METALLICA: ¿DISPOSABLE HEROES? (II)

Segunda entrega de esta serie de artículos de opinión sobre Metallica. Esta vez le toca a Xavi Martínez dar su visión sobre la banda y su relación en clave de ellos, las fotos de Lecumberry siguen acompañando los textos.

MONTAÑA RUSA DE EMOCIONES

Si me preguntan por mi relación con Metallica tendría que decir que lo nuestro ha sido una montaña rusa de emociones, he ido de un extremo a otro. Algo que si uno lo piensa fríamente se puede antojar hasta como lógico. Metallica ha sido una de las mejores (sino casi la mejor) y más influyentes bandas que ha dado el heavy metal y es normal que hayan provocado reacciones extremas en la comunidad musical.

Les descubrí allá por 1987, todos los ríos de tinta que había desbordado la publicación de ‘Master Of Puppets’ hicieron que me animara a ir a comprar el susodicho disco, y el shock que tuve fue inolvidable. Sin duda me encontré con un disco más que excepcional. Hacían metal pero eran frescos, excitantes, tenían energía, mala uva…Habrían una tercera vía en el heavy metal, que en esos momentos estaba dando ya demasiados signos de estancamiento y de autocomplacencia. Lo reconozco, me enamoré perdidamente del cuarteto, no podía dejar de escuchar   ‘Master Of Puppets’ a todas horas, pensaba que nunca podría escuchar un disco mejor que ese. El subidón ‘Master’ me obligó a echar la vista atrás y el gozo era continuo; ‘Kill’em All’ y “Ride The Lightning” también colmaron todas mis expectativas. Y fue en 1988 cuando les vi por primera vez en directo y aquello tuvo algo de mágico, no ya sólo porqué la banda ofreciera un buen concierto, sino que se palpaba una conexión absoluta entre público y banda, un público nervioso, excitado y ansioso por ver a uno de los grupos metálicos que entonces estaba rompiendo la pana. Pero la cima de la banda y de mi relación con ellos llegó con la publicación del ‘Black Album’, si habían dado un giro, habían cambiado las estructuras del thrash metal por los patrones del rock clásico, pero el disco era inmenso y nunca me molestó su éxito masivo, estaba feliz de ver a esa banda que tanto me gustaba calando entre todos los públicos, es como si media humanidad me estuviera dando la razón. El histórico concierto en el Palau Sant Jordi en 1992 fue la cima de mi relación con ellos, les amaba con auténtico frenesí,  pero después de eso nuestra relación se enfrió.

Llegaron ‘Load’ y “Reload” y un inesperado cambio de imagen. ¿Me molestó? Pues la verdad es que no, me sorprendió su nueva estética pero uno ya había dejado de ser Paco hacía tiempo, no le di más importancia. La música ya fue harina de otro costal, sigo pensando que especialmente ‘Load’ es un trabajo notable, pero algo se había quedado por el camino, su viraje hacia el rock &roll a tope de Les Paul (no hacia el pop o Poptallica como se hincharon a decir unos cuantos necios) les quedaba bien, pero no del todo, ya no era lo mismo, pero al menos hay que reconocerles que hicieron lo que les apeteció en ese momento. A partir de ahí me empecé a desentender y es que hay que reconocer que no pararon de dar un traspiés tras otro; conciertos normalitos, discos mediocres de versiones, experimentos infumables con orquestas y todo hasta llegar al vergonzoso ‘St. Anger’, coronado por ese documental llamado ‘Some Kind Of Monster’, el punto más bajo y lamentable de su carrera y que me hizo desentenderme de ellos hasta pasados muchos años. Era inconcebible ver a una de las mejores bandas de metal de la historia pergeñando un supuesto documento de introspección personal que bien podría haberse llamado ‘Tres tontos muy tontos”. Por supuesto el público les seguía llenado los pabellones y poco a poco fueron recuperando la cordura (no toda) con los aceptables ‘Death Magnetic’ y ‘Harwired To Self Destruct”, discos hechos para contentar a los seguidores pero sin riesgo, riesgo que si encontré en el denostado y vilipendiado ‘Lulu’ con el malogrado Lou Reed y que a nivel personal disfruté. Ahora mismo nuestra relación se ha normalizado, he vuelto a verles en directo y aunque la magia ya hace tiempo que despareció son capaces de dar recitales solventes y con un cierto gancho. Me gusta verles de cuando en cuando, escucho sus nuevos trabajos sin prejuicios pero sin la pasión y el fuego de antes. Todo sigue unos cauces normales, pero nunca olvidaré que durante unos años era motivo de orgullo ser seguidor de esta banda, que a la larga hay que agradecerle que haya llevado el metal a todos los públicos y normalizara la situación del género dejando de ser el hijo feo y bastardo del rock & roll.

TEXTO: XAVI MARTÍNEZ

FOTOS: LECUMBERRY






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