THE BLACK CROWES: ¿LA ÚLTIMA GRAN BANDA AMERICANA? (I)

Este sábado en Barcelona tendrá lugar un evento donde The Grassland Sinners interpretarán al completo el celebrado ‘The Southern Harmony And The Musical Companion’ de The Black Crowes. Ahora mismo la banda de los hermanos Robinson parece ser un recuerdo del pasado, pero el culto a su figura da la impresión de que se ha elevado a niveles insospechados. Pero ¿es merecida esta devoción?, ¿son The Black Crowes una de las bandas de música americana por excelencia?, o ¿son simplemente una buena banda que supo estar en el momento adecuado y en el lugar adecuado? Para variar en esta casa tenemos las dos opiniones. Vamos ahora con alguien que cree que The Black Crowes es el último gran tesoro de una rica tradición americana.

REGENERADORES DE LA MÚSICA DE RAÍCES AMERICANA (A FAVOR)

Razones a favor de considerar a The Black Crowes uno de los mejores grupos del rock norteamericano? Pues no me hace falta pensar demasiado para que se me ocurran varias la verdad. La primera de ellas sería la de devolver el rock clásico al primer plano de la actualidad, no se olviden, eran los noventa, dominados por las procelosas aguas de la tan traída y llevada escena indie y por la tormentosa atmosfera, estética, musical y emocional, del grunge. Y con Guns & Roses enfilando ya el declive creativo. Con ellos volvía la alegría hedonista del canalleo, los fulares, las camisas de amebas, los pantalones de campana y el dulce aroma de la hierba frente a grupos que tocaban sin levantar la mirada del suelo y ejercían de perfecto contrapunto al reinado de la heroína y la depresión existencial proveniente de Seattle. Recuperaron asimismo la figura emblemática del vocalista descarado, mordaz y deslenguado que disparaba a discreción sin respetar nada, igual que los punks atizó a dinosaurios como los Stones (concretamente a  Kiz Richards)  o a los venerables ZZ Top, fustigaba a las marcas comerciales y se enfrentaba sin rubor a los medios, a los políticos de su país y ejercía de abanderado de la legalización de la marihuana. Un bocazas en toda regla vaya. El espectáculo había vuelto. Pero nada de eso tendría ningún valor si no fuera acompañado por una capacidad musical fuera de toda discusión. Un primer álbum cargado de singles potenciales que vendió millones de copias, tras el y saltándose a la torera la máxima de que el segundo disco es uno de los pasos más difíciles para una banda se sacan de la manga The Southern Harmony & Musical Companion (1992), uno de los mejores álbumes editados en la década de los noventa, un trabajo soberbio, sin mácula, que demostraba que más allá de parir canciones de tres minutos de alto rendimiento comercial eran capaces de regenerar toda la música de raíces norteamericana otorgándole plena vigencia y sonar frescos, vitales y energéticos.

Para el tercero dieron un atrevido paso adelante, el discutido pero brillante Amorica (1994), zambulléndose en la música cósmica americana (en su concierto en el barcelonés Palau de la Vall d’ Hebrón el desgarbado Chris soltaba a la audiencia un convencido. “si no habéis escuchado a Gram Parsons deberíais hacerlo”) y adentrándose en los terrenos jam. Una trilogía por la que otros hubieran vendido toda su carrera. Después de este trío de ases nunca han decepcionado ni han editado un disco trivial, grabaciones que primero despistaron (como Three Snakes & One Charm, 1996) fueron luego muy apreciadas por sus seguidores y otras referencias consideradas a priori de menor calidad comparadas con las anteriores, By Your Side (1999), Lions (2001) o Warpaint (2008), si son escuchadas a fondo y dejando de lado los prejuicios de venir firmadas por quien vienen ofrecen grandes momentos musicales y composiciones que interpretadas en vivo suben enteros de forma maravillosa. Por no hablar de su despedida en estudio, el magistral  Before the Frost…Until the Freeze (2009), un obra completísima cuya ubicación (los estudios del difunto Levon Helm) y prestaciones, una colección de canciones sublimes, viaja por el universo de los grandes nombres a quienes se han visto asociados desde siempre, Allman Brothers, The Band, Stones, Faces, Grateful Dead, y por los caminos del rock, el southern, el folk, el soul, el country, el blues y la psicodelia. Otra baza a su favor son sus prestaciones sobre las tablas, servidor les ha visto noches sublimes, donde cada minuto de concierto vale su peso en oro y del puro disfrute solo deseas que aquello no se acabe nunca e incluso cuando les pillas en un momento más volátil, en el que deciden enzarzarse en desarrollos instrumentales más amplios, la magia que surge de los altavoces te atrapa sin remedio. Ahora, que parece haber llegado el (presunto) final definitivo, ya se sabe poderoso caballero es Don Dinero, y echando la vista atrás es todo un privilegio haber podido ser generacionalmente contemporáneos de una banda como ellos. Libres musicalmente, herederos de la mejor hornada de músicos que ha existido (los sesenta y los setenta), intérpretes virtuosos y compositores ricos en recursos. La última gran banda norteamericana. En todo su esplendor.

MANEL CELEIRO

Deja un comentario

*