MALCOLM HOLCOMBE (Rocksound, Barcelona 14/05/19)

Hay una máxima que se va afirmando por ahí y que a nivel personal siempre he encontrado un poco absurda. Se aplica a muchos artistas y la he leído aplicada al bueno de Malcolm Holcombe, la cosa dice más o menos así; “En un mundo perfecto Malcolm Holcombe estaría actuando en grandes recintos”. Precisamente la gran virtud de este artista es que lo que hace no va dirigido a los que abarrotan enormes recintos, lo suyo va dirigido a una minoría que no entiende de hypes ni de postureo. Y esa minoría casi abarrotó la carismática sala de Poble Nou para ver de nuevo de cerca al de Asheville en formato íntimo. Y reconozco que no soy mucho de conciertos de artistas en solitario que basan su propuesta sobre las tablas en su voz y guitarra acústica, pero reconozco que al ser Malcolm Holcombe un artista que sabe hacer canciones con mucho fundamento no dude en acercarme a presenciar su propuesta. Y no erré el tiro ya que lo que ofreció Mr. Holcombe durante setenta minutos se puede catalogar de exquisito y de una personalidad abrumadora. Sentado y con su guitarra puede dar una imagen o concepto de persona ajada o desastrada con tintes de trotamundos que ha vivido demasiado. Pero una vez la música empieza fluir no se puede reprochar absolutamente nada a este tipo. Sin prisa pero sin pausas fueron cayendo tonadas de corte íntimo y a veces de cierto poso dylanita que ganaban en solera y profundidad en un formato tan a pelo. “I Don’t Wanna Disappear”, “Another Black Hole” o “Down The River” fueron algunas de las canciones que sonaron y que Malcolm Holcombe se encargó de insuflarles nueva vida y de ejercer de genuino storyteller, presentando algunas de ellas con interesantes interludios hablados y quitando a ratos hierro al asunto con anécdotas personales o entonando jocosamente el “Born To Be Wild” de Steppenwolf cuando se daba cuenta de que el público se venía arriba. No era para menos lo de esta velada fue algo especial y la comunión entre público y artista fue absoluta logrando prácticamente durante todo el concierto el ansiado silencio que requería una ceremonia que se podía haber vivido en cualquier local de los Apalaches. Y Malcolm terminó su concierto tan disimuladamente como lo había empezado, desapareciendo entre la multitud, sin dar la nota y con los ecos de sus artesanales canciones aun rebotando por las paredes de la sala. Una noche para el recuerdo.

TEXTO: XAVI MARTÍNEZ

FOTOS: LECUMBERRY






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