U2: LOS REDACTORES OPINAN

En una semana, concretamente el 18 de julio, los irlandeses U2 visitarán nuestro país en la celebrada gira de treinta aniversario de su referencial ‘The Joshua Tree’. Levantando tanta animadversión como encendidas pasiones, la banda liderada por el omnipresente Bono jamás dejará de estar en boca de todos. Que no es poco. Desde ROCK ON, un puñado de redactores les dedicamos unas líneas, tanto a favor como en contra. El debate, como siempre, está abierto.

*U2, con el debido respeto

Nadie lo hubiera dicho en 1987, cuando los irlandeses estaban en la cima del mundo. Y es que en la actualidad, a veces da la sensación de que uno casi tenga que pedir perdón por dedicarle unas buenas palabras a esta banda. ¿Acaso ya nadie recuerda lo enormes que fueron en el pasado, o es que se ha puesto de moda cargar contra ellos, y especialmente contra su líder? Desconozco el motivo exacto pero, dejando de lado los gustos de cada uno, pienso que el legado que dejaron en los ochenta y los primeros noventa, y su importancia en la música popular de aquellos años, son motivos de sobra para que, como mínimo, sean respetados eternamente. Sí, la actual actitud mesiánica y pedante de su hoy en día odiado líder seguro que ha tenido bastante culpa, pero, sinceramente, no creo que esa sea una razón de peso para olvidar un pasado especialmente brillante. A demás, pienso que es justo reconocer que hay y ha habido otros personajes con un comportamiento y una actitud similar y, sin embargo, no se han llevado tantos palos. Por otro lado, también es cierto que sus discos hace años que no sorprenden ni emocionan como antaño, pero lo mismo les pasa a otras leyendas como Aerosmith, Bruce Springsteen, AC/DC o The Rolling Stones (por poner sólo algunos ejemplos) y en cambio a estas –por lo general- se les sigue respetando. Es evidente que su acomodamiento y falta de hambre les ha pasado factura, y eso hace tiempo que se aprecia en sus trabajos discográficos; hablamos de discos dirigidos a las masas y compuestos por unos multimillonarios músicos con ya una edad, y que ya no aspiran a nada;  pero aún así, sería injusto negar que todos esos álbumes, incluso los menos inspirados, tienen sus buenos momentos. Y es que para mí es algo tan obvio, que hasta se me hace un poco extraño a estas alturas reivindicar que hubo un tiempo en que Bono fue un excelente compositor de canciones y un gran frontman, y The Edge uno de los guitarristas más imaginativos e influyentes de su época. También de que ‘Boy’ fue un debut cojonudo, y de que ‘October’, considerado su patito feo, en realidad no es tan feo; de lo maravillosas que fueron -y siempre serán- obras como ‘War’ o ‘The Unforgettable Fire’, de que ‘Under a Blood Red Sky’ es un directo aplastante, y ‘The Joshua Tree’ uno de los mejores discos de todos los tiempos; de que ‘Rattle and Hum’ contiene  algunas de sus mejores canciones o de que el genial y rompedor ‘Achtung Baby’ sigue sonando hoy tan moderno y atrevido como en su día; aunque sean discos que hace tiempo que, como mucho, recupero una vez al año. Sí, no me duelen prendas al decir que, por todo eso y a pesar de lo otro, siempre serán una de las bandas de mi vida.

JUANVI PEDRO GILABERT

*Veinticinco años de retiro pagado

Es curioso, pero creo que U2 debe ser la única banda de la historia que sigue en activo veinticinco años después de haberse retirado. Porque al menos así es como yo veo ‘Achtung Baby’, publicado en 1991. Su último disco grande. Los últimos restos de una banda que pudo reinar y se quedó en la nada. En la más absoluta nada. El desierto discográfico que se extiende tras esa grabación es inmenso. Y eso que yo era de los que los defendía como una alternativa europea a los grupos que venían de los States. De hecho, ‘Rattle & Hum’, disco habitualmente denostado, a mí me parece un gran álbum. Diría que casi es mi favorito. Habrá que contradecir aquella afirmación preysleriana y aceptar que esta vez sí, cincuenta millones de fans pueden estar equivocados, al menos si sus razones para asistir a los conciertos de Bono y compañía son la música. Claro, si lo hacen como espectáculo circense, la cosa ya mejora. Luces, efectos especiales, humo…Eso es lo que ahora vende U2. Y lo mejor de todo es que se lo compran, así que chapeau para ellos. Pueden seguir haciéndolo que yo no les criticaré por ello pero… por favor, no me pidan que me los tome en serio. En el siglo XXI, no.

EDU IZQUIERDO

*Haters gonna hate

Axl Rose. Lars Ulrich. Dave Grohl. Gene Simmons. Ted Nugent. Anthony Kiedis. Los Gallagher. El menda de Coldplay. Bono… ¡Bono! ¡El maldito Bono, joder! Su apodo podría estar tranquilamente en el top 3 de la lista de ‘músicos a los que da gusto odiar’, y es que la cosa trata de levantar pasiones, ya sea para adorarle como el frívolo dios entre mortales que es o despreciar cada una de sus acciones a pies juntillas. Odiar es tan sencillo y, a la vez, tan gratificante, que en el fondo tanto él como los charlatanes anteriormente citados nos están haciendo un auténtico favor desde hace años. Que U2 llevan largo tiempo -¿décadas?- siendo musicalmente irrelevantes es algo que ni siquiera los fans más talibanes pueden rebatir (o igual sí… allá ellos), pero rajar automáticamente de una banda con una trayectoria y, especialmente, una progresión tan coherente, simplemente por el hecho de que su líder es un bocazas egomaníaco y su guitarrista tiene una malsana obsesión por los pedales que ni Induráin, media un abismo. Decenas de míticos artistas llevan el mismo tiempo confeccionando obras puramente derivativas y/o sin chicha y ni cristo se echa a su cuello exigiendo explicaciones por la ofensa causada. ¿Cuál es la diferencia, entonces? Probablemente, que Bono sea una attention whore con un mensaje tan ridículo como contradictorio, con la sacrosanta misión de ganar algún día el Nobel de la Paz (si Dylan tiene el de Literatura, él debe olerse que el suyo anda cerca)… ¿Algún problema con ello? Parece ser que sí, pero -personalmente- no podría agradecerle más al irlandés de perenne mueca en la cara que mantenga su explosivo personaje presente y con ganas de caña. Muy lejos quedan los tiempos en los que ejercía de esperanzado santurrón con principios beligerantes; cuando el colosal ‘Achtung Baby’ vio la luz y Bono se sacó de la manga su refrescante nuevo look enfundado en cuero y -todavía mejor- la deliciosa abominación de su alter-ego MacPhisto, aquello ganó muchos puntos, aunque muchos se sintieran ofendidos por tamaña herejía. Amigos, eso es lo que se supone que ha de hacer una verdadera estrella del rock: provocar, remover, ser venerado como una deidad con gafas de sol, convertirse en el objetivo de todos los desdenes, que hagan peregrinaciones en tu honor a Dublín y que se caguen en ti cuando saques un single barato dedicado -por los pelos- a Joey Ramone. Todo vale para mantener viva la llama: si en términos meramente artísticos ya gastaste todos los cartuchos, el teatro y la pirotecnia es algo que siempre se agradece, especialmente en unos tiempos como los que nos están tocando vivir. Al igual que la humanidad ha requerido monstruos para vencer sus miedos, la figura del icono excesivo (por activa y por pasiva) es también una necesidad de primer orden. Disfruten de sus boutades de excéntrico compromiso social, ódienle o ámenle… o ambas cosas a la vez; porque cuando Bono deje de estar entre nosotros y ascienda a los cielos, le echaremos de menos. Eso seguro.

ALBERTO DIAZ

*Hasta en la sopa.

Definitivamente no soy un fan de U2. No es que me provoquen arcadas o tenga que salir corriendo si por casualidad me encuentro que esté sonando un tema suyo. Simplemente no conecto, me quedo frío, no siento nada. No hay que dar demasiadas explicaciones, cuando la banda empezó a triunfar a nivel mundial y prácticamente no pasaba un día sin que te toparas con alguna melodía suya, servidor estaba totalmente metido en su proceso de metalización, en su vertiente más radical. Candlemass, Kreator y DRI formaban parte de mi dieta diaria y no acababa de entender qué acababa de ver el resto del mundo en esa banda tan falta de energía, sosa y blanducha. Menos entendí cuando en cierta revista dedicada a guitarristas vi un artículo dedicado a The Edge, en el que se alababa su creatividad y “destreza”. Y para colmo, sobre todo en los noventa, tuvimos que ver a Bono hasta en la sopa, liderando no sé qué causas o haciendo de portavoz de otras tantas. Pero el tiempo, habitualmente, acaba poniendo todo en su sitio y en la actualidad les puedo reconocer cierto mérito como compositores de temas redondos que, quieras o no, se instalan en el fondo de tu mente de no-fan y ahí se quedan sin problemas. Porque no dejó de sorprenderme cuando, hará unos tres años, pude ver la actuación de una banda tributo y supe reconer la mayoría de los temas, aunque soy incapaz de recordar sus nombres y mucho menos situarlos en un disco en concreto. Pero quizás el dato más significativo se dio el año pasado, cuando -por motivos laborales- tuve que presenciar gran parte de un concierto de Coldplay. Fue entonces cuando apareció la frase en mi cabeza y se fue repitiendo como un mantra, quizás para ayudarme a sobrevivir al desastre que estaba presenciando: “Son como U2, pero más sosos y sin pelotas“, me decía una y otra vez. Y que me parta un rayo si alguna vez consigo encontrarle alguna virtud musical a Coldplay, pero esa noche me hicieron echar de menos Bono y compañía.

YURI VARGAS

*Soy fan de U2, ¡arréstenme!

A ver cómo me sale esto… Amigo lector: si le digo que tengo toda la discografía completa de U2 en casa (del primero al último álbum) y que siempre los he visto en su paso por la ciudad condal, ¿qué pensarán? ¡Este tío es un fan o no tiene ni idea de música! Piensen lo que su intelecto les permita, lo respetaré. ¿Qué es un fan? ¿Un histérico subjetivo que no ve más allá de sus narices? Probablemente; pero puedo ser objetivo y veo más allá de mi nariz. Después de ‘Achtung Baby’, nada de nada. ¿Qué soy entonces? Probablemente un carroza. Y un estúpido por haberme gastado el dinero en álbumes posteriores que son flojos, pero donde siempre encuentro algún tema suelto que me agrada. Algunos se aferran al pasado pensando que tiempos mejores volverán. Y por eso sigo asistiendo a sus shows, para recuperar una juventud que sé que no volverá. De los conciertos vistos “mis momentos” siempre giran en torno a los discos clásicos del grupo. Ahí es donde radica la esencia de mi presencia al evento con los “Where the streets..”, los “Bad”, los “Sunday Bloody Sunday”, el “One”, “Desire”, etcétera.  Sólo salvo la gira de ‘Acthung Baby’, ‘All That You Can Leave Behind’ y del último disco ‘Songs of Innocence’. Es en aquél momento, cuando cato de nuevo esas canciones del pasado cuando vuelvo a ser un chaval que ahorra para comprarse una moto, tiene sus primeros pinitos y fracasos amorosos y se hace preguntas existenciales (todavía sin respuesta). En eso radica la grandeza de la música. Te teletransporta cual máquina del tiempo. Mi disco favorito es ‘Rattle and Hum’. Aguanta el paso del tiempo como un tiro. Es a todas luces un trabajo magnífico. Luego, en mi lista, viene otro disco redondo ‘The Joshua Tree’ (motivo por el cual cuando escribo esto ya dispongo de mi ticket, pues se interpretará de un tirón) y, claro, ‘Achtung Baby’. Yo no los abandoné con ese disco. Nada más lejos de la realidad. Me rendí a la horterada, a las gafas de mosca y a los coches Trabant. Pienso, y no me esconderé, que ese álbum sigue sonando cojonudamente bien. En eso radica, pienso, la grandeza de una discografía. Si los discos aguantan, o no, el paso del tiempo. Y todo lo que viene después de esos tres discos, léase ‘Zooropa’, ‘Pop’ y demás, no son trabajos que lo hagan. Sólo destacaré el tema “Kite” de ‘All That You Can Leave Behind’ que me parece el mejor tema de la banda desde 1992. Además, U2 cometieron una torpeza y un dislate totémico que creo no tiene parangón en la historia del showbiz: pasaron de ser imitados a imitar. Coldplay querían ser U2 y lo que luego ha ocurrido es que U2 han imitado a Coldplay. ¡Horreur! Hablar de Bono, de su cansino papel de salvador del mundo mientras sus réditos se salvaguardan en paraísos fiscales, no toca. Sólo pretendo escribir sobre música. Y tampoco pasa nada por escribir que ninguno de los cuatro miembros son buenos músicos, ¿verdad? (¿Qué hacía The Edge en ese film-documental entre Jimmy Page y Jack White?). Y para no aburrirles más les diré que en la vida hay sitio para todo. No todo tiene que ser arte y ensayo.

JORDI SANCHEZ

*Signo de los tiempos.
Estamos a 2017 y U2 son, posiblemente, la banda de rock más grande del planeta. Bono, el de las gafas. The Edge, el del gorro. Y los otros dos, que supongo que conducen. Los irlandeses han dado con la clave y han conseguido rendir al mundo a sus pies, y llevan unos buenos años tirándose a los excesos de ingenio. Escenarios de otro mundo y despliegues tecnológicos como para invadir un país pequeño para presentar un álbum que lanzó a miles de usuarios de iPhone a consultar en Google cómo deshacerse de un disco gratis. Los delirios oenegésticos de Bono, que puede ver el fondo de tu alma y averiguar si has reciclado, han empujado al borde de la parodia a un grupo que, como tantos otros, tiene todo el derecho del mundo a vivir de las rentas que tan merecidamente ganaron en su día. Y ahí están. Porque, a día de hoy, hay algo que U2 siguen aportando más y mejor que nadie en el mundo del rock: público. Desde fanáticos que pegarían a la profesora de su hijo por decirle que detrás del tres no va el catorce a unos cuantos miles de tipos que aparecen allí empujados por un impulso incontrolable; el mismo impulso que los acaba llevando a ver a AC/DC o Madonna. Cuando otros grandes de los ochenta se dan en un canto en los dientes si pueden descargar su repertorio en una sala de tamaño mediano, U2 se alzan como un monolito reuniendo a cientos de miles de personas que no saben si Bono va a interrumpir el concierto para molestar por Skype a un puto astronauta o si le va a dar por pintar un membrillo. Ni te molestes en preguntar en la puerta de un concierto quién los conocía antes que sonaran en ‘Tomb Raider’ porque todo da ya igual. Va a pasar. Van a ir. Hay que ir. Vivimos tiempos raros y U2 ya no necesitan nada: Ser grandes es lo que les hace grandes. Se han pasado el juego, y ha sido con nuestras monedas. Estamos a 2017 y U2 no es la gran banda de rock que necesitamos. Pero es la que nos merecemos.

ISAAC MORA

*Veredicto del juicio a U2

Escuchadas las partes en referencia a las acusaciones vertidas sobre U2 de ser un grupo ya caduco y que merecería retirarse (con vacaciones pagadas en la prisión de Guantánamo), este juez dispone lo siguiente:

  • Que U2 lograron tener una gran personalidad y una discografía sólida entre el período 1980-1991.
  • Que Bono, a pesar de su mesianismo impostado, ha tenido y sigue teniendo una voz de dos pares.
  • Que The Edge, aunque a veces con su traca-traca con la guitarra plagia el pinkfloydiano tema “Run Like Hell”, aguanta bien el armazón de las canciones.
  • Que Larry Mullen, a pesar de no ser el batería favorito de nadie y su eterna cara-palo (quítese la escoba del ojete y sonreirá aliviado), es muy fan de Elvis, y ya por eso resulta simpático.
  • Que Adam Clayton, ídem de ídem con su bajo, pero tiene actitud rockera-fiestera (y espero que se recupere rápido de otra de sus míticas cogorzas).
  • Que a pesar de su discografía súper-ultra-mega floja desde 1993, y con atentados sonoros como “Discothèque”, se montan unas giras de toma pan y moja y siguen teniendo presencia escénica.

Por lo tanto, declaro a U2 INOCENTES, en una muestra más de mi imparcialidad (y sin tener en cuenta la simpática cantidad que alguien de su entorno ha tenido a bien ingresar en mi cuenta en Suiza). Ahora, que los acusados se acerquen al estrado para unas fotos y unas firmitas para mis hijas…

JORDI PLANAS

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