STAR WARS: ‘EPISODIO VII. LOS ÚLTIMOS JEDI’

Esta vez lo quise hacer así, enfrentarme al nuevo episodio de la celebérrima saga galáctica de la forma más pura posible, tal como lo hiciera en aquel lejano 1977 con aquella primera cinta que asombró al mundo. Casi lo consigo, pues no aguanté la tentación de echarle un vistazo a uno de los trailers… una sola vez. Pero, respecto al resto, nada de nada. Ni rumores, ni noticias, ni adelantos, ni especulaciones. El objetivo era ponerme delante de la pantalla libre de prejuicios y, sobre todo, sin ningún rastro de ese cinismo arrogante que nos otorga la edad y el exceso de información con el que se nos bombardea a diario.

Y he hecho bien, pues la película, como no podía ser de otra manera, ha generado toneladas de tinta, virtual y de la de verdad. Una simple mirada superficial ha bastado para hacerme a la idea: la mayoría o la odia o la ama. Sólo una reducida franja de las opiniones se ha mantenido lejos de los extremos. Mi visión se sitúa, pues, en esta última zona, más bien cerca de los que han quedado satisfechos con la entrega.

“Los Últimos Jedi” es un filme digno, entretenido y que sigue la línea iniciada por J.J. Abrams en “El Despertar de la Fuerza” de 2015. O sea, unas entregas en las que se incrementa la sensación de realidad, puedes sentir el peso de los vehículos, las armas dan miedo y parecen realmente peligrosas, y todo funciona de modo más lógico y de acuerdo a las leyes de la física. Dentro de lo que cabe, claro, porque ese paseo de Leia Organa por el espacio tiene tanto sentido como las caídas al abismo del Coyote de los dibujos animados del Correcaminos. Pero esto es ‘Star Wars’, fantasía pura y dura, no una sesuda serie de ciencia ficción asesorada por Punset o Carl Sagan.

Retomando el hilo, si ‘El Despertar de la Fuerza’ establecía paralelismos con ‘Una Nueva Esperanza’, ‘Los Últimos Jedi’ está directamente ligada a ‘El Imperio Contraataca’. Sin entrar en detalles argumentales, el filme se centra básicamente en las dudas internas de los personajes, ofrece más preguntas que respuestas y de ahí la impresión de desconcierto con la que muchos se hayan podido quedar al final de la película. Habrá que tener paciencia y esperar a ver el dibujo completo en el que todo ha de cobrar sentido, aunque visto el final -ese niño esclavo que se postula como futuro Jedi- y teniendo en cuenta las intenciones de Disney de eternizar la saga, todo será cuestión de las ganas que tenga cada uno de seguir atento a las evoluciones de la historia.

Memorables Mark Hamill (la madurez le ha sentado estupendamente) y Carrie Fisher (que en paz descanse), comiéndose la pantalla en cada plano y poniéndonos la piel de gallina  constantemente. Muy bien Daisy Ridley (Rey) y Adam Driver (Kylo Ren), cada uno con sus conflictos internos y situándose en los extremos para el conflicto final. Quizás se le podría haber sacado más provecho a los personajes de Laura Dern (Vicealmirante Amilyn Holdo) y Benicio del Toro (DJ), aunque quizás haya que esperar por si tienen algo más que ofrecer. Sigo sin conectar con Oscar Isaac (Poe Dameron) y John Boyega (Finn), cuya actuación es correcta, pero muestran  una preocupante falta de carisma. Eso sí, los destinos de Snoke (interpretado por Andy Serkis) y la Capitana Phasma (Gwendoline Christie) son absolutamente decepcionantes. Podrían haber dado mucho más juego. ¿Y qué pasa con C3PO, R2D3 y Chewbacca? Pues que los han relegado a meros papeles testimoniales, quizás preparando el relevo para nuevas criaturas, que hay que vender muchos muñequitos en las tiendas. Aún así se agradece que los adorables (u odiosos) porgs no acaparen demasiado minutaje en la pantalla.

‘Los Últimos Jedi’ es un film que se debe a su época. Lo políticamente correcto también ha llegado a esta galaxia muy, muy lejana, y así podemos observar una representación más equilibrada de las diferentes etnias humanas, e incluso una mayor presencia femenina a todos los niveles, ahí están ellas, mano a mano, pilotando naves y enfrentándose a tiro limpio con las tropas malvadas.

En esta línea, por primera vez podemos ver a las élites galácticas disfrutando de su posición de privilegiados del sistema (la escena del casino, que entusiasma y crea rechazo a partes iguales) e incluso hay atisbos de crítica social con esa diatriba explícita al tráfico de armas y a quienes se lucran con ello. Sí, en ‘Star Wars’.

A estas alturas, casi deberíamos estar agradecidos de que la serie haya sobrevivido tanto tiempo y que aún nos siga proporcionando tantos minutos de placer, haciéndonos soñar con el eterno argumento de la lucha entre el bien y el mal. Y es lógico que el mundo se divida entre detractores y fans terminales de la saga. Es sólo entretenimiento, pero que hemos incorporado tan profundamente dentro de nuestro imaginario sentimental que casi nos es imposible quedarnos al margen, indiferentes, incluso a pesar del despropósito que perpetró George Lucas con la segunda trilogía: en el infierno -si finalmente acaba ahí- tienen un lugar reservado para él por haber creado a Jar Jar Binks. Por ello, y volviendo al principio de esta reseña, quise volver a ser niño para ponerme delante de la pantalla. Y vistas las reacciones de los expertos ‘críticos’ que se sentaron al lado mío en el cine (de ocho y diez años, respectivamente) pude comprobar que, efectivamente, la magia sigue viva, sólo que está dentro de ti y es tarea de cada uno reconocerla.

YURI VARGAS

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