MARDUK: LA SANGRE, LA GUERRA, LA MUERTE

Cuando en 1990, el guitarrista Morgan Håkansson fundó Marduk, su intención era llegar a ser la banda más blasfema del mundo. Casi treinta años después, no estoy seguro de que lo haya conseguido (más bien tiendo a pensar que no), pero lo que es indudable es que Marduk son uno de los máximos exponentes de la segunda ola de Black Metal, y una de las bandas más prolíficas y trabajadoras de la historia del género. Su consagración a la doctrina satánica (en todas sus vertientes) está, igualmente, fuera de toda duda, lo cual se hace evidente a través de las letras de sus canciones. Håkansson ha llevado adelante a Marduk con mano de hierro durante casi tres décadas, sin hacer ningún tipo de concesión; manteniendo su sonido, pero, al mismo tiempo, también una evolución lenta pero inexorable. Como buenos exponentes de la escuela sueca del Black Metal, en Marduk prima la velocidad sobre todas las cosas, y tiene como principal seña de identidad el característico estilo de “tremolo picking” de su alma máter. No obstante su paleta estilística se ha ido expandiendo en sucesivos lanzamientos, hasta la actualidad. Igualmente, como es también usual en el género que nos ocupa, la formación de Marduk ha variado constantemente desde su gestación,y y únicamente Håkansson ha estado presente en todas y cada una de las alineaciones de la banda, por la que han pasado hasta tres cantantes diferentes e innumerables baterías.

Una de las constantes en la carrera de Marduk es su total devoción por la guerra. Håkansson siente auténtica pasión por los conflictos bélicos, en especial por la Segunda Guerra Mundial. Dicha pasión le ha acarreado no pocos problemas, debido a las repetidas alusiones en sus canciones a diversas “personalidades” del nacional socialismo o del Tercer Reich. Se trata de historia, es cierto, pero es imposible no percibir cierta tendencia filo-fascista, aunque sólo sea por su componente estético. O tal vez se trate del mero “shock value” que supone hacer apología, aunque sea velada, de cuestiones de este tipo. Sea como fuere, el ritmo de trabajo de Marduk, -y por ende de Håkansson- ha sido constante desde la aparición de su debut, ‘Dark Endless’, en 1992. Un trabajo tosco, poco definido, pero cargado de testosterona post adolescente y rabia incontenible. Así, para 1996, Marduk habían publicado ya su cuarto trabajo, el poderoso ‘Heaven Shall Burn..When We Are Gathered’, cuyo título está extraído de la canción de Bathory, “Dies Irae”, del colosal ‘Blood Fire Death’. Podemos decir que este es el primer trabajo de Marduk totalmente “enfocado”, e igualmente, supone el debut discográfico del carismático vocalista Legion (ex-Ophtalamia) Junto al bajista B War y el batería Fredrik Andersson, estamos ante la primera formación “clásica” de Marduk.

Con este line up asentado, la banda inició entonces una de sus etapas más fructíferas tanto a nivel discográfico como de popularidad, y entre 1998 y 2001 editaron tres álbumes que componen una trilogía conceptual, si bien a un nivel bastante abstracto. Estos tres trabajos están consagrados a la sangre, la guerra y la muerte, respectivamente. Según el propio Håkansson, los tres pilares básicos sobre los que se asienta la “raison de être” del Black Metal, además de, por supuesto, el satanismo más recalcitrante. No sabemos realmente si la idea de enlazar tres discos con temáticas relacionadas estuvo concebida así desde un principio, o fue desarrollándose paulatinamente. Quizá la estabilidad de la formación de Marduk durante esos años tenga mucho que ver en esta eclosión creativa.

Sea como fuere, en 1998 aparecía “Nightwing”, primer trabajo de esta trilogía, cuya temática gira en torno a la sangre. ¿Y qué puede ser más adecuado para hablar de sangre, que referirse a los vampiros? Efectivamente, este “Nightwing” está dedicado a nuestros chupasangres favoritos. A nivel conceptual está dividido en dos partes: una primera más general, y la segunda, cómo no, protagonizada por Vlad Tepes, el “vampiro” más famoso de la creación. Musicalmente estamos ante un trabajo en el cual ya se aprecian los primeros síntomas de aperturismo estilístico. El Black Metal puro y “marca de lacasa” domina la primera parte del trabajo, como atestiguan “Bloodtide XXX”, o las venenosas “Of Hell’s Fire” y “Slay The Nazarene”. Dividiendo ambas partes encontramos el tema homónimo, “Nightwing”, el cual, curiosamente, no aparecía en los créditos de la primera edición. Se trata de un tema de corte mucho más atmosférico, de minutaje màs largo, una senda que Marduk sigue explorando en dos de las mejores piezas del disco, “Dreams Of Blood And Iron” y “Dracole Wayda”. La final, “Anno Domini 1476” incluye un pasaje de la marcha fascista “La Lupta Muncitori”, de la “Guardia de Hierro” rumana (estos tipos no dejan escapar una oportunidad)

Tan solo un año después de “Nightwing”, Marduk editaban el descomunal ‘Panzer Division Marduk’. Amigos, esto es harina de otro costal. Como ya habrán adivinado, ‘Panzer Division Marduk’ va de guerra, ¡Qué demonios! ¡Es la guerra! Nos encontramos ante una verdadera oda al conflicto armado. Ocho temas descargados sin piedad y a velocidad vertiginosa, en unos escasos treinta minutos. Casi podría decirse, pues, que ‘Panzer Division Marduk’ es el ‘Reign In Blood’ del Black Metal. Para este trabajo, Marduk se despojaron de toda floritura y giro innecesario, y se concentraron en escupir metralla Black, ejecutada con una nitidez pasmosa (de diez, la sección rítmica War-Andersson). Una involución en toda regla que, sin embargo, resulta de lo más efectiva. El tema homónimo, que abre el disco, es un auténtico “blitzkrieg” sonoro de menos de tres minutos. Las furibundas “Baptism By Fire” y “Christraping Black Metal” completan un inicio escalofriante. Y, para cuando uno quiere darse cuenta, se han sucedido salvas del calibre de “Blooddawn” (con un descomunal riff), “502” o la inequívoca “Fisftucking God’s Planet”, y Marduk te han pasado por encima al igual que la máquina de guerra que ilustra la portada del álbum.

Tras la publicación de ‘Panzer Division Marduk’ quedaba meridianamente claro que no era posible (o, tal vez, recomendable) ir más allá, en cuanto a velocidad. No es de extrañar, pues, que para el siguiente álbum, que completaba la impía trilogía, la banda desplegara todos sus recursos compositivos para ‘La Grande Danse Macabre’. Un trabajo dedicado, cómo no, a la lúgubre Parca, y que constituye el disco más variado y elaborado de la carrera de Marduk hasta ese momento. En ‘La Grande Danse Macabre’ se alternan constantemente el Black Metal más genuino con temas a medio tiempo, de corte más atmosférico. Así, “Azrael”, el tema más descaradamente Black del trabajo, se encuentra embutido entre dos enigmáticas instrumentales, “Ars Moriendi” y la excelente “Pompa Funebris 1600”, con sus tonalidades arabescas. “Obedience Unto Death” y “Death Sex Ejaculation” conectan directamente con la virulencia de su predecesor. Por contra, “Bonds Of Unholy Matrimony” y la propia “La Grande Danse Macabre” beben directamente de la etapa “vikinga” de Bathory, y constituyen dos de las piezas más extensas de la discografía de Marduk. La rotunda “Funeral Bitch” es, sin duda, uno de los cortes más destacados del álbum. Un álbum que finaliza a todo tren con la explícita “Jesus Christ…Sodomized”, a modo de recordatorio de que Marduk es una banda de Black Metal.

A pesar de su indudable calidad, en ‘La Grande Danse Macabre’ comienzan a aparecer los primeros signos de fatiga en esta encarnación de Marduk. Especialmente, el nivel vocal de Legion parecía quedarse algo estancado ante la evolución compositiva que estaba experimentando la banda. De hecho, el siguiente álbum, ‘World Funeral’ sería el último que Legion grabaría con Marduk. Tras la consiguiente gira, el frontman fue expulsado de la banda. A partir de entonces, Morgan Håkansson uniría fuerzas con Mortuus, el colosal frontman de Funeral Mist y Triumphator, e iniciaría así una nueva y apasionante etapa. Pero esto, como a mí me gusta decir, es otra película.

EDU A. CRIME

 

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