MICHAEL JACKSON: SUEÑOS DE ESCAPISMO (Marcos Gendre)

Michael Jackson sueños escapismo(Quarentena)

 

Nueva entrega de la colección ‘Discos que marcaron una época’, impulsada por Quarentena Ediciones, y con Marcos Gendre como principal escudriñador de obras referenciales en la carrera de todo tipo de artistas. Esta vez, es el sobrenatural Michael Jackson el actor principal del tratado (por supuesto, con su trilogía de álbumes ‘Off the Wall’, ‘Thriller’ y ‘Bad’); y aunque el objeto de estudio daba para mucho, es una lástima que el autor –probablemente, con los frenos rotos en su habitual, y arrolladora, (sobre)producción bibliográfica- haya desperdiciado la oportunidad de examinar a fondo tamaña trilogía de plásticos para acabar recurriendo a una enumeración de datos y tópicos sin ofrecer más profundidad que la de sus nutridas fuentes (la autobiografía ‘Moonwalk’, el obligatorio y punzante compendio ‘Jacksonismo’ y artículos selectos extraídos de blogs y páginas web). Gendre alaba la frescura y la excitación del primer disco parido entre Jacko y Quincy Jones, se maravilla ante la casi-perfección del robusto ‘Thriller’ y prácticamente pone a parir al excesivo ‘Bad’ sin acabar de querer entender que el firmante de dicho vinilo no era el mismo tipo que había puesto voz y alma a sus anteriores trabajos, sino un alienígena mediático con complejo de Dios, confundido y aterrado por las circunstancias y las expectativas, y el resultado de ello llevaría a una obra tan fascinante como contradictoria (al igual que ‘Dangerous’ en los albores de los noventa, ‘Bad’ fue un álbum de lo más coherente a la personalidad de su creador… si es que el término ‘coherencia’ puede aplicarse en un tipo como el Jackson de mediados de los ochenta). Recorriendo discos tema a tema, copi-pegando textos extraídos de aquí y allá, y rellenando espacio con textos de canciones y sus pertinentes traducciones, Gendre salda el encargo con un coda sin mucho fundamento (¿un breve anexo en el que retrata al pelmazo de Kanye West como heredero directo del finado Michael? ¡ni en broma!), rubricando un tomo que debería haber sido confeccionado desde otra óptica y sin tanta prisa, o al menos habiendo tenido más presente la compleja idiosincrasia de su (mutante) rostro protagonista. No era labor fácil, pero era lo que tocaba.

PEDRO PABLO SIMÓN

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