LED ZEPPELIN: CINCUENTA AÑOS DE ‘EL DEBUT’ (I)

EL PRIMER RUGIDO DEL MONSTRUO

No es nada fácil escribir sobre Led Zeppelin en la actualidad. Ni sobre alguno de sus discos. Ríos de tinta y multitud de opiniones diversas se han vertido por activa y por pasiva alrededor de la obra del cuarteto británico. Y tampoco es sencillo hacerlo desde la óptica de ser un confeso y devoto seguidor de la banda. Una de las mejores de la historia del rock en mi opinión. Y no, no me vengan con el tema de los plagios al cancionero de artistas de blues y similares, demostrada sobradamente esa apropiación de ideas también es altamente justificable que esas mismas ideas fueron transformadas y llevadas mucho más allá tras pasar por el filtro de Page, Plant, Bonham y Jones.

Escrito esto, es incuestionable que el primer trabajo discográfico del combo, sin ser ni mucho menos su mejor álbum, sienta las bases fundamentales de su sonido y anticipa el cambio que se iba a dar en los setenta, tercer período álgido del género a nivel de creatividad tras los cincuenta y los sesenta pero también sin duda alguna una de sus etapas de máxima repercusión popular, respecto a la década anterior. Un paso adelante en que el blues eléctrico, uno de los géneros dominantes en esa década que finalizaba, se transformaba en un ente ansioso que absorbía definitivamente el poder del rock y lo dejaba listo para romper fronteras y ampliar horizontes. Grabado en prácticamente un suspiro, poco más de treinta horas, las nueve canciones contenidas en el certifican el nacimiento de un monstruo, un monstruo que da sus primeros rugidos bajo el mando de Jimmy Page pero que enseguida evidencia que los cuatro músicos devendrían finalmente igual de significativos para la identidad de la banda y que su peso creativo conjunto coexistiría de forma natural hasta el resultado final.

Puedo imaginar el impacto que tendría en un oyente que, atraído por el pasado de Page en Yardbirds, pasara por caja en 1969 y tras posar la aguja sobre el vinilo se viera sorprendido al estallar en los altavoces el riff inicial de «Good Times, Bad Times», el redoble de entrada de Bonzo y la pegada vocal de Plant. Y todavía tratando de recuperarse dejarse mecer por la belleza de «Baby, I’m Gonna Leave You», una de esas canciones que consiguió su máxima expresión tras pasar por sus manos pese haber sido compuesta por Anne Bredon y versionada con anterioridad por Joan Baez, que se veía sucedida por un clásico de Willie Dixon y JB Lenoir transmutado en una fantasmal serpiente que reptaba amenazante y tenebrosa o «Your Time Is Gonna Come», que predice por donde pueden ir los tiros en composiciones posteriores pero no creo que valga la pena continuar enumerando tema por tema hasta el final. La mayoría tenemos interiorizado este álbum hasta la saciedad.

Pero si me gustaría destacar un aspecto de las grabaciones de Led Zepp. No sé si será su forma de trabajar en el estudio o el toque técnico de los diversos ingenieros de sonido que participaron, Glyn Johns, Eddie Kramer, Terry Manning, Andy Johns, que las pones y suenan frescas y contemporáneas. Como recién terminadas de cocinarse. Algo que no sucede en discos de compañeros de generación que tienen una producción claramente setentera. En fin, sea lo que sea, este fue el debut de una banda que hoy en día, y creo que durante mucho tiempo más, es y será leyenda. Y si no que se lo pregunten a Greta Van Fleet, por citar un ejemplo claro y palmario en pleno siglo veintiuno…

MANEL CELEIRO

CINCO DÉCADAS DE VUELO

Con Led Zeppelin puede decirse que comencé la casa por el tejado. Mi iniciación en esto de la “música moderna” fue el heavy metal; y en 1980, Zeppelin eran “viejos”, sus canciones demasiado largas, y (¡horror!) no vestían de cuero, y no llevaban muñequeras ni “lasters” de rayas. No obstante, cayó en mis manos una copia de ‘In Through The Out Door’, -su trabajo de estudio final-, y debo decir que lo disfruté, si bien seguía sin ser del todo “lo mío”. Más tarde me enfrenté al emblemático doble en directo, ‘The Song Remains The Same’ y a ‘Houses Of The Holy’, y la sensación seguía siendo la misma. Pero todos sabemos que si consagras tu vida al rock ‘n’ roll, tarde o temprano vas a acabar rindiéndote ante ciertas bandas. Led Zeppelin, por supuesto, es una de ellas. Y miren por dónde, resulta que su magnífico debut de la banda llega a la quinta década de existencia. Motivo más que suficiente para volverlo a pinchar…y volver a caer rendido ante él. A día de hoy, sigue siendo increíble que una banda tan joven, y con tan poca experiencia colectiva (si exceptuamos a Page) fuera capaz de grabar una obra tan rotunda como esta. En el primer álbum de Zeppelin ya vamos a encontrar las múltiples facetas por las cuales la banda se hizo célebre: la vivacidad de “Good Times Bad Times”; el blues desgarrado de “You Shook Me”, la descarada “I Can’t Quit You Baby” o la escalofriante “Dazed And Confused”; el endiablado proto-Heavy Metal de “Communication Breakdown”; el dramatismo de “Babe I’m Gonna Leave You”; la calma acústica de “Your Time Is Gonna Come”, o la experimentación de “How Many More Times”. La voz de Robert Plant mantiene todavía un tono algo juvenil, alejado de los histrionismos vocales que llegarían a ser su seña de identidad. John Paul Jones despunta como un robusto multiinstrumentista, y la pegada de Gonzo tras los parches ya se muestra en todo su esplendor. Por su parte, Page despunta ya como uno de los mejores guitarristas de su generación, además de conseguir una producción de una calidad inédita hasta la fecha. Un debut, en resumen, que supuso el primer paso en una carrera que llevaría a Led Zeppelin a alcanzar cotas insuperables de éxito y popularidad.

EDU A. CRIME

Foto, Jorgen Angel

HISTÓRICO PERO SOBREVALORADO

Pues parece que soy un poco la nota discordante en este artículo/homenaje. Reconozco que el disco de debut de Led Zeppelin me gusta, y me parece un muy buen álbum, pero siempre me ha parecido un disco sobrevalorado. Aun gustándome mucho creo que sus supuestas virtudes están ensalzadas por llevar en la portada el nombre de Led Zeppelin, y por todo lo impagable que vino después. No le encuentro el impacto y la pátina de debut legendario que si percibo en obras como las óperas primas de Black Sabbath, Van Halen o Guns n’ Roses. Pero también es cierto que muchas bandas cogerían esta colección de canciones y la convertirían en su obra cumbre, pero vayamos por partes. ‘Led Zeppelin’ (el debut) creo que es un álbum que aún es deudor de su época con tics muy inherentes de la era en la que fue grabado. “Good Times, Bad Times” o “Your Time Is Gonna Come” tienen todavía el aire pop desenfadado de los swinging sixties, “You Shook Me” y “I Can’t Quit You Baby” son ejercicios de género blues rock ya impuestos un poco antes por Cream y The Jeff Beck Group, o “Black Mountain Side” es exotismo hippy que en 1969 ya estaba un poco trasnochado. Pero por otro lado también muestra a una banda con algunas ideas ya muy claras y que explotarían cual bomba de hidrógeno muy poco después. “Babe I’m Gonna Leave You” es genuino Zeppelin con juego de claroscuros acústico/eléctricos con un Robert Plant ya haciendo gala de su expresiva y aguda garganta. “Dazed And Confused” suena maligno y apunta nuevos horizontes sónicos, “Communication Breakdown” es hard rock tal como lo entendemos hoy en día pero hecho cuando el género aún no existía y “How Many More Times” es blues rock pero propuesto de forma progresiva y expansiva tal como ellos mismos se encargaron de corroborar en toda su carrera. Y como apunte final también hay que otorgarle una matrícula de honor a la producción de Jimmy Page, sobria y austera pero con un poso ‘maligno’ en ella, suena oscuro con como si algo perturbador acechara detrás de cada canción (un poco a la ‘White Album’), como si fuera una ruptura con la luminosa década que finiquitaba, quizás producto de la maquiavélica mente del guitarrista. Sin duda, una ópera prima a tener en cuenta pero en la que hay que coger una balanza en la que sus virtudes pueden verse un poco lastradas por las rémoras de la resaca de los felices sesenta. Posiblemente no sea el debut más sonado de la historia, pero es el inicio de la travesía del Zeppelin definitivo del rock y apunta muchas cosas que luego explotaron como volcán en erupción en la década que estaba a punto de empezar.

XAVI MARTÍNEZ

Foto Michael Ochs

MEDIO SIGLO DE HIPNÓTICO PLACER

Suponiendo que la leyenda fuese cierta, ¿Qué hubiera sucedido si Jimmy Page, durante los castings previos a formar la banda, hubiese elegido a Mike Kennedy para ser el vocalista de Led Zeppelin? La verdad es que parece poco probable esa posibilidad, pero siempre me ha parecido muy divertido imaginar al líder de Los Bravos cantando brutalidades como “Dazed And Confused” o “Communication Breakdown”. La historia fue otra, y se produjo eso que a veces sucede: se alinearon los astros para juntar a los músicos perfectos en una misma banda, cada uno de ellos con un talento fuera de lo común y una personalidad única. De esa manera nació una de las formaciones más alucinantes e influyentes de todos los tiempos. Ahora se cumple el cincuenta aniversario de su disco de debut (¡Medio siglo!) y, en motivo de tamaña efeméride, lo he vuelto a pinchar. Llevaba mucho tiempo sin hacerlo, pero  podía recordar  de memoria cada nota grabada en sus surcos. ¡Qué gran disco! Me he vuelto a maravillar con semejante descarga de energía y he vuelto a flotar con ese halo hipnótico que desprende. A estas alturas, no me parece necesario comentar cada una de sus canciones, pero me gustaría destacar una en concreto porque pienso que define a la perfección el álbum y el futuro de la banda y de la historia del Rock; me refiero a “How Many More Times”. Ese riff, esa energía, esa atmósfera malsana e hipnótica, esos continuos cambios de ritmo… ¡Qué barbaridad! Más de ocho minutos de puro salvajismo y deleite. ¿Se puede cerrar mejor un disco? Complicado lo veo. Con este trabajo, Led Zeppelin no sólo llevaron el Blues a un nivel insólito, también marcaron un antes y un después en la historia Rock and Roll. Nada volvió a ser lo mismo. Y lo más chocante es que lo mejor de su carrera aún estaba por llegar. Mientras tanto, Mike Kennedy (gran cantante de otra banda histórica y muy respetable) siguió con su moto y con los chicos y las chicas. Cada uno a lo suyo, y está bien así.

JUANVI PEDRO GILABERT

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