METALLICA: ¿DISPOSABLE HEROES? (IV)

NADANDO A CONTRACORRIENTE

Es 1984. En mis manos, dos vinilos. Uno es el primer trabajo de unas jóvenes promesas estadounidenses: Bon Jovi. El otro muestra en su portada una tenebrosa silla eléctrica, en medio de lo que parece ser una tormenta. Se trata del segundo álbum de un grupo de post adolescentes con acné que responden al nada ambiguo nombre de Metallica. Un compañero de instituto con línea directa a Andorra (el paraíso de los discos de importación en los ochenta) me los ha dejado. El tipo es una auténtica enciclopedia de nuevas bandas metalúrgicas, y ya me ha informado del advenimiento de un nuevo estilo, mucho más rápido y agresivo que el Heavy Metal “normal”: el Thrash Metal. Tomo nota, pero mi preferencias en esa época gravitan más hacia los pelos crepados y las sonoridades más melódicas. Así que el primero en pasar por mi añorado tocadiscos es el debut de Bon Jovi. Previsiblemente, adoro el disco desde la primera escucha (ahora no podría decir cuándo lo escuché por última vez).Finalmente, llega el momento de pinchar ‘Ride The Lightning’. Amigos, que tu primer contacto con Metallica sea “Fight Fire With Fire” es como si tu primer combate de boxeo es con Mike Tyson. Jamás había escuchado nada tan rápido. Tan aturdido como fascinado, me enfrenté al resto del disco para acabar rendido ante él. “For Whom The Bells Toll”, “Fade To Black”, “Trapped Under Ice”, y, cómo no, la monumental “Creeping Death”, pasaron a ser imprescindibles en mi dieta musical habitual. Ahí comenzó mi lenta pero irrefrenable aproximación a los sonidos más extremos.

Mi pasión por Metallica llegó a su punto álgido con la publicación, un par de años más tarde, de ‘Master Of Puppets’. Uno de mis discos de cabecera, y, sin duda, la colección de canciones que más llegué a escuchar en 1986. Todo lo apuntado en “Ride The Lightning” eclosionaba en este inapelable trabajo. El Thrash Metal puro de “Battery” y “Damage Inc.”; la excelencia compositiva de “Master Of Puppets” o “Disposable Heroes”; el dramatismo de “Welcome Home (Sanitarium)”l; la contundencia de “Lepper Messiah” y la inigualable “The Thing That Should Not Be”…todo en ‘Master Of Puppets’ rozaba la perfección. Además, sentía una irresistible simpatía hacia Hetfield, Ulrich, Hammett y Burton. Tipos sencillos, con pintas sencillas y que imponían su forma de trabajar y de crear música, sin hacer concesión alguna al mainstream. El tràgico fallecimiento de Cliff Burton nos cogió a todos por sorpresa, y, en la era pre-internet, no pocos temimos por el futuro de la banda. Debido a compromisos ineludibles con la patria, me perdí el legendario primer show de Metallica en Barcelona, ya con Jason Newsted entre sus filas.

Para cuando pude ver a la banda en directo por primera vez (en el Monsters Of Rock 1988) mi “enamoramiento” con Metallica ya había languidecido. No he podido volver a sentir lo mismo que durante esos dos incandescentes años…¡y me parece perfecto! Creo sinceramente que, precisamente por ello, he disfrutado de la banda durante todos estos años, ya que mi perspectiva está dominada por la más absoluta objetividad. Jamás he podido, por ejemplo, conectar con ‘…And Justice For All’ (dudo que lo haya escuchado nunca entero). Tampoco he conseguido establecer un vínculo permanente con el celebérrimo “Black Album”, más allá de la retahíla de singles editados. Eso sí, Metallica en 1991 eran imbatibles en directo. En mi retina y mi memoria permanecerá para siempre el incendiario show en el Estadio Olímpico de Montjuic, en el cual se llevaron por delante a unos aburguesados AC/DC. Posteriormente, viví con diversión la polvareda mediática que supuso la edición de ‘Load’ y ‘Reload’. Trabajos correctos, desde mi punto de vista; ni tan buenos ni tan malos como unos y otros querían hacernos creer. Dos discos que fueron juzgados màs por el cambio de imagen de la banda que por su contenido.

Curiosamente, en los últimos veinte años, Metallica me han proporcionado más de una alegría. He disfrutado lo indecible con artefactos como ‘Garage Inc.’ o “’S&M’. Con respecto al primero, este es uno de los rasgos que más respeto en Metallica: la pasión absoluta e inagotable que sienten por sus bandas favoritas. No solo lo han demostrado con lanzamientos como ‘Garage Inc.’ sino en conciertos como los de celebración de su trigésimo aniversario, en los cuales invitaron a miembros de Diamond Head, Mercyful Fate o Saxon. Parece claro que Hetflied y Ulrich siguen teniendo muy presente de dónde vienen. Por supuesto, no todo es de color de rosa para éste que suscribe. Lo de ‘St. Anger’ no fue de recibo, y aborrezco todo lo referente a ese infumable engendro. No obstante, no pude evitar visionar el patético docu-psico-drama ‘Some Kind Of Monster’ con media sonrisa en los labios; por mucho que se trate de uno de los pasos en falso más atronadores de la historia de nuestra música. La clave es, amigos, que Metallica continúan entreteniéndome. Son leyendas en vida. No tienen que demostrarle nada a nadie, pero siguen grabando discos, siguen intentando superar sus presentaciones en directo (¿quién puede resistirse a un show tan espectacular como el filmado para ‘Through The Never’?), y se van a tocar a la Antártida, si hace falta. Estoy seguro de que, más allá de lo abultado de sus cuentas corrientes, de las colecciones de arte de Lars Ulrich, o de la censurable afición de Hetfield por la cinegética, esos tipos siguen disfrutando de lo que hacen. Siguen siendo capaces de ofrecer shows potentes, y, -lo digo con la mano en el corazón-, me siguen convenciendo a nivel discográfico (‘Hardwired…To Self Destruct’ me parece excelente). Jamás volverán a hacerme sentir como en 1986, ni falta que hace. Lo que pueden tener por seguro, es que seré el primero en la cola para escuchar un eventual nuevo disco de Metallica. Y, muy probablemente, lo disfrutaré. Y es que, como ya he comentado en más de una ocasión, a uno le gusta nadar a contracorriente.

TEXTO: EDU A. CRIME

FOTOS: LECUMBERRY






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