MÚSICA PARA EL CONFINAMIENTO (II)

Esta joya en forma de box set ha permanecido cerca de mi reproductor desde el momento en que pasé por caja. Muchas son las veces que he recurrido a ella y, la verdad, no puedo imaginar una mejor inversión para el importe que pagué por su adquisición. Desde el principio me fascinó la personalidad de Rod, uno de los canallas más simpáticos del rock junto a Kiz Richards y Ronnie Wood, esa alegría de vivir, ese hedonismo, esa afición por la fiesta, el alcohol, el fútbol y las mujeres (no sabría afirmar en qué orden) lo presentaba como un cachondo de armas tomar y, por si fuera poco, su carrera musical es de órdago. Sobre todo la perteneciente a su primera etapa, la que va desde que ve la luz el primer disco bajo su nombre, An Old Raincoat Won’t Ever Let You Down / The Rod Stewart Album (1969) hasta la publicación de Foot Loose & Fancy Free, para mí su último disco notable, en 1977. En su obra posterior podemos tropezarnos con algunos momentos destacables pero ningún trabajo más realmente redondo salvo si exceptuamos el estupendo disco en directo que es Absolutely Live (1982). Es obvio que hablamos de su trayectoria en solitario ya que su pasado es tan glorioso, Jeff Beck Group, The Faces, como abrumador.

Presentada en formato libro, The Rod Stewart Sessions 1971 – 1998 contiene, en cuatro compactos, nada más y nada menos que 63 canciones correspondientes a su citada carrera como solista. Y a diferencia de otras cajas pensadas exclusivamente para esquilmar los bolsillos de los fans todos y cada uno de los cortes incluidos eran absolutamente inéditos en el instante de su aparición en el mercado a finales de septiembre del 2009. Hay canciones conocidas por todos, claro está, pero aparecen en versiones distintas a las publicadas con anterioridad. Ensayos, descartes, maquetas o tomas alternativas en formato acústico o eléctrico correspondientes a sesiones de grabación realizadas en el citado periodo de tiempo. La prueba definitiva, por si hacía falta alguna más, de que el londinense ha sido uno de los mejores cantantes que ha dado el rock. Esa garganta afilada y rota es, en su supuesta sencillez, muy rica en matices y, por encima de todo, dueña de una gran expresividad. Unas cuerdas vocales que transmiten como pocas ya sea enfrentándose al folk, el rock, el blues o el soul, rebosantes de eso que los anglosajones llaman feeling, y que brilla de manera especial en las baladas, esos tiempos lentos en que es capaz de derretir a la vez altavoces y corazones mientras sonríe de medio lado con una copa en la mano. Imprescindible colección que te asegura muchas, muchas horas de placer auditivo y que además cuenta con una excelente presentación y un bonito libreto con abundante información y unas fotos estupendas. Háganse con ella, todavía anda a buen precio, y no se arrepentirán. Tengan a mano el pañuelo para enjugar las lágrimas de la emoción (escuchen su lectura de «To Love Somebody» y ya me contarán) y la fregona para limpiar la babilla del suelo.

MANEL CELEIRO

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