ROB TOGNONI (Rocksound, Barcelona 08/11/18)

Tres décadas y media de carrera y el australiano todavía no había pisado un escenario nacional. Curioso teniendo en cuenta su buena posición como uno de los referentes del blues rock en Europa (lleva años afincado en Alemania), la abundancia de festivales dedicados al género que pueblan la geografía de la piel de toro y también que sus discos son visibles con cierta regularidad en las estanterías de las tiendas. Dejando aparte este apunte solo cabe afirmar que su debut quedará grabado en la memoria de las escasas decenas de personas que pasaron por taquilla para verle en la sala del Poble Nou. Y es que la hora y media de puro rock & roll con que nos ofreció vale con creces cada euro invertido en la compra de la entrada. Salieron a matar y lo consiguieron desde el minuto uno de la función hasta que las postreras notas de su guitarra pusieron el punto final ante el entusiasmo de un personal absolutamente entregado. Una actitud a prueba de bombas que se vio refrendada por unas canciones que si bien parten del blues conviven de manera holgada con el hard rock y con una visión del estilo mucho más enfocada a la efectividad y la diversión que al onanismo guitarrero. Sí, hubo solos de guitarra, ¡cómo no!, pero sin perder nunca el norte y centrados en no ser el único punto de atención. Sustentado por una sección de ritmo infalible y poderosa, Rob demostró poseer unas tablas que dan para máster, una simpatía contagiosa y un repertorio amplio que no falla, desde el latigazo eléctrico, «Bad Girl», al boogie metálico, «Boogie Refried», o el ortodoxo, «Mr. John Lee, the Boogie Man», temas más densos con el inmortal espíritu de Jimi Hendrix revoloteando, «Dark Angel», o directos a la mandíbula como «Jim Bean Blues» o «Voodoo Girl» . Se mostro algo más convencional en la elección de las versiones, «Baby Please Don’t Go», «Hey Joe», «Shadow Play» de Rory Gallagher, pero hay que reconocer que supo llevárselas a su terreno y que no sirvieron, como lamentablemente sucede en otras ocasiones, de simple relleno. Total, que El Diablo de Tasmania (así se le conoce en el negocio) llegó, vio y venció con una facilidad insultante y dejando en entredicho a nombres más consagrados dentro del género a los que, literalmente, se comió con patatas. Que vuelva pronto, veladas como esta te cargan las pilas.

TEXTO: MANEL CELEIRO

FOTOS, JOSEP Mª LLOVERA

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