METALLICA: ¿DISPOSABLE HEROES? (V)

… Y JUSTICIA PARA METALLICA

La primera vez que escuché a Metallica fue en el concierto homenaje televisado a Freddie Mercury, antes de esto los de San Francisco eran la banda esa, junto a Iron Maiden, la cual si veías a un tipo por la calle luciendo una camiseta con su logo te convenía cruzar la calle porque seguramente te iba a atracar y a quitarte el reloj y el dinero de la merienda. Así eran los ochenta, los años de mi niñez, por lo menos en mi pueblo. El Heavy SÍ era violencia. No es como ahora que vas a un concierto de Metallica con tus padres o te compras una camiseta de ellos en el Pull & Bear, eran otros tiempos pero que os voy a contar..

La banda en esta directo me impactó, no estaban mis oídos muy duchos en esto del metal pero estaban presentando el ‘Black Album’ y canciones como “Enter sandman” o “Sad but true” no me resultaban tan ajenas pues ya había escuchado a grupos como Soundgarden, Faith No More o Alice In Chains que si bien no son heavys sí que beben bastante del género. Además en el mini recital ante un repleto Wembley también interpretaron “Nothing else matters” lo que me demostró que además de repartir caña también eran capaces de componer una canción tan bella. Ni que decir tiene que a partir de esto me interese por la discografía de la banda (inmaculada hasta entonces, desde “Kill ´em all” a “The black álbum” no sobra ni una nota) y luego ya asistí en tiempo real a la travesía por el desierto que fueron los años noventa y primeros de los dos mil para ellos. Desde que publicaron el álbum negro y hasta la entrega de “Load” pasaron cinco años y de esos cinco tres fueron una gira mundial casi constante, creo que en esa gira algo murió en Metallica, recuerdo perfectamente las caras de estupefacción y los comentarios de amigos míos mayores, fans de la banda desde el principio, en el kiosco de uno de ellos donde nos reuníamos cuando se publicaron en la prensa musical española las famosas fotos de las sesiones de “Load”, ¡se han cortado el pelo!, se lamentaba uno, ¡vendidos! bramaba otro, ¡maricones! farfullaba un futuro metalpaco mientras negaba con la cabeza y pasaba las páginas de la revista.

Supongo que en la época me dejé llevar por la corriente hater, lo políticamente correcto en los ambientes musicales que frecuentaba era decir que Metallica molaba hasta el noventa y uno. Aunque “Load” escuchado hoy en día no me parece tan malo, pero bien es cierto que palidece comparado con su discografía anterior y que adolece de cierta comercialidad, es el disco de una banda que intenta encontrar su lugar en el mundo en una era en la que había mucha competencia, muchas bandas jóvenes que venían, o eso parecía, a ocupar su lugar, Pantera se instaló en nuestros corazones como la banda de metal definitiva y la publicación en mil novecientos noventa y siete del irregular “Reload” no hizo más que reafirmarme en la opinión de que Metallica ya no molaban, sus cinco primeros discos seguían siendo la hostia pero no, eran una banda en declive, mayores, y molaban mucho más Sepultura o White Zombie, donde iba a parar.

Un punto de inflexión en la carrera de Metallica y de mi interés por ellos se produjo con el estreno del reality/documental “Some kind of monster” en dos mil cuatro. En estos momentos, y como bien se puede apreciar en la filmación, han tocado fondo, la película muestra a una banda vacía de creatividad, hastiada y con muchos problemas de ego, adicciones, etcétera. El documental me fascinó, creo que nunca hasta el momento ninguna banda había expuesto sus miserias de esta manera  y como devorador de documentales de música que soy me parece uno de los más interesantes que he visto nunca y aunque se encontrasen en su momento más bajo y el disco que parieron “St. Anger” es lo peor que han grabado jamás hizo que retomara mi interés por la banda.

A veces para resurgir hay que tocar fondo, y esto es lo que le pasó a Metallica, ficharon para sustituir a un ya muy quemado con ellos Jason Newsted al bueno de Robert Trujillo el cual creo que le ha dado cohesión al grupo, un tipo que ha entrado en una banda ya veterana y que tiene claro quién manda ahí. No tiene el carisma de Jason ni mucho menos el del añorado Cliff Burton pero cumple más que bien su papel, tiene presencia escénica y currículum, pues formó parte de Suicidal Tendencies y de la banda de Ozzy Osbourne, un buen fichaje sin duda. A partir de aquí Metallica abandonan los experimentos y lanzan al mercado en los años sucesivos dos álbumes que recrean su sonido clásico traído al presente, se trata del más que decente “Death magnetic” y del excelente “Hardwired… to self destruct” el cual para servidor es su mejor trabajo desde aquel ya lejano “Black álbum” y que ha hecho que mi afición por los de San Francisco se haya redoblado en estos últimos años, les veo en forma, con ganas, con las ideas claras y aunque me hagan levantar la ceja de vez en cuando como cuando colaboraron recientemente con Lady Gaga creo que han llegado a un momento de su carrera en el que están por encima del bien y del mal. Incluso retrospectivamente veo con benevolencia sus erráticos pasos en los noventa y les agradezco que experimentaran, que no se quedaran encallados en un sonido como sus coetáneos de los ochenta. También creo que es un grupo que ha gestionado su carrera de manera admirable, sobreponiéndose a la tragedia de Cliff y al abandono de Jason siguieron adelante, nunca se han instalado en el guetto heavy, siempre han estado por encima de eso y llevan llenando estadios casi treinta años ya, ni siquiera en los difíciles noventa bajó un ápice su popularidad como sí le pasó a otras instituciones metálicas como JUDAS PRIEST o IRON MAIDEN, METALLICA han sabido situarse por encima de géneros y etiquetas, redefinieron el metal y lo llevaron ante las grandes audiencias, son sin duda la banda más grande de la historia del Heavy Metal.

Por todo ello proclamo que, con sus luces y sus sombras, ADORO a Metallica. Por circunstancias del destino y aunque a veces los he tenido a huevo nunca los he podido ver en directo, espina que me quitaré el próximo cinco de mayo en Barcelona con el añadido de poder ver también a mi banda favorita de la actualidad, Ghost. A buen seguro que será una velada para recordar toda la vida.

TEXTO: NICO GARCÍA

FOTOS: LECUMBERRY

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