METALLICA (Palau Sant Jordi, Barcelona 07-02-18)

 

Con las entradas agotadas desde hacía casi un año por fin llegaba para muchos una de las citas ineludibles del 2018. Tanto dentro como fuera del recinto se respiraba el ambiente de las grandes ocasiones. Pero antes de la aparición en escena de los creadores de ‘Master Of Puppets’ les tocaba caldear el ambiente a los noruegos Kvelertak. Y sin duda por falta de ganas de los músicos no fue. Irrumpieron a piñón y mostraron tablas en ese escenario situado en medio del recinto. Pero estaba claro que esa no iba a ser su noche, ni les acompañó una audiencia desinteresada que sólo tenían ganas de jalear a Metallica, ni un sonido indigno y atroz que hacía de su mezcla de black metal y rock’n’roll una bola de ruido casi ininteligible. Pero ante tanta adversidad hay que reconocer que pusieron todas las ganas del mundo e incluso algunos llegamos a disfrutar un poco con pequeños clásicos suyos como “1985”. Meritorio esfuerzo pero vano a todas luces y que nos encomienda encarecidamente a disfrutarles en su hábitat natural; las salas de pequeño y mediano aforo.

Ya con el personal asistente nervioso y con veinte minutos de retraso sobre el horario establecido empezó a sonar la imprescindible intro de Ennio Morricone; “The Ecstasy Of Gold”. Tras ella aparecen los cuatro protagonistas de la noche e irrumpen a toda mecha con “Hardwired…To Self-Destruct” y “Atlas, Rise!” de su último trabajo. Y estábamos en las mismas, sonido demencial y espantoso, que poco a poco se fue corrigiendo durante el recital pero nunca sin alcanzar la excelencia que se le presupone a un monstruo del calibre de Metallica. Con el público ya comiendo de la palma de su mano fueron combinando canciones de su último trabajo discográfico y clásicos básicos de su discografía como “Seek & Destroy”, “Welcome Home (Sanitarium)” o “For Whom The Bell Tolls”. Quitando los problemas de sonido todo transcurría sin mácula en el impoluto escenario de espectacular diseño. Pero algo había que no acababa de cuadrar, y eso era la actitud de la banda. No por falta de entrega o comunicación, sino que dan la impresión a día de hoy de haber sustituido la energía que siempre les caracterizó por un afán de querer caer bien a todo el mundo, actitud que tuvo como colofón ese sonrojante interludio en el que Hammet y Trujillo interpretaron el “El Muerto Vivo” de Peret para regocijo de una audiencia tirando a fácil. De todas maneras bien cierto es aquello de que quien tuvo retuvo, y en las interpretaciones de la inesperada “Though The Never” y especialmente “Master Of Puppets” salieron a relucir los poderosos Metallica que tanto nos encandilaron hace muchos años. Y así con ciertos altibajos se llegó a la tanda de bises con una enérgica “Spit Out The Bone” y las obligatorias “Nothing Else Matters” y “Enter Sandman”, esta última también recuperando a los Metallica con más poderío. La fiesta había llegado a su fin con la banda dándose un baño de masas con las luces ya encendidas, y con un Lars Ulrich que curiosamente recordaba en voz alta la primera visita de Metallica a Barcelona en 1987 ¿Auto nostalgia de unos tiempos que ya quedan muy atrás y que no volverán? En definitva, buena velada, pero más cercana al evento que no a un concierto de rock o metal.

XAVI MARTÍNEZ

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