TECH DEATH RISING (Upload, Barcelona 25/01/2018)

Hay muchas formas de entender el rock and roll y la música en general, casi tantas como oyentes. Y si bien el teórico debate puede transcurrir por terrenos similares a un campo de minas, la abundancia de metalibanes es abrumadora, las convicciones de cada uno son las que son. Así pues, un servidor está absolutamente convencido de que el carácter inquieto y rompedor de la música que más nos gusta, en su vertiente más dura, será lo que la salve de su letargo y posterior deceso. Debemos reconocer y honrar a los clásicos, cierto, pero me niego en redondo a aceptar ese ridículo mantra que afirma que ya está ‘todo dicho’. O aquel otro que afirma sin pudor que ‘la música actual’ no transmite nada, lo cual es una forma encubierta de reconocer que los tiempos te han superado y que ya no entiendes al mundo. Dicho esto, afirmo sin temor a equivocarme que ese cajón de sastre llamado technical death metal, es un estilo hecho por y para creyentes. Si no, ¿por qué iban a venir tres bandas desde Francia a tocar un viernes por la noche a Barcelona ante no más de cuarenta personas? O ¿por qué nuestros conciudadanos Moonloop iban a estrujarse el cerebro para producir esa música cuya belleza es directamente proporcional a sus intrincadas estructuras… y que finalmente disfrutaremos una selecta minoría? Creyentes.

Aun así, quedó la música y la actitud de unas bandas que salieron a darlo todo, como si en vez de tocar para cuarenta, tocaran para… cuatrocientos. La noche empezó fuerte con unos Geostygma motivadísimos, que fueron de menos a más y acabaron convenciendo y epatando a una audiencia que no perdía detalle de las evoluciones de unos músicos que parecían tener cuatro manos y cuyos movimientos de dedos en ocasiones costaba de seguir. ¿Free Jazz con blast beats? ‘Enquweentine 2.0’ fue una buena muestra de lo que son capaces de hacer. Pocas veces se ha visto y oído exprimir tanto las posibilidades de una canción.  Los suyo fue de una potencia tan devastadora que hasta resultó hipnótica, como ver las evoluciones de una hélice o quedarse paralizado en mitad de la carretera viendo como ese trailer viene hacia ti. Si no recuerdo mal, también cayó algo de Dying Fetus y Cryptopsy, la devastadora ‘Labyrinth’ y cerraron la paradita, dejando la sala arrasada como si hubiese pasado una plaga de langostas.

Ceild por su parte estrenaban ‘A View’, su segundo disco (aunque el primero con ese nombre, ya sabéis, los sempiternos líos internos de las bandas) ese mismo viernes. Lo suyo es instrumental, con múltiples denominaciones –avant garde, post-whatever, experimental…-, una tendencia con una sorprendente aceptación en los últimos tiempos, ahí está el éxito de nuestros compatriotas Toundra. La propuesta de Ceild se basa más en los matices y las capas de sonido que en el despliegue de habilidad instrumental en sí mismo. Juguetean con las pedaleras, los cambios de ritmo, los paisajes sonoros y el resultado es más que satisfactorio. Me consta que voluntariamente acortaron la duración del repertorio “para no agobiar a la gente”, una medida de extrema humildad por su parte, pero innecesaria, pues su vigorosa puesta en escena y su variopinta propuesta –saltan del pasaje melódico intimista a la agresión a base de blast beats en un nanosegundo- hicieron que el concierto se nos hiciera más bien corto y se ganaran nuestra aprobación unánime.

Moonloop nunca defraudan, han demostrado lo que tenían que demostrar, en disco y en directo, así que ir a verles en vivo siempre es una garantía de presenciar una buena actuación. Finalizaban la gira de presentación de su excelente ‘Devocean’ esa misma noche y rubricaron una presentación que no bajó de sobresaliente. Iniciaron las hostilidades con ‘Megalodon’ y  partir de ahí todo fue un viaje tintes lisérgicos, y es que esa combinación de melodía, agresividad, intimismo y un desacomplejado despliegue de medios, les hace tremendamente irresistibles. Da gusto ver una banda tan confiada en sus capacidades, disfrutando de su propio repertorio y haciendo que incluso parezca fácil. Eric Baule evoluciona a pasos agigantados como frontman y la banda suena compacta y fluida. Esa versión de ‘Meduda’ quedará viva en nuestra memoria por mucho tiempo. Moonloop es una de las mejores propuestas que tenemos por aquí y no les vamos a perder de vista.

Pitbulls In The Nursery eran unos completos desconocidos para un servidor desde hacía relativamente poco, pero sabía de la buena fama de sus directos y por lo que pude observar, tienen cierto predicamento por estos lares… aunque no el suficiente. Tiempo al tiempo, tienen sólo dos discos en el mercado, aunque sobre las tablas tienen toda la fuerza de una banda curtida en mil batallas. Lo de la marcianada de empezar su actuación con dos temas con uno de los guitarristas tocando el sitar tuvo su gracia, pero cuando el mismo músico cogió la guitarra y dio paso al agresivo riff de ‘Crawling’, sonó un rugido de aprobación y por fin los asistentes, que habían estado observando a las restantes bandas en un relativo estado de recogimiento, se dejaron llevar y los movimientos espasmódicos se generalizaron por toda la sala. PITN se declaran fans de Pantera, Meshuggah, Pink Floyd, Gojira y Morbid Angel, y así suena la mayor parte de su repertorio. Obscenamente técnicos en su ejecución, los miembros de la banda no son precisamente de aquellos que se quedan mirándose los zapatos, sino que se preocupan de entretener y transmitir su energía al público que tienen delante. Se divierten y así lo percibe la audiencia. Tanto, que cuando dieron por finalizada su actuación el gesto general fue de mirar la hora con incredulidad.

Como creyentes que somos, no perdemos de vista la esperanza de que propuestas como las que vivimos esa noche lleguen a un número mayor de gente, para que podamos disfrutar de más veladas como ésta, sin tener que volver a casa con la conciencia inquieta, pensando en esos promotores que se la juegan por ofrecer al público algo diferente, que mantenga la escena viva con sangre nueva, y no a base de reciclar el fluido vital hasta el infinito. Seguiremos creyendo.

YURI VARGAS






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