LED ZEPPELIN: CINCUENTA AÑOS DE ‘EL DEBUT’ (Y II)

DEFINIENDO EL LEGADO

Mentiría si dijese que me fijé en Led Zeppelin con su primer trabajo, ‘Led Zeppelin I’. Como muchos de mi generación empecé con la banda con su imprescindible ‘IV’; sí, cuando eres un niñato en esto del Rock n’ Roll es imposible resistirse a las primeras notas de “Stairway To Heaven”. Sin embargo, cincuenta años después de su aparición, pocos debuts de una banda se me antojan mejores que esa gran obra, ‘Led Zeppelin I’.

Jamás he entendido que alguien que no escuche Rock, sea cual sea su estilo, no sienta pasión por el legado de Page, Plant, Bonham y Jones. Talento, arrojo, provocación, histrionismo, sensualidad, sexualidad, misticismo…hicieron de la banda un cóctel explosivo ya presente en su debut, cuya grandeza fue palpable en temas como ‘Babe I’m gonna leave you’ o ‘Dazed and Confused’. Sin embargo, tengo la sensación de que esa cierta tendencia ‘hater’ de la actualidad hacia los británicos, no se da con nombres coetáneos como Black Sabbath o Deep Purple entre otros. Quizá la singularidad de Plant se le atraganta a más de uno en tiempos modernos, olvidándose, precisamente, que él fue de los primeros en atreverse a ser lo que nadie podía ser.

A pesar de que Led Zeppelin I no llega a la maestría de ‘Physical Graffiti’ o II, sí fue un perfecto compendio de lo que la banda llegó a ser capaz de realizar. Un álbum con delicioso sabor hippy, elegante gusto por los sonidos acústicos, riffs enormemente pegadizos, blues sucio de vieja escuela y mucho hard rock; todo ello para completar un trabajo impecable que sirvió de perfecta pista de despegue a la maravillosa década de los setenta.

2019 y el disco me sigue pareciendo igual de apetecible que en su primera escucha. A diferencia de otros trabajos de grandes nombres suena igual de atractivo, fuerte y directo como la primera vez que ‘Communication Breakdown’ sacudió mi cabeza: entró y no marchará jamás. ¿Led Zeppelin de vuelta? Prefiero seguir disfrutando de como sonaban antaño; hay cosas que no han de tener segunda parte.

DANI S. GARCÍA

EN BLANCO Y NEGRO

Si me preguntan cuál es mi banda favorita, debo reconocer que antes de Led Zeppelin nombraría a algunas. Eso sí, estarían en el top five. Pero mi subconsciente sabe que le engaño. No quiero reconocer la verdad indiscutible. Y sí, Led Zeppelin es la banda más totémica que jamás haya existido. Inigualables a la vez que irrepetibles. Con ellos empezó el fenómeno “estadio”. Por mucho que se les haya imitado hasta la saciedad, jamás existirá una formación como esa.

Es curioso, ahora que se cumplen cincuenta años de su primer álbum cómo, un servidor, asocia ese disco y esa época (no había nacido en 1969) con ese concierto en blanco y negro que dieron para una radio de Dinamarca el diecisiete de marzo de 1969 y que encontraran en youtube. Mi mente no puede separar ese primer disco de ese concierto.

Más allá de manidos discursos relativos a si los temas incluidos en ese trabajo son o no plagios de blues, la realidad supera esos aburridos discursos. Estamos ante cuatro tipos que fundamentalmente era unos músicos virtuosos. Sí, piensen en los grupos clásicos de los setenta coetáneos de Zeppelin y me sabrán decir de memoria sus formaciones (Stones, Beatles, Kinks, Cream, The Who…). Eso es algo que no ocurre hoy por hoy. Con los Zeppelin no hacían falta fuegos artificiales, ni “pro tools”, ni nada de eso. Una base rítmica apabullante y adelante.

Page, como músico de estudio y ex Yardbirds; Bonham por ser, quizás junto con Keith Moon el mejor batería de toda la historia y John Paul Jones por ser un mago de las cuatro cuerdas que remataba el groove de esas grandes canciones. Si a eso se le añade el timbre y cierto deje de Plant al cantar, la formula resulta explosiva. De hecho, la producción a cargo del mismo Jimmy Page, para mi es inapreciable. Son cuatro tipos tocando prácticamente en directo.

Pese al debate inicial de si su primer disco era o no “heavy”, en realidad, lo que opino que la banda hace en ese disco es blues. Y sólo blues. Porqué más allá de las versiones de Willie Dixon (“You Shook Me” o “I can’t quit you baby”), en realidad el resto de temas del álbum (léase, “Good Times Bad Times”, “Dazed and Confused”, “How many more times”, etc…) son puro blues, si quitamos ese rock and roll pendenciero y cortante que es Communication Breakdown (¿el origen del punk?).

El primer álbum de Lez Zeppelin tampoco es mi favorito, pero es indiscutible que es una obra magna que no puede faltar en ninguna colección que se precie. De hecho, hay que tenerlos todos.

JORDI SÁNCHEZ

LA GÉNESIS DE UN MITO INCOMBUSTIBLE

Se cumplen cincuenta años del primer trabajo de los Zepps y la ocasión requería toda nuestra atención. Vale, pero llegados a este punto, ¿en qué podría contribuir este veterano metalhead, por recurrir a una definición reduccionista, que no aportaran otros teclados mucho más autorizados que el mío… y sin fusilar la Wikipedia y hacerlo pasar como un artículo? Pues mi visión personal, para bien o mal, y a ello vamos. Es curioso, pero cuando servidor llegó al mundo, este disco había sido publicado un par de semanas antes. Esto, evidentemente, no significa un carajo, aunque sí que es cierto que cuando me empecé a interesar en serio por la música, a los  trece o catorce años, Led Zeppelin ya disfrutaban  del estatus de dioses intocables. Alguien me había dicho que tenían al mejor batería del mundo, porque “mira qué solo de batería más largo” (versión en directo de “Moby Dick”, obviamente) u otro que me aseguraba que el mejor solo de guitarra de la historia era el de “Stairway to Heaven”. Que sí, que sí, pero por entonces Kiss habían atrapado mi alma y ya puestos a escuchar “música de viejos”, prefería el “In Rock” de Purple o la oscuridad de Sabbath. Cuestiones de identificación y urgencia generacional, sin más. Zeppelin me gustaban y, sobretodo, les respetaba (¿se puede hacer  otra cosa?), pero por entonces les encontraba demasiado serios, profundos… y adultos. Posteriormente descubrí que el término adecuado era bluesies. Demonios, acababa de descubrir a Priest y Maiden, la avalancha metalera que se nos iba a venir encima era inabarcable e inevitable, así que no les eché en falta durante un tiempo. Pero, en un proceso paralelo al que experimenté con la banda de mi vida, Rush, les fui redescubriendo de forma lenta pero inexorable. Mi mirada no era ya la misma y pasado el pasmo provocado por tanto pelo crepado y espándex  me concentré más en la música per se y dejé atrás para siempre los fuegos artificiales. Quizás el toque de atención vino de la mano de Nuclear Assault y su desacomplejada cover de “Good Times Bad Times”. ¿Qué hacía una banda de thrash revisando un clásico como ese? Una pregunta que, lejos de contestarse sola, dio paso a muchas otras, y así hasta la fecha, pues los que tenemos verdadera pasión por la música nunca damos nada por hecho y por eso nunca dejamos de buscar. ¿`Led Zeppelin’? Pues es el disco que incluye temas como ‘Babe I’m Gonna Leave You’, ‘You Shook Me’, ‘Dazed and Confused’, ‘Communication Breakdown’… Ahí es nada y se me hace terriblemente complicado ni siquiera imaginarme el impacto que debió tener en su época para muchos, no sólo por la calidad de los temas, sino por la potencia de su sonido y el concepto de banda de rock en sí mismo. Todos talentosos, todos brillantes, funcionando como una máquina y supurando genialidad a raudales. La banda era mucho más que la suma de sus miembros y por una vez la leyenda estaba justificada. Ellos representaron como nadie el cliché del cantante sexy y apasionado, el guitarrista loco y ególatra, el bajista circunspecto y genio en la sombra, y el batería asilvestrado y autodestructivo. Evidentemente es un cliché que se pueden permitir sin que ello empañe su genialidad. Y sí, hasta festejamos con alborozo las blusas de chica que lucía Plant. El tiempo nos demostró que lo mejor estaba por llegar, pero nada fue igual a partir de la irrupción de Zeppelin en la escena. El  legado de Zeppelin es tan inabarcable, ha trascendido hasta nuestros días prácticamente intacto y hay que agradecerles que no hayan destruido ellos mismos su propia imagen con esa ansiada (no por mí) reunión innecesaria y la subsiguiente gira de despedida. Dicho esto ¿hace cuánto tiempo que no escuchas este disco? Hazte un favor a ti mismo, póntelo una vez más y deja que fluya la magia. Te vas a sorprender.

YURI VARGAS

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