LAS GANAS (Santiago Lorenzo)

ganas1(Blackie Books)

Ah, ¡menudo Dios cruel está hecho Santiago Lorenzo! El de Portugalete disfruta como un crío ideando retorcidas manualidades, confeccionando un mundo en miniatura, en escala uno/doce, o lo que sea, donde coloca a sus atribulados personajes, para vapulearles constantemente con todo tipo penurias y pruebas de fuego, haciéndoles creer que el tablero puede volcar en cualquier momento y, con ello, dar al traste con su diminuto universo. ¡Maldito Godzilla, este Lorenzo! Ya lo hizo en su perla cinematográfica ‘Mamá Es Boba’ y, mejor aún, lleva tres fantásticas novelas ahondando en semejante ordalía. Recuerden ustedes su imprescindible debut en las letras, ‘Los millones’, donde un militante del GRAPO gana una jugosa tajada jugando a la primitiva, pero no puede cobrar el premio porque no tiene DNI; o la todavía más descacharrante ‘Los huerfanitos’, en la que tres hermanos usufructúan una herencia envenenada y se meten, muy a su pesar, a empresarios teatrales para intentar salir del hoyo. Ahora, le toca el turno a otro pobre diablo, Benito, protagonista feo y cenizo de la también categórica ‘Las ganas’; y efectivamente, el epígrafe no lleva lugar a equívocos: esas ganas son ganas de… sí, de eso. De follar porlar, pero hay mucho más. Porque ‘Las ganas’, como no podía ser de otro modo, bucea en las miserias, miedos y frustraciones de sus arrastrados personajes a fin de elaborar un nuevo retrato (llámenlo caricatura) de las más primarias necesidades del ser humano. Una novela de amor, o de no-amor; de la búsqueda de éste en los demás y en nosotros mismos, para escapar de nuestras horas más bajas, esas en las que todavía esperamos un deus ex machina (llámenlo Bristol) que produzca el liberador milagro que nosotros somos incapaces de obrar por nuestros propios medios. ¡Diantres, menudo radiografiador del alma que está hecho el bueno de Santiago! Conjugando un léxico tan inventivo como (casi) anacrónico, y un sentido del humor a prueba de bombas y malos rollos, el autor fotografía con una sonrisa nuestra cara más desagradable para darle la vuelta y abrirnos los ojos, aunque sea a capirotazos. Profundidad a través del patetismo. Catarsis emocional, carcajada mediante. “Las ganas” supone otro título imprescindible, no sólo en la personalísima y aún breve obra literaria de Lorenzo, sino en lo que veremos editado en la lengua de Valle-Inclán, Jardiel y Mihura en el presente año, y en los que están por venir. Poca broma, este es otro clásico; como los de antes, pero ahora. Así que, ya saben… no se queden con las ídem.

ALBERTO DIAZ

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