METALLICA ‘Hardwired… To Self-Destruct’

In DISCOS, RESEÑAS

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Hace mucho tiempo que Metallica está en una posición privilegiada….y también algo injusta. Desde que los cuatro hijos adoptivos de San Francisco ascendieran al Olimpo metalúrgico, con la edición de su diamantino disco homónimo de oscura portada, hace más de dos décadas, parece que se convirtieron a la vez en la banda que a todo el mundo le gusta odiar. Y con el advenimiento de las dichosas redes sociales, gracias a las cuales cualquier pelagatos de medio pelo, con un teclado y una conexión wi-fi, se convierte en juez y verdugo, la cosa no hizo más que empeorar: “son unos traidores”, “están acabados”, “no levantan cabeza desde el ‘Black Album’”, “ahora quieren volver a hacer thrash, pero se les ve el plumero”, “el enano calvo no sabe tocar”… os suena ¿verdad? Quizá por eso, y también, para qué negarlo, porque a uno le gusta ir un poco contra corriente, debo decir que me gustan mucho los Metallica de estos últimos quince años. OK, su producción discográfica en este tiempo no es que haya sido precisamente prolífica; y vale, no soporto ‘St. Anger’, pero disfruté mucho de su anterior ‘Death Magnetic’, me lo pasé pipa con ‘Through The Never’, y me siguen pareciendo una banda matadora en directo.

Así pues, ha llegado el momento de enfrentarme a este nuevo trabajo de Metallica. Un disco doble, nada menos. Y como siempre en estos casos, lo primero que uno se pregunta es: ¿ha valido la pena la espera? ¿Eran necesarios ocho años para esto? Sí y no. La espera ha valido la pena, porque estamos ante un muy buen disco de Metallica. Y no, no eran necesarios ocho años. Probablemente, podrían haber editado este album hace tres años. Pero, si nos ceñimos al contenido, es indudable que Metallica aún tienen capacidad para encerrarse en un estudio y editar material con pelotas. Lo primero que llama la atención es la extraordinaria producción del trabajo. Hacía mucho que la batería de Lars Ulrich no sonaba tan potente, y las guitarras son imponentes. Y, hablando ya de lo que realmente importa (las canciones), este ‘Hardwired… To Self-Destruct’ posee unas cuantas. El inicio es absolutamente incontestable: “Hardwired” es toda una declaración de principios de poco más de tres minutos; “Atlas, Rise!” posee un riff monolítico, y constituye, sin duda, uno de los mejores temas del disco; “Now That We’re Dead” mantiene el listón muy alto (si bien, a estas alturas, debería estar castigado con privación de libertad, rimar “together” con “forever”); y “Moth Into Flame” nos devuelve a esos Metallica que me vuelven loco. Los de los riffs “palm-muteados” milimétricos. Por supuesto, no todo es de color de rosa (o de negro) en este trabajo. Los dos últimos temas del primer disco no resultan tan inspirados y, desde luego, el segundo disco no llega en ningún momento a la excelencia de los cuatro primeros temas del primero. El -estoy seguro- honesto homenaje a Lemmy, “Murder One”, se queda en tierra de nadie y al corte final, “Spit Out The Bone” le sobran sus buenos tres minutos. No obstante, cosas como la inquietante “Am I Savage”, la soberbia “Here Comes Revenge” o la irresistible “Confusion” (Dioses, ¡tengo clavado ese riff en el cerebro!), que abre esta segunda parte, elevan notablemente el nivel. Por otra parte, quizá estamos ante la mejor interpretación vocal de James Hetfield en toda la historia de Metallica. Nunca antes su voz ha sonado tan “musical”.

¿Guiños al pasado? ¡A patadas! ¿Disco del año? No, desde luego que no. Ni siquiera creo que este trabajo vaya a ser mejor considerado que su anterior disco, una supuesta “vuelta a los orígenes”. Pero, en opinión de quien suscribe, Metallica han grabado un puñado de buenas canciones, que ganan con cada escucha. Y es que la mayor diferencia que existe con respecto a su anterior álbum, es que, si en ‘Death Magnetic’, la banda se esforzó -quizá demasiado- en sonar como una banda de thrash metal, en ‘Hardwired… To Self Destruct”, Metallica se han preocupado únicamente de una cosa: de ser Metallica. No seré yo quien se queje.

EDU A. CRIME

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