MARTE (Ridley Scott)

Marte¿”Obra maestra”? ¿Nos hemos vuelto locos? Dudando entre otros estrenos recientes, consulto reseñas en internet y ‘Marte’ aparece casi como la mejor valorada de la cartelera; además, Ridley Scott es autor de dos maravillas totémicas de la ciencia-ficción como son ‘Alien’ (1979) y ‘Blade Runner’ (1982)… pero poner ‘Marte’ a la altura de estas obras de referencia es un despropósito descomunal. Se comenta la verosimilitud de la historia, avalada con abrumadores datos técnicos y la posibilidad de sobrevivir cierto tiempo en un territorio tan hostil para la vida (la película se hizo antes del reciente descubrimiento de que el planeta rojo alberga agua), y puede que sea interesante ver un rato cómo se pueden cultivar patatas o cómo reducir en un par de años un posible viaje de rescate, pero a veces los datos en demasía no ayudan a disfrutar de una película que se pretende ficción, no documental. Y el protagonista se diría más una especie de MacGyver marciano y aventurero (sabe de todo y todo lo arregla) que un astronauta enfrentado a una soledad total. Aunque las comparaciones sean odiosas (o no), ‘Gravity’ (dirigida en 2013 por Alfonso Cuarón, autor también de la excelsa ‘Hijos de los hombres’), con la que comparte temática espacial y cierto sustrato científico-divulgativo, tenía mucho más nervio y suspense, y noventa minutos claramente más atractivos que los excesivos ciento cuarenta de esta cinta. Y si seguimos hablando de ciencia-ficción reciente (vertiente espacial), las desiguales ‘Prometheus’ (dirigida por el propio Scott en el 2012) o ‘Interstellar’ (Christopher Nolan, 2014), a pesar de sus altibajos, eran propuestas mucho más estimulantes, al igual que la modesta e imaginativa ‘Moon’ (dirigida en el 2009 por Duncan Jones, hijo de un tal David Bowie). Podría ser algo simplista decir que ‘Marte’ es una americanada con final ultra previsible, con personajes olvidables que no evolucionan nada y un Matt Damon más centrado en mostrar pectorales que en reflejar la desesperación que cabría suponer en alguien abandonado a su suerte. Llámenme “simplista”, pues.

JORDI PLANAS

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