PAUL McCARTNEY (Estadio Vicente Calderón, Madrid 02-06-16)

Paul McCartney madrid junio 2016

Han pasado semanas desde que asistí al concierto de Macca en el Calderón, y reconozco que en todo este tiempo no he sido capaz de plasmar con palabras todo el sentimiento y toda la emoción que me produjo un evento de tal magnitud, sobre todo porque era la primera vez que veía en directo al genio de Liverpool. Es complicado transmitir lo que te mueve por dentro cuando tienes delante a uno de los grandes culpables de que la música esté tan presente en tu vida, autor de gran parte de la banda sonora que te ha acompañado todos estos años, consolando momentos de soledad y celebrando los días felices. Su música además fue pieza clave en la creación y sobre todo en la conservación de grandes amistades desde la infancia, y de muchas horas de complicidad con mi hermano. El hecho de que base gran parte de su show en el recuerdo de ese legado lo hace si cabe más emotivo. Por supuesto, si quisiera, Paul podría obviar su histórica discografía con John, George y Ringo, ya que tiene una sólida y en ocasiones brillante trayectoria con los Wings y en solitario. Sin embargo, McCartney disfruta dándole a sus fieles lo que esperan, y decide conjugar pasado y presente en casi tres horas de espectáculo. Empezar con “A hard day´s night”, un tema que cantaba John, ya es un golpe al corazón, muestra de su recuerdo constante a su hermano/némesis en The Beatles. El respeto a Lennon se acentúa con “Give peace a chance” y sobre todo con el tema que le dedicó tras su muerte, “Here today”. Es uno de los momentos más emocionantes, ya que la interpreta él sólo a la guitarra acústica, subido a una plataforma que se va elevando al transcurrir la canción, como si quisiera llegar al Cielo. No será el único tributo de la noche, ya que su siempre recordada Linda con “Maybe I´m amazed”, el gran George Harrison con “Something”, o su actual esposa Nancy Shevell con “My Valentine” tendrán sus respectivos homenajes. Memoria y presente es la mezcla perfecta, que ya denota desde su vestimenta, que combina la chaqueta azul de cuello mao con los vaqueros y la camisa blanca. Clásico y actual, Beatle y McCartney, si es que es posible que ambos vayan separados. Todo el concierto será un continuo baile entre épocas, estilos, ritmos, melodías. Las pantallas gigantes enfatizan el recuerdo de otra era, proyectando vídeos y fotos de juventud, de amigos y amores que ya no están, de un tiempo al que quisiéramos volver. Pasamos de piezas rockeras a dulces baladas, de canciones con todo el conjunto a momentos íntimos a la acústica, o al piano. La banda que le acompaña, veterana ya, es tan eficaz como discreta en su puesta en escena, no resta ni un ápice de protagonismo a la estrella. Vemos a un Sir Paul McCartney muy animado y locuaz, en inglés y en castellano, orgulloso del camino recorrido, feliz de hacernos felices. Es cierto que su voz no es tan potente como en el pasado, algo lógico en un señor de 74 años, pero incluso este detalle humaniza al mito; lo hace más cercano, más nuestro, más conmovedor.

Aunque obras maestras como “Band on the run” te ponen la piel de gallina, trallazos como “Live and let die” te vuelan la cabeza (máxime con las impresionantes explosiones y llamaradas), marcianadas como “Temporary secretary” te dibujan una sonrisa, o temas más recientes como “Queenie eye” te hacen bailar, lo cierto es que es cuando suenan The Beatles cuando el Calderón se viene abajo. Porque todos esos temas, todos esos “Love me do” o “Eleanor Rigby”, todos esos “Here, there and everywhere” o “Back in the U.S.S.R”, todos esos “I´ve got a feeling”, “Hey Jude”, “Yesterday” o “Let it be” no son de Paul McCartney. Ni siquiera son de The Beatles. Todas esas maravillosas canciones son mías, son nuestras, nos pertenecen a todos los que nos enamoramos con ellas, las cantamos, las vivimos, las seguimos teniendo presentes. El tiempo desaparece en esos momentos. Las miles de almas se unen en comunión, los amigos y la familia que asistimos al milagro no dejamos de abrazarnos, de sonreírnos, de pellizcarnos. Bailamos, cantamos, lloramos, soñamos. Love you, love you, love you, love you. Casi cuarenta canciones y sesenta años de música pasan en un chasquido de dedos. Sigo siendo incapaz de traducir el sentimiento a palabras, pero en la impresionante parte final del show, esa en la que se alude al final de Abbey Road, y por tanto al propio final de The Beatles (“Golden Slumbers/Carry that weight/The End”), se pronuncian las palabras tan reveladoras y tan recordadas: “Al final el amor que te llevas es igual al amor que das”. Estoy convencido de que al final, Sir Paul McCartney se llevará toneladas de amor.
JORGE BORONDO

Deja un comentario

*