POR UN PUÑADO DE LIKES

In OPINIÓN, ¿QUIÉN ME PIENSO QUE SOY?

Asisto perplejo (la verdad es que ya debería irme acostumbrando) a los revuelos que se organizan en las redes sociales, ya sean para bien o para mal. La última es la alegría inmensa y generalizada por el retorno de los granadinos 091. Que quede claro que no tengo nada en contra de ellos, al contrario: les respeto como formación que supo hacer buen rock sin etiquetas en este país, pero nunca fui seguidor de ellos (no por nada en especial: simplemente, en sus años de expansión, mis oídos estaban por otras cosas), aunque me alegro que a unos músicos de calidad contrastada les vaya bien con esta reunión. Pero a lo que iba: resulta curioso que una banda que se separó un poco en medio de la indiferencia general con su ciclo vital un poco agotado esté generando tanta expectativa, que -para qué nos vamos a engañar- es un poco postiza. Está claro que hay gente que les siguió cuando eran un combo con vida y que ahora seguirán mostrando su devoción por ellos, y que también hay una cuota de gente que los descubrió a toro pasado y que tienen ganas de vivir aquello que por edad, o despiste, no cataron en su momento, pero tanto… ¡Pobre José Ignacio Lapido!, haciendo giras por garitos de pequeña capacidad o arrimándose al mediático Quique González para mantener una carrera a flote, para darse ahora cuenta que media España bebía los vientos por él y sus canciones. En realidad, debe darle las gracias a esos entes llamados redes sociales, que son lo que le van a pagar las facturas. No nos engañemos, a más de la mitad de la gente que está haciendo posts idiotas sobre el retorno de 091, la banda y Lapido se la traen al pairo, pero… hay que sentirse parte de algo, llenar uno su tiempo con cosas excitantes para que las amistades cibernéticas jaleen tu buen gusto y criterio. Ahora toca esperar las fechas de la próxima gira y, cuando se anuncien, empezar a dejar afectados comentarios como: “Ganazas”, “Dios existe”, “No puedo esperar”, “Va a ser la hostia”… por decir algunos de los más comunes. El siguiente paso es la caza de la entrada, para una vez conseguido el preciado tesoro hacer la foto al ticket de oro y mostrarlo en tu muro cual avaricioso Gollum diciendo aquello de “mi tesoro”.

Por un puñado de likes

Y ya llegamos al día del éxtasis colectivo: la fecha del concierto, no sin haber dado antes el coñazo contando los días que faltan y lo que aumentan las ‘ganazas’; y ya en el recinto, la catarsis, las fotos pre-durante-post concierto y todos dando la vida ante el artista, aunque este haga el concierto más mediocre de su carrera. Vítores pidiendo las dos orejas y el rabo y la salida a hombros del recinto del protagonista. El concierto no puede ser malo o discreto por varias razones: primera, somos felices porque formamos parte de algo (lo que sea es lo de menos); luego, he pagado una pasta indecente por la entrada y las copas, así que malo no puede ser de ninguna de las maneras; y tercera, porque en la red social de turno tengo que plasmar mi éxtasis con comentarios tan inteligentes como “Bolazo”, “Son los más grandes”, “Experiencia irrepetible”, “Ya me puedo morir tranquilo”… Luego, a otra cosa mariposa, me la suda el disco que saque el grupo o si vuelven o no, voy a estar demasiado ocupado con otro evento excepcional o hablando de mí mismo. Repito, nada en contra de 091: simplemente la noticia de su reunión me ha venido como anillo al dedo para plasmar unos argumentos que ya hace un tiempo que me rondan por la cabeza, nada más. Sería igual de valida la cacareada reunión de The Hellacopters por un día. Gente emocionada, extasiada o anonadada por algo que parece que sea la segunda venida de Cristo, incluso con personal ya planteándose ir a Suecia a ver la ansiada reunión. Pero, ¿es que hemos perdido la chaveta? Servidor ha visto al combo sueco cuatro veces mínimo sin coger el avión, usando metro, autobús o el coche de San Fernando; y no los he visto más veces porque no he querido. Pero claro, antes no habían redes sociales y todo no era tan trascendental. En breve, prometo nuevas entregas.

XAVI MARTÍNEZ

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