreciera un mal show; se trata, sencillamente, de que los actuales Rotting Christ no tienen mucho de “extremo”, y ellos mismos parecen estar de acuerdo con esta apreciación, ya que el porcentaje de temas más antiguos interpretados fue bastante reducido. Comenzaron su actuación con la atmosférica “666”, de su álbum ‘Kata Ton Daimona Eaytoy’, que fue el más representado de la noche. El sonido mejoró notablemente, e insisto, la entrega y ejecución por parte de la banda fue indudable. Pero había algo que no terminaba de encajar. Piezas como “Apage Satana” o “Grandis Spiritus Diavolos” resultaban algo ramplonas, en contraste con “The Sign Of Evil Existence”, única concesión a su primer trabajo “Thy Mighty Contract”. Lo más destacable del show, junto con la versión de Thou Art Lord, “Societas Satanas”. En resumen, una actuación que, sin ser deficiente, habría sido mejor recibida en otro entorno.

Y llegó el turno de Watain. Voy a decirlo ya: amigos, el concierto de Watain fue uno de los mejores shows de metal extremo que quien suscribe ha presenciado en los últimos años. Los de Erik Danielsson pasaron como una bola de fuego sobre las tablas y ofrecieron una actuación absolutamente magistral. Arropados por un sonido nítido, Watain tomaron por asalto el escenario con una imparable “Storm Of The Antichrist”. Un escenario que presentaba el aspecto habitual en un show de los suecos: tridentes, cruces invertidas, y fuego, mucho fuego. Ataviados con sus harapientos pero espectrales ropajes, y la banda en su totalidad fue un auténtico vendaval. Se movían incansablemente por el escenario, transmitiendo en todo momento una energía furibunda. A continuación una vitriólica “Nuclear Alchemy”, de su soberbio último álbum, ‘Trident’s Wolf Eclipse’ puso de forma definitiva las cosas en su sitio. Watain no iban a dejar títere con cabeza. Danielsson comandaba el escenario de una forma tan eficaz como austera, y estuvo intratable con su voz. La única concesión a su anterior, y controvertido trabajo, ‘The Wild Hunt” llegó de la mano de “The Child Must Die”, que no desentonó en absoluto al lado de salvajadas como “Puzzles Ov Flesh” o “Furor Diabolicus”. La escenografía se vio aumentada con la colocación del cuerpo de una paloma sobre una de las llamas, para que ardiera lentamente; lo más cerca que hemos estado de aspirar los humos del infierno. El recital continuó a todo tren con selecciones tan impetuosas como “Sacred Damnation” o una antológica “Malfeitor”. No debe extrañarle a nadie que Watain permanezcan tan solo setenta minutos largos sobre las tablas. El nivel de energía de la banda durante sus actuaciones es tan constante como frenético, y, condensado en una duración adecuada, resulta mucho más eficaz. Así pues, enfilamos la recta final del concierto con una tripleta incontestable en forma de “Towards The Sanctuary”, una letal “Sworn To The Dark” y “The Serpent’s Chalice”, tras las cuales se retiraron del escenario, a excepción de Danielsson, que se encargó de apagar todas las llamas que aún permanecían encendidas, en una suerte de ritual. No hubo más. Ni bises, ni excesivos aspavientos de agradecimiento. Watain ya habían conseguido lo que pretendían: dejar a la audiencia completamente a sus pies, jurando lealtad a la oscuridad.

EDU A. CRIME

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