RECORDANDO A LEMMY

Ya ha pasado casi un mes desde la desaparición (para nosotros sólo física) del irrepetible Ian ‘Lemmy’ Kilmister. Con él se fueron demasiadas cosas, ya que el líder de Motörhead no sólo era un músico, sino un referente de la más pura actitud vital del Rock & Roll. Así que en ROCK ON MAGAZINE hemos decidido rendirle un sencillo, pero creemos que emotivo, homenaje por parte de algunos de los que confeccionamos este magazine virtual. No todos los que le rinden tributo a Lemmy son fans irreductible de Motörhead: aquí encontraréis a gente que simplemente le rinden tributo por representar al Rock con su figura y actitud. Pone la guinda al pastel el privilegiado Luís Lecumberry, que tuvo el placer de inmortalizar al viejo canalla con su siempre eficaz objetivo. Hasta siempre, viejo amigo: nunca te olvidaremos.

Xavi Martínez, Josep Mª Llovera, Justo Conde, Juanvi Pedro Gilabert, Samuel Guilera, Manel Celeiro, Edu A. Crime, Steven Munar, Yuri Vargas, Luís Lecumberry.

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Aunque se viera venir, uno nunca está preparado para una noticia así. Lemmy ha muerto; tres palabras que abarcan lo inabarcable. Desde que me picó el veneno del rock & roll, él siempre ha estado ahí, no sólo publicando discos y viniendo de gira con Motörhead, sino como eterno guía espiritual. El viejo Ian Kilmister se las pintaba solo para enseñarle a uno que la pasión por el rock no tenía por qué decrecer con la edad, que ser diferente molaba en una época en que el rock & roll no había desembarcado en los centros comerciales y que no había porqué dar el brazo a torcer siempre en esta vida. Lemmy me enseñó que el rock & roll podía ser un modo de vida sin perder mi identidad y esas enseñanzas sólo están a la altura de los más grandes. Por eso, con el deceso del viejo truhan no sólo desaparece una banda imprescindible (Motörhead, por supuesto), sino una forma de entender el rock & roll y la vida que ya no existe en las nuevas generaciones de músicos. El mundo es mucho menos genuino sin ti. Y no, no me importa decir que alguna lagrimilla se me ha escapado. Love you forever, Lemmy! XM

Descubrí a Lemmy al poner en el tocadiscos el ‘No Sleep Till Hammersmith’. Rock And Roll duro y directo. Fueron pasando los años, los discos y los directos y Lemmy prevalecía, tanto en discografía como en presencia. Es y seguirá siendo el referente del rock más directo y contundente. Muchos nos preguntábamos como alguien con ese ritmo de vida podía sobrevivir. El anuncio de su muerte, no por esperado, es menos doloroso. Lemmy es un superviviente, y digo ES, porque ya se convirtió en leyenda en vida y su leyenda trascenderá a su muerte. El tipo escogió el camino que le gusto y se entregó en recorrerlo con paso firme, en llenarlo, y darle un nombre y un carácter… y lo recorrió hasta el final, con actitud. Quizás esa es la palabra que lo define: actitud. Quizás él es quien define la actitud en el Rock. Fue lo que quiso ser hasta el último de sus días y por ello todo el mundo del Rock lo respeta. ¡Un jefe! No voy a ser menos. Larga vida al Rey. JMLL

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No debería escribir estas líneas, ya que no conozco la obra de Lemmy, pero salto al ruedo para loar la vida de un hombre que se entregó a la música en cuerpo y alma hasta que su cuerpo dijo basta. Y lo hago porque sé que su alma vagará, como la de Elvis, allá donde haya alguien escuchando, bailando o tocando Rock and Roll. Estoy seguro de ello. Creo que cuando una banda camina sobre esa fina línea que separa un montón de estilos dentro del Rock y los más fieles seguidores de esos estilos la reclaman para sí como estandarte de su forma de entender la música, es que esa banda está por encima de estilos y clichés, aunque muchos disfruten encasillando y etiquetando. Sin conocer la obra de Lemmy ni escuchar Motorhead os puedo asegurar que un tipo que aguanta el tipo cuarenta años defendiendo su banda y su forma de hacer música en un escenario es, para mí, un héroe y, como tal, merece mi respeto. “Somos Motorhead y hacemos Rock and Roll”: lo primero lo sé; lo segundo, lo dudo, pero lo acepto. Brindo por Lemmy y sus seguidores. Salud. Postdata: “WhoreHouse Blues” me encanta. JC

El rock and roll está de luto. Ese día que sabíamos que llegaría pero que nunca quieres hacerte a la idea, ha llegado. Al igual que cuando les llegó a todos aquellos por los que Barón Rojo doblaban sus campanas, y algún día también les llegará a todos los que tenéis en mente. Así es la vida, amigos: nuestros héroes son también de carne y hueso, aunque no lo parezca, y no nos queda otra que aceptarlo. Pero qué vacío está quedando esto… ¿verdad? Lemmy era toda una leyenda viva, al igual que lo es Keith Richards o Paul McCartney. Vivió como quiso, y murió con las botas puestas, rockeando hasta el final. Todo un ejemplo de integridad y actitud. Y su espectacular trayectoria es incontestable, habla por sí sola. Pude ver a Lemmy tres veces al frente de la banda de su vida, y nunca salí decepcionado. Recuerdo perfectamente la primera vez que le vi en directo; por esa época, sólo conocía algunos temas de Motörhead, pero eran una banda legendaria y actuaban en Valencia, así que no podía perdérmelo. Desde luego que acerté acudiendo a ese show, aquella banda atronaba, nunca había tenido a una banda tan potente delante de mis narices, ¡Cuánta intensidad! Y ahí estaba Lemmy, con su imponente imagen y carisma, aporreando su bajo y dejándose la garganta sobre aquel micro que estaba situado un palmo por encima de su cabeza. Nunca lo olvidaré. Ahora mismo suena “Bomber” a todo trapo en mi reproductor, y esa es la mejor forma de recordar al gran forajido del rock and roll. Allá donde esté, seguro que se está tomando un buen Jack Daniel’s y escuchando a sus adorados The Beatles. Gracias por todo, y hasta siempre, maestro. JPG

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Vaya la verdad por delante: ni me considero fan de Motörhead ni Lemmy está en las primeras posiciones de mi panteón de héroes musicales particular. No presté especial atención a su música hasta que compré de una tacada sus tres/cuatro primeros discos remasterizados (alguno todavía conserva el celofán) y, es más, llegué a desarrollar cierta tirria -extensiva a Ramones- hacia la banda por el exagerado reconocimiento que recibió la banda en los último años, especialmente entre el enemigo (llámese hipsters, posers o responsables de marketing de Inditex). Sin embargo, uno no es necio: Lemmy era el Rock N’ Roll personificado y la importancia de su figura es incuestionable. Además, de una manera u otra, siempre estuvo allí. Primeros recuerdos: su aparición en “Decline of Western Civilization II” -imponente, padrino del metal, con L.A. recortada a sus espaldas- o una desternillante entrevista en un pub publicada en Kerrang o Metal Hammer a principios de los noventa, cuyo objetivo era probar y evaluar TODAS las cervezas del garito. Mi hermano -impactado por el clip protagonizado por el homenajeado, Ice-T y Whitfield Crane- intentaría convencer a su boy band sobre la conveniencia de coreografiar “Born to Raise Hell” para el festival de fin de curso de 5º de EGB; no hubo consenso. Fast forward: 26 de octubre de 2003, sala Razzmatazz a medio aforo, con Motörhead asesinando mis tímpanos -parece ser cierto aquello de que sus columnas de bafles, al contario del 99% de bandas, no son de adorno- y yo, en el fondo, estoy allí para impresionar a esa metal queen que me traía por la calle de la amargura. Pero, un momento, ¿cómo se las apaña ese forajido para que su bajo suene como una guitarra? Y lo más importante: como molan esas camperas blancas -con los pantalones por dentro, como marcan los cánones-. Axl abandonó ese look en 1989. Otra irrefutable prueba de la atemporalidad de Lemmy. SG

En el documental sobre la banda ‘Live Fast Die Old’ el finado Kilmister sentencia, tras una conversación sobre drogas que parece molestarle al traerle recuerdos amargos, que lo más importante en esta vida es el sentido del humor. Puede parecer una boutade, una declaración más de cara a la galería, pero en mi opinión no es así. Define su personalidad y su manera de vivir con una claridad aplastante. El sentido del humor te mantiene despierto, te hace afrontar la existencia con la distancia y la relatividad que esta requiere y te hace salir indemne, mental y moralmente, de más de una situación. Y es que Lemmy hubiera vivido la vida de la misma manera si en lugar de músico de rock hubiera sido empleado de gasolinera, mecánico o lampista. Honestidad, en el mismo documental dice que le gustaría ser recordado como un hombre honesto, coherencia, integridad, respeto para su familia y para sus amigos. No hay más que ver la reacción provocada por su muerte para ver que la gente lo quería, lo quería de verdad, y eso, amigos, es bastante más relevante que su inmenso legado musical. Un rara avis en esto del rocanrol, un tipo atento al mundo que lo rodeaba más allá del escenario y el autobús de gira, capaz de meterse con total conocimiento de causa con la política española y Aznar en una entrevista, y que nunca dejó que su personaje lo devorara. No recuerdo exactamente donde lo vi, si en algún programa de cuando la MTV molaba, en algún documental de Metallica o en aquellas cintas de VHS que Kerrang o Metal Hammer sacaban al mercado, pero nunca olvidaré las caras de emoción de unos imberbes Lars Ulrich y James Hetfield saltando como un resorte y respondiendo “Motörhead!!!” cuando les preguntan por el motivo de la formación de la banda. O la manera en que Dave Grohl (Nirvana, Foo Fighters) le mira mientras comparten conversación en el film dedicado al bajista y vocalista de la cabeza de motor. Detalles e impresiones, podríamos enumerar cientos, que te dejan la sensación, sin conocerlo personalmente a fondo, de que era una persona que se vestía por los pies. Alguien a quien la gente quería. Lo has conseguido rocker, la gente te recordará, te recordaremos, como un hombre honesto. MC

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La primera vez que escuché a Motörhead… me parecieron una basura. Es la pura verdad. Con catorce años, ese sonido sucio y desenfrenado y esa voz callazosa me resultaban bastante insoportables. No fue hasta que escuché por primera vez “Killed By Death”, cuando el veneno de esos forajidos se introdujo en mi organismo para siempre. Desde entonces, Motörhead han formado parte de mi dieta musical habitual. Y ese patilludo (ese maldito patilludo) se convirtió en una especie de colega en la distancia. Alguien al que tienes un aprecio especial, a pesar de no haberle conocido. Lemmy era el último de una estirpe. La honestidad e integridad artística personificada. Lemmy siempre había estado ahí. Siempre. Y es extremadamente duro hacerse a la idea de que ya no está. De que ya no podrá decir esas frases lapidarias. Y de que ya no habrá más Motörhead. Ahora mismo, para mí no existe consuelo. No me sirve su legado discográfico. No me sirve que él querría que celebrásemos su existencia. Lemmy se ha ido. Y duele. Duele mucho. EAC

Ya han pasado unos cuantos días desde que Lemmy nos dejara y la verdad es que uno tiene que hacer un esfuerzo notable para asimilar que el hombre del Rickenbaker y la voz rasposa no volverá a volarnos la cabeza desde un escenario. Nunca más. Sí lo hará desde su legado discográfico, pero vamos a ver cómo lo hacemos sin que nos invada una sensación de pérdida irreparable. Un momento: ¿Motörhead, una banda inspiradora de nostalgia? ¡Espero que no! Pues Lemmy (y sus sicarios) nunca dejó de estar al pie del cañón, de una forma o de otra. Soy lo bastante viejo como para recordar esa época en que Motörhead eran considerados como la “peor banda del mundo” por la prensa británica. No me extraña ¡el mundo no estaba preparado para ellos! Durante un tiempo Motörhead era “el” grupo bestiajo que siempre ponías para molestar a los moñas. En esa época de romanticismo rockero y de desinformación, nadie entendía cómo un bajo podía sonar así o cómo un ser humano podía aguantar la maratón de hostias y doble bombo de “Overkill”, versión “No sleep ‘til Hammersmith”. Les vi por primera vez a finales de los 80 con Girlschool y Destruction, y luego ya perdí la cuenta. Incluso tuve la (extraña) ocasión de verles ofrecer un concierto nefasto, que acabó con la invasión del escenario y la consiguiente destrucción del backline por parte de un soliviantado público que no encajó bien que sólo tocaran una hora y de forma sorprendentemente desganada para ser quienes eran. Sí, en Zeleste y con Terrorvision de teloneros. Pero, a pesar de todos los altibajos, Lemmy siempre mantuvo su prestigio intacto. Sólo tuvo que ser fiel a lo que era y representaba. Lo suyo era el rock and roll -¡nunca el heavy metal!- y así lo hizo saber a todo el que le quiso escuchar. No recuerdo en qué momento empezó su decadencia física, pero sí que fue de golpe. Pero siguió a lo suyo, haciendo lo que mejor sabía hacer. Con una persistencia tal, que la Parca por poco le pilla sobre el escenario, como había anunciado en más de una ocasión. Lemmy es de aquella raza de músicos que está en vías de extinción. De aquellos que dejan un agujero imposible de llenar, tal y como hicieron Phil Lynott, Bon Scott o Ronnie James Dio. ¿El final de una era? Por supuesto. Pero la vida sigue, y con ella el rock and roll. No seré yo el que diga a las nuevas generaciones de músicos cómo tienen que hacer las cosas, pero si alguien tuviera alguna duda, no tendremos más que recordarles la figura de Kilmister y muchas de las preguntas quedarán resueltas. A más ver, maestro. YV

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Lemmy era uno de esos tipos que te caen bien, como todos aquellos personajes que se entregan a una vida superlativa de excesos y que parecen estar por encima del bien y del mal. Como alguien dijo por las redes, lo increíble no es que muriera a los setenta, si no que no lo hiciera en los setenta. Dotado de un gran y británico sentido del humor es autor de frases célebres tipo: «Nunca me he acostado con una mujer fea, pero sí que me he levantado con unas cuantas» o “Con las drogas que he tomado, es demasiado tarde para buscar a Dios” y demás perlas. A nivel musical lo que más me une con Mr. Kilmister es su pasión por los Beatles, porque sinceramente nunca he prestado mucha atención a su potentísima discografía. Tal vez el disco que más haya escuchado es su brutal directo con Motörhead “No sleep till Hammersmith”, gracias a la insistencia de algún amigo y donde pude constatar su sello personal e intransferible en el rock, lo cual es muchísimo. Respect. SM

Lemmy era un dinosaurio. No por su edad, sino por lo que representaba. Lemmy ERA el rock and roll en estado puro. Sobrevivía en un negocio de la música que no tiene nada que ver con la música, que no lo comprendía, que lo marginaba al ostracismo comercial pero lo enaltecía de manera velada como ícono de tres generaciones de músicos que lo sucedieron. Lemmy era un trabajador. Grababa un disco por año, para poder salir de gira. Lo suyo era el día a día y le funcionaba.Lemmy no se merecía este final, aunque lo eligió. Quiso morirse sobre el escenario. Literalmente o no. El público, con su habitual morbo necrófago quiso verlo. En cada show anunciado se hacían apuestas “a ver si llega a este o no”. Empujándolo de alguna manera al abismo. Una actitud horrible hacia alguien que decimos querer, pero somos así. El público es parte, creación, o consecuencia del negocio al que hacía referencia mas arriba. La prensa (generalista y musical), después de ningunearlo durante décadas, quizo volver a carroñar su parte poniendo al personaje en el candelero tras el éxito del documental ‘Lemmy, the movie’, sin prestarle demasiada atención a su música. Como siempre.Nadie es inocente, pero dejemos de mirarnos el ombligo y empecemos a cuidar a nuestros ídolos. Para nuestra autoindulgencia, queda su legado de speed y bourbon plasmado en sus discos. Pero no nos equivoquemos; por mas rockeros que digamos ser, Lemmy se mearía en nuestra cara, una vez más, sin importarle nada. Se fue el último de una estirpe maldita e irrepetible, igual que el día que desapareció el últmo dinosaurio. Solo queda poner todos los Marshall a 10 y decir: ‘Goodbye Lemmy’. LL

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