ROBERT PLANT: LA DÉCADA DE AFIANZAMIENTO PROFESIONAL (1990-2000)

No hay peor juez para un músico que el paso del tiempo; el hecho de saberse expuesto a situaciones que él no puede controlar, como el devenir de los acontecimientos, a menudo son afrontados por éste con incertidumbre. Eso mismo debió de pensar Robert Plant a comienzos de los años noventa, cuando el nuevo orden musical había sustituido al ‘antiguo régimen’, también, en términos comerciales. El músico británico no fue ajeno a estas circunstancias: en Estados Unidos, el Grunge y el Rock alternativo sirvieron para capitalizar el descontento de la Generación X con la herencia de Reagan; el Brit-pop, por otra parte, fue el punto de tracción de una nueva hornada de jóvenes que, al ritmo de las cadencias sonoras de formaciones deudoras de los Beatles, Stones y The Kinks, se rebelaron, de una forma mucho más hedonista (en contraposición al estilo serio y afectado de sus compañeros norteamericanos), contra el  conservadurismo británico y lo que iba quedando de éste.

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El compositor inglés aprovechó el inicio de la década para la gestación y posterior lanzamiento de un álbum como ‘Manic Nirvana’ en el mismo año 1990. Un disco mucho más acorde con el estilo que desarrolló con sus ex compañeros de Led Zeppelin en su momento. Ya había pasado el tiempo de recrearse y acomodarse, tanto  sus músicos como él, a las fórmulas comerciales marcadas por el signo de los tiempos, como sucedió la década de los ochenta, para pretender situarse como vértice o égida de la modernidad predominante: cortes como “Big Love” y la potencia exhibida (acompañada por una producción brillante, obra y gracia de Phil Johnstone, Mark Stent y el propio vocalista) en “S S S & Q”, “Nirvana” o “Your Ma Said You Cried in Your Sleep Last Night”, mostraron a un músico mucho más natural en su propuesta, articulando una serie de ideas en el plástico en las que los medios tiempos –y aquí hay un paralelismo interesante con el ‘Led Zeppelin III-’, son conducidos por el mismo misticismo que siempre quiso imprimirle Plant a sus composiciones. Si el citado álbum supuso una vuelta a los orígenes, el posterior ‘Fate of Nations’ vino a confirmar exactamente lo mismo. Tanto él como su banda seguían fiando su propuesta musical a composiciones mucho más directas, dejando de lado la experimentación y la búsqueda de nuevas texturas musicales para el siglo próximo.

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Composiciones del calibre de “Calling to You”,  la cual entrecruza sus caminos con  canciones de Led Zeppelin como “Kashmir” o “Dancing Days”, muestran la senda musical recorrida por el artista: en sentido contrario respecto a varios de los músicos de su generación. Si muchos grupos de Blues y Hard, en los noventa -o bien sus integrantes en solitario-, exploraron fórmulas mucho más cercanas a los referidos Rock alternativo y Grunge, él, por el contrario, optó por reforzar la temática que le acercó al éxito con su banda matriz. Lo mismo se puede predicar de ‘No Quarter’: un álbum revisionista e innecesario que, por un momento, frustró las esperanzas depositadas por crítica y público en el propio Plant. Del carácter transversal de su carrera en la década pasada parecía no quedar nada. No acabarían, sin embargo, las colaboraciones con Jimmy Page en el mencionado “No Quarter”. Cuatro años después, en 1998, ambos lanzarían ‘Walking Into Clarksdale’. Grabado en  Abbey Road  bajo la tutela de Steve Albini, uno de los productores más afamados de la década de los noventa y otrora miembro de Pixies, Page y Plant consiguieron mejorar ostensiblemente las expectativas depositadas respecto a este plástico: la mixtura de texturas musicales, como el matrimonio entre el Blues del Delta del Misisipi (referencia obligada para unos músicos que se criaron, precisamente, con el eco susurrado de estos artistas), y el sonido clásico de la banda de la que hicieron un auténtico coloso, aquí sí funciona a la perfección. Quizás, el mayor encomio que se le puede hacer a este álbum es el de haber sabido, en cualquier caso, aprovechar el factor sorpresa; muchos de sus seguidores no intuyeron que éstos pudieran unir sus fuerzas para algo que no fuese un mero ejercicio de nostalgia baladí.

Y así concluimos la segunda parte del repaso de la discografía de Plant, no sin antes señalar que, seguramente, muchos de sus mejores años como músico en solitario, los viviría en el comienzo del nuevo milenio. Pero eso, damas y caballeros, lo dejaremos para otra ocasión.

ALEX PALAHNIUK

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