ROGUE ONE: A STAR WARS STORY

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Una nueva película de la saga ‘Star Wars’ es siempre motivo de algarabía y revuelo, un acontecimiento que no deja indiferente a nadie. Y a nosotros nos ha pasado lo mismo: unos lo han disfrutado mucho más que otros, así que hemos considerado oportuno reflejar dos puntos de vista muy diferentes sobre ‘Rogue One. A Star Wars Story’. ¡Que la fuerza os acompañe!

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Desde que la todopoderosa Disney compró Lucas Films ha dejado bien claro que tiene intención de sacarle el máximo rendimiento a su astronómica inversión. El año pasado –al igual que este- en plena campaña navideña se estrenó ‘El Despertar De La Fuerza’, que recogía el testigo del episodio VI (‘El Retorno Del Jedi’) y acertaba en todo lo que George Lucas fallaba estrepitosamente en los episodios I, II y III.

Y estas navidades (y las que quedan) ya tenemos nuevo producto galáctico, que lleva por nombre ‘Rogue One: A Star Wars Story’, y no es ningún episodio, sino más bien unos hechos acaecidos entre el episodio III y IV. En resumidas cuentas, se nos explica cómo se consiguieron los planos de La Estrella De La Muerte, los mismos que la Princesa Leia defiende en el episodio IV. Y ahí nos planteamos la primera pregunta: ¿es necesario saberlo?, la verdad es que no. Es el punto de partida de una trilogía mágica y, al igual que de niños no necesitamos saber quién son los reyes, pues con esto pasa lo mismo. Si tomamos esta premisa como punto de partida, no cuesta nada darse cuenta de que nos encontramos ante un film prescindible y vacío. Puro relleno para seguir explotando a la gallina de los huevos de oro.

Vamos a ver, no es que sea un bodrio infumable, pero tiene tanta vacuidad que lo único que provoca es indiferencia, y la falta de cualquier tipo de sentimiento es lo peor que le puede pasar a cualquier producto. Por ejemplo, uno de los fuertes de la trilogía original son sus personajes, caracteres muy fuertes, que han perdurado; en cambio, aquí tenemos una ristra de personajes desdibujados, planos y sin carisma. Sólo se salva el siempre efectivo Mads Mikkelsen, que tampoco consigue que todos sus recursos sean explotados. El guión es simple, torpe y está tratado de una manera pedante, llenándolo todo de pura insustancia.

¿Y qué podemos decir de las apariciones de los personajes clásicos? Darth Vader -más o menos- da la talla, pero lejos de su grandeza, y el dislate ya es antológico cuando ves a unos Peter Cushing y Carrie Fischer digitales que provocan extrañeza y hasta cierta incomodidad. ¿Algo positivo? Lo hay: el sentido estético de la película es impecable. Todo más que fiel a la trilogía original y sin esos atentados visuales que caracterizaron las precuelas de George Lucas. De hecho, en este aspecto es tan deudora de sus fuentes que hay planos copiados fotograma a fotograma de previas entregas, pero con nuevos personajes. Y también es de agradecer algunos guiños pensados para los más cafeteros de la saga.

Esperemos que en sucesivas entregas la cosa se enmiende un poco, pero se antoja tarea difícil, ya que todo lo que había que decir se dijo en los episodios IV, V y VI. Y todo lo que ha venido después, ha podido entretener más o entretener menos, pero es divagar por divagar y estirar algo que en su concepción primeriza era perfecto.

XAVI MARTÍNEZ

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La vida del fan de Star Wars está llena de sobresaltos. Nos dan una de cal y una de arena. A veces, se ríen de nuestra inteligencia (las precuelas de Lucas, repletas de tonterías infantiloides, sin ir más lejos) y otras nos dejan a medias (‘El Despertar de la Fuerza’), pero no consiguen que reneguemos de la Saga. La adquisición de la franquicia por parte de Disney nos hizo levantar una ceja, o como mínimo nos llevó  dudar de la viabilidad del proyecto, pero… mira por dónde, los nubarrones se han despejado y han dejado entrar un rayo de esperanza.

A priori, ‘Rogue One: Una Historia de Star Wars’, se nos presenta como una película menor. La historia ya la sabéis: narra las peripecias de un grupo de rebeldes y cómo estos se hicieron con los planos de La Estrella de la Muerte, con todo lo que ello conlleva: sufrimiento, dolor, dudas morales, miedos… y sacrificios. El resto es de sobras conocido. Hay quien pueda pensar que no hacía falta tanto metraje para contar tan poca cosa. Pero el quid de la cuestión no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta. Hay que dejarse llevar y sumergirse en la trama, sin prejuicios ni falsas expectativas. He de confesar que salí del cine algo frío, pero tras un par de días he llegado a la conclusión de que fui a ver algo grande, completamente diferente de lo contemplado anteriormente. No es sólo por la dirección de la película, realizada por un excelente Gareth Edwards (‘Monsters’, ‘Godzilla’), su eficaz banda sonora (Michael Giacchino) o la solvencia de sus actores protagonistas (Felicity Jones y Diego Luna, metidos en la piel de Jyn Erso y Cassian Andor, que consiguen emocionarnos y meternos de lleno en el filme, con sus grandezas y miserias… son humanos) o los magníficos efectos especiales (esto no parece un maldito videojuego, sino que todo parece integrado en la “realidad”, casi puedes sentir el peso de los vehículos o la letal eficacia de los X-Wings, por no hablar de algún personaje “resucitado” digitalmente), sino porque va más allá de lo que ninguna de las películas de la saga fue nunca. Es casi una película de guerra de la II Guerra Mundial o de espías, con elementos de ciencia ficción. No todo es blanco y negro. La incipiente rebelión también tiene sus sombras y no es casualidad que algunos guerrilleros (con el gran Forest Whitaker a la cabeza) nos recuerden a insurgentes islamistas.

Bien por las pequeñas dosis de humor, sobre todo a cargo del androide K-2SO (aunque estaría bien saber qué pensaría Isaac Asimov sobre eso de disparar a humanos). Bien por los numerosos cameos, que ayudan a integrar la cinta en el universo de la Saga (los dos fugitivos que más tarde intimidarán a Luke en el bar de Mos Eisley). Bien por no meter una historia de amor a la fuerza (ese abrazo final aún me pone la piel de gallina). Bien por esos secundarios que se sacrifican en beneficio de un bien superior. Y un estruendoso aplauso por ese final apoteósico que enlaza a la perfección con la IV entrega, Lo de Darth Vader exterminando rebeldes en la oscuridad y el cameo final de un personaje “rejuvenecido” aún me pone la piel de gallina.

Es sólo entretenimiento, amigos, pero en esta ocasión, con base y fundamento, ‘Rogue One: Una Historia de Star Wars’, puede que sea una historia menor dentro del gran puzzle, pero para un servidor ha sido una grata y digna sorpresa. Y ahora, a esperar el spin off sobre Han Solo, con Benicio del Toro como malvado. Tenemos diversión para rato.

YURI VARGAS

 

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