SPIN THE BLACK CIRCLE?

In OPINIÓN, ¿QUIÉN ME PIENSO QUE SOY?

¡Qué bonito es el formato vinilo! Esas majestuosas carpetas, el ritual de sacarlo de su funda, el dejar que la aguja se pose sobre él… Realmente sí, se podría afirmar que es el monarca de los formatos en audio, y además imbatible, como ha probado su resurgir en tiempos de descargas gratuitas y de larga agonía del príncipe que le iba a destronar, el ahora denostado CD. De hecho, la maltrecha industria discográfica ha visto en el viejo vinilo una sólida tabla de salvación ante el descalabro que ha supuesto la irrupción de Internet para el mundo de la música en formato físico. Pero, ¿quiere esto decir que se le tiene que tolerar todo a este rey que vuelve a su trono? Definitivamente, no.

Ahora todo vuelve a publicarse en lustrosas ediciones en el negro formato que la mayoría de compradores se llevan a casa pagando cantidades obscenas, hinchados como pavos por su amor al tradicional formato, cuando realmente lo que se están llevando a casa (como dijo Neil Young)  es un devaluado compacto disfrazado de negro vinilo. Me explico: el tan amado formato es analógico y, como tal, se ha de entender. Esos viejos vinilos que sonaban tan bien, tan cálidos y con tanta vida y registros, sonaban así porque los músicos grababan en estudios analógicos (lo digital era una quimera), y al resultado de una grabación analógica el formato vinilo le sentaba como anillo al dedo, logrando ese sonido que tanto nos llena y que poco tiene que ver este resultado con los cansinos 180 gramos tan en boga hoy en día. Desafortunadamente, ya hace mucho tiempo que casi nadie graba en estudios analógicos: lo digital es la norma y, en consecuencia, una grabación de estudio digital necesita ser plasmada en un formato digital, siendo óptimo el CD para su calidad de sonido. Obviamente, el sonido digital no tiene la calidez del analógico: es más plano, tiene menos picos y resulta más frio, pero así es lo digital y de aquí viene esa tontería supina de que se escuchan mejor los vinilos que los compactos. Es la sencilla diferencia entre lo analógico y lo digital, ni más ni menos… y que cada uno elija.

Spin the black circle news

¿Qué sucede hoy en día? Pues la paradoja analógico/digital: los estudios usan técnicas digitales y así se graba, pero como ahora hay devoción infinita por el vinilo, se plancha una grabación digital en un vinilo que es formato analógico. ¿Y qué consecuencias trae eso? Pues vinilos que se escuchan con el culo, porque su formato lógico es el CD, pero nadie se da cuenta (o no lo parece), ya que lo que mola es gastarse la pasta en un formato chulo y ser un audio-hipster. Es el caso a la inversa de la irrupción del compact disc, esto es, grabaciones analógicas presentadas en formato digital que sonaban apagadas y mates, y todo el mundo llenándose la boca con el gran sonido del nuevo nato disco compacto. De hecho, no fue hasta la aparición de las remasterizaciones de discos clásicos que las cosas se empezaron a escuchar mejor, ya que las viejas grabaciones necesitaban un lavado de cara digital para sonar bien en CD. Y es ya cuando hablamos de reediciones remasterizadas en vinilo cuando las cosas adquieren tintes surrealistas. ¿Puesta a punto digital para presentarla en vinilo? De chiste, vamos. Como las nuevas reediciones en vinilo que se han hecho del viejo catálogo de Chapa Discos. A servidor el tema ya le puso la mosca detrás de la oreja, pero decidió arriesgarse adquiriendo el monumental ‘Barón Al Rojo Vivo’ en bonito vinilo reeditado y ¿remasterizado?, para darle descanso a mi antigua y tronada copia adquirida en la época. ¿El resultado?, un desastre épico, desde el momento en que empiezan a sonar los acordes de la mítica ‘Barón Rojo’: sonido apagado, de volumen pobre (ojalá fuera ‘brutal’), embarullado y sin picos ni profundidad. Tras la escucha del disco, fui a la estantería y pinché el álbum original publicado en 1984 y, bueno… un sonido de lujo, vivo, con profundidad, en el que se distingue todos y cada uno de los instrumentos, con una base rítmica que llena toda la habitación. Sin comentarios. Lo ideal hubiera sido que estas reediciones de Chapa se hubieran publicado en LP y CD para que se hubiera disfrutado de la remasterización en su medio natural y los papanatas siguieran comprando vinilos porque es lo que toca y lucen tope molones en los muros de Facebook. Avisados quedáis los que tengáis intención de agenciaros alguna reedición del histórico sello español.

No quiero que esto se tome como un furibundo ataque al vinilo. Servidor seguirá comprando, pero teniendo muy en cuenta las razones expuestas arriba. Y por supuesto, las novedades caerán en CD, que a final de cuentas también es un formato molón y perfectamente compatible con el vinilo. Los demás, sigan haciendo girar el círculo negro, que es lo más in.

XAVI MARTÍNEZ

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