MACHINE HEAD: CATÁRSIS METÁLICA EN DOS ACTOS (II)

Esta mañana ha sido el turno para recuperar ‘Burn My Eyes’, uno de los debuts más importantes de la historia metálica. Y ahora le damos la vez a ‘The Blackening’, trece años después Robb Flynn y los suyos tras una etapa confusa y dispersa volvían a dar un puñetazo en la mesa con un disco que les devolvía a sus raíces thrash pero con una notable vena progresiva, y que para muchos es el mejor disco del género publicado en la primera década del nuevo milenio.

‘THE BLACKENING’ (2007)

Pocas bandas son lo suficientemente afortunadas de tener una segunda oportunidad en su carrera. Machine Head es una de ellas. Y aún menos bandas han sido capaces de redefinir el género, no una, sino dos veces. Machine Head es una de ellas. En 1994, la, entonces, nueva andadura de Robb Flynn, hizo volar por los aires la escena metálica con la edición del incandescente ‘Burn My Eyes’, sin duda uno de los discos que revolucionó el metal en los noventa, -junto a ‘Far Beyond Driven, de Pantera, ‘Chaos A.D.’ de Sepultura, y ‘Demanufacture’, de Fear Factory-. Se hace difícil, pues, imaginar, que tan sólo siete años más tarde, Machine Head estaban a punto de desintegrarse. Efectivamente, en 2001 la carrera del combo se encontraba en la cuerda floja. Tras un par de discos demasiado inmersos en las pantanosas aguas “nu” (que no “new”) metaleras, la huida/despido (táchese lo que no proceda) del guitarrista Ahrue Luster precipitó la salida de Machine Head de Roadrunner, su sello de toda la vida, e inauguró la etapa más oscura en la historia de la banda. Por fortuna, la travesía en el desierto concluyó en 2003, con la incorporación del guitarrista Phil Demmel, viejo compañero de Flynn en Vio-Lence, que insufló nuevos bríos a unos muy necesitados Robb Flynn, Adam Duce, y Dave McClain, que, a duras penas habían capeado el temporal. Un flamante nuevo contrato con Roadrunner dio sus primeros frutos el mismo año, con la edición del aclamado ‘Through The Ashes Of Empire’, el disco que volvió a poner en el mapa a Machine Head. El tema estrella del trabajo, la incomensurable “Imperium” nos presentaba a una nueva banda, más agresiva y, a la vez, más progresiva, que nunca.

No es de extrañar, pues, que tras el exitoso ciclo de ‘Through The Ashes Of Empire’, la banda tirase la casa por la ventana, al planear el siguiente disco. Así, en 2007 aparecía ‘The Blackening’, con el cual, y por segunda vez en su carrera, Machine Head reescribían las reglas del juego. ‘The Blackening’ es la dramática eclosión de lo que ya se intuía en ‘Through The Ashes Of Empire’: las influencias “thrash” están a flor de piel, y también el “groove” más irresistible; todo ello engrandecido por la recién adquirida querencia por lo progresivo. Una pátina que engalana la totalidad del trabajo, desde los monumentales diez minutos de “Clenching The Fists Of Dissent” que inauguran el trabajo por todo lo alto. Quizá estemos ante el paradigma sonoro de los nuevos Machine Head: agresivos, melódicos, complejos, y majestuosos. A partir de ahí, siete temas más sin un solo minuto de relleno, convierten ‘The Blackening’ en uno de los mejores discos de la década (EL mejor, si hacemos caso a los Polls de la revista Metal Hammer) Así, las escalofriantes “Beautiful Mourning” o “Now I Lay Thee Down”, con sus bellísimas partes melódicas, conviven con salvajadas “thrash”, como “Aesthetics Of Hate”; a la par tributo a Dimebag Darrell, y un rotundo “Fuck You” a William Grim, autor de un artículo en el cual alababa el asesinato del llorado guitarrista de Pantera. Vitriolo sonoro en estado puro. “Slanderous” es, posiblemente el tema más directo del disco, lo cual contrasta con los nueve minutos largos de las dos siguientes piezas: la rotunda “Wolves” (sin duda una de las joyas ocultas en la discografía de Machine Head), y la absolutamente descomunal “Halo” ¿Quién no ha sentido la irrefrenable necesidad de encabezar su propia revolución contra la religión organizada, tras escuchar a Flynn escupiendo aquello de: “This is a call to arms. Will you stand beside me?”? “A Farewell To Arms”, con sus más de diez minutos de duración, constituye el momento más complejo y progresivo de ‘The Blackening’, aunque indudablemente supone un digno final para, insisto, uno de los mejores discos de la primera década del nuevo siglo. Y, si bien es cierto que Machine Head han mantenido el tipo desde entonces, no lo es menos que, hasta el momento, no han vuelto a alcanzar el nivel de excelencia del trabajo que ha ocupado estas líneas. Pero eso ya es otra película.

EDU A. CRIME

 

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