EL MUNDO DE LA TARÁNTULA (Pablo Carbonell)

In LIBROS, RESEÑAS

(Blackie Books)

Alucinantes memorias, en sentido literal y literario (el desparpajo con el que se narran muestra un sorprendente talento) del iconoclasta Pablo Carbonell. Aunque no te guste como cantante (al frente y fuera de Los Toreros Muertos), ni como actor, ni como director (discretita “Atún y Chocolate”), ni como reportero (aunque si no te reías con sus paridas en “Caiga Quien Caiga”, quizás tendrías que revisar tu sentido del humor), estamos ante un gran libro. Y sorprende que se considere muy tímido, teniendo en cuenta las delirantes peripecias vitales narradas en esta sabrosa autobiografía. Es de estas personas que parecen haber vivido diez vidas en una y que tiene mucho que explicar (el libro se acerca a las cuatrocientas páginas, y dan ganas de más). Confiesa una serie de datos que muchos preferirían callar: unos titubeantes inicios homosexuales, robos en supermercados para poder comer, viajes alucinantes (hablamos de LSD y otras sustancias, aunque también de colarse en trenes para poder atravesar la península) y un sinfín de aventuras que dinamitan aquello de lo “políticamente correcto”. Habla de sus primeros años en Cádiz y Huelva, de un padre beato (casi parece un personaje inventado), de sus inicios teatrales, de sus gustos musicales (a pesar de que comparaban a Toreros Muertos con Madness, a Pablo le gusta gente tan diversa como Jethro Tull, Zappa o Dylan), de sus estancias en Barcelona (con un encuentro con la Fura dels Baus, en los que casi llegó a entrar) y Madrid, de su paso por “La Bola de Cristal” y “Caiga quien Caiga”, de su enfrentamiento con “Los 40 Principales” y su denuncia de la corrupción en el mundillo discográfico. Y la lista de nombres que desfilan por estas páginas, larguísima: Pedro Reyes, el Gran Wyoming, Alaska, Javier Krahe… ¿Más? En Colombia trató con los narcos y en México sobrevivió a un terremoto. ¿Sexo, drogas y rock and roll? No: lo siguiente, y mucho más. También hay espacio para recuerdos íntimos familiares: a su hermana Nuria, discapacitada psíquica, le dedica veinticinco páginas con gran ternura. Acabamos con esta perla en forma de aforismo: “el arte es el oficio ideal para los vagos que quieren trabajar a todas horas”. Genio y figura.

JORDI PLANAS

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