METALLICA: ¿DISPOSABLE HEROES? (I)

Se acercan las nuevas fechas en directo de Metallica en España. Como es lógico una visita de los cuatro jinetes despierta como siempre una expectación inusitada, normal hablamos de un coloso y de la banda más importante de la historia del heavy metal.  Por eso desde este humilde rincón virtual hemos decidido decir la nuestra con una serie de artículos de opinión de algunos de nuestros colaboradores. En los que nos relatarán su relación más íntima y personal con los creadores de ‘Master Of Puppets’. Estos artículos irán acompañados de fotos que hizo a la banda el fotógrafo Luis Lecumberry. A continuación podéis leer la primera de nuestras entregas pasionales y cercanas a Metallica.

METALLICA: TRIUNFO, DECEPCIÓN Y DESAMOR

Esperaba que nunca llegaría este momento, no obstante la actualidad manda y hay ciertas cosas que no pueden ser ignoradas. O dicho de otra manera, no me apetecía nada volver a escribir sobre Metallica, pero ante la inminente visita del cuarteto a nuestro país se imponía el reto. Metallica… Ese grupo del cual todo el mundo parece tener una opinión, y que en la mayoría de casos son ideas fijas, muy viscerales y, por lo general, poco ponderadas. O se les ama o se les odia, y parece no haber punto medio. No sé el resto de los mortales, pero mi idea sobre ellos reside justo entre el amor lejano que no volverá  y la indiferencia. Metallica se me antoja esa antigua novia cuyo embrujo, pensabas que, duraría para siempre y cuya presencia simplemente se desvaneció. Sin broncas, sin engaños ni malas palabras. Simplemente un día te diste cuenta que quien lo era todo para ti ahora no significa nada. Miras su foto y no sientes nada más que vacío. Te llama para tomar un café y la pereza es taaan enorme que ni siquiera buscas una excusa para justificarte. Simplemente dices que no y te das media vuelta en tu sofá para continuar tu siesta.

Me he puesto ‘Hardwired… To Self-Destruct’ en Spotify– un CD que me regalaron en su momento, en busca de inspiración y, posiblemente, de esa chispa que me pueda volver a encender la pasión y… nada. Bien tocado, bien producido y con una clara intención de recuperar la mordida, pero todo me suena plano, impostado y poco inspirado. Y con la seguridad de quien se sabe poseedor de uno de los mejores know how del mundillo, y que simplemente se ha sentado delante de una pizarra a tirar de fórmulas y guiños que suponen que van a satisfacer a aquellos fans irreductibles que siguen ahí en busca de la Piedra Filosofal perdida. Pero para mí es tarde. Otros amores han aparecido en mi horizonte musical y, aunque en ese sentido sigo siendo tan promiscuo como siempre, ahora escojo con mucho esmero con quien intercambiar fluidos.

Recuerdo ese primer flechazo, cuando el desaparecido Jordi Tardà nos descubrió ‘Ride The Lightning’ en su programa de radio. Aquel era el camino, voces rasgadas, riffs cortantes como cuchillos y esas aceleradas de ritmo que pronto nos introduciría en lo que se conocería como thrash metal. Justo la patada en el trasero que el heavy metal necesitaba, pues gran parte de él entraría en la parodia-autodestructiva marcada por el rimmel, los pelos crepados y los pantalones marcahuevos de licra. La creatividad y las pelotas ya estaban en otro lado. Amé a Metallica con ‘Kill’em All’, ‘Ride The Lightning’ y ‘Master Of Puppets’, discos enormes, eternos e incontestables. Mi amor no decayó con ‘… And Justice For All’, a pesar de la leve sombra de aburrimiento que asomó por entonces (¿progresivos? ¡Ja! Hacer los temas más largos y complicados no te convierte en prog. Y eso también va por Maiden) y por la ausencia del bajo del desdichado Newsted. Les defendí a muerte -por escrito, en persona y en algún programa de radio- cuando publicaron el ‘Black Album’ (a pesar de la leyenda que reza que alguien les impuso la consigna ‘Bien, ya habéis hecho música, ahora vamos a hacer pasta’), ambos ‘Load’ e incluso el ‘St. Anger’. Yo había evolucionado como persona y como oyente, y entendía perfectamente su deseo de probar cosas nuevas, pasando por encima de estilos, etiquetas y de lo que se esperaba de ellos. Para hacer música asalvajada ya estaban otros, que a la postre eran mucho más solventes. La reedición del ‘Garage Inc’ renovó momentáneamente mi amor y entusiasmo, pero ya no era lo mismo. Cierto, era un disco de versiones en el que sentías su devoción y entusiasmo por la música que les gustaba, pero algo se había roto en mi amor hacia ellos. Empecé a no tolerar sus caprichitos de nuevo rico (ese infumable disco con la orquesta),  el patético documental donde dejaban al descubierto todas sus miserias, sus declaraciones cada vez más irritantes, sus cansinas sesiones de fotos, ese ‘Death Magnetic’ y su horrendo sonido saturado, ese sinsentido de película tan cerca del onanismo indisimulado, esa ofensa en toda regla que supuso ‘Lulu’ y, finalmente, este ‘Hardwire…’, y su aluvión de videos, que sigue sonando en el momento de escribir estas líneas y que no me transmite absolutamente nada. Saturación, sobreexposición y muy poca chicha detrás.

Respeto a Metallica por su aportación al heavy metal, enorme, inconmensurable y nunca suficientemente valorada. Su legado –tanto artístico, como para la industria en si misma- sigue vigente hasta el día de hoy y no parece que los límites de su influencia estén a la vista. Pero si hay algo que no perdono, y lo hago extensible a cualquier manifestación artística, es que una banda me aburra. Y eso es lo que Metallica, mi antigua novia está aún de buen ver, y entiendo perfectamente la expectación y las miradas de deseo que levanta a su paso, pero uno ya está en otra órbita y ahora mismo tengo una lista de prioridades mucho más atractivas que reclaman mi atención inmediata.

YURI VARGAS

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