LAS DIEZ MEJORES NOVELAS DEL GÉNERO POLICÍACO: GUÍA IMPRESCINDIBLE

La novela negra siempre jugó un papel fundamental en el siglo XX, especialmente en el primer tercio y la segunda mitad del siglo XX. Sus historias, reflejos fieles de la sociedad imperante en cada momento, siempre han exaltado dos valores que, por inmoral que nos parezca, siempre han seducido a los hombres desde tiempos inmemoriales: crimen y pasiones primarias. Sin más preámbulo, vayamos a la lista de aquellos libros que inspiraron o moldearon un género que nunca dejará de estar de moda.

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  1. Edgar Allan Poe: Los Crímenes de la Calle Morgue. Sí, es cierto: no soy muy original. Pero ¿cómo hablar del género policíaco sin hablar del conspicuo prosista de Boston? Los Crímenes de la calle Morgue ya relataban con suma precisión los jalones sobre los que se apoyaría esta corriente literaria: misterio, tensión psicológica, rompecabezas intrincados que ponen a prueba la capacidad cognitiva y, sobre todo, la aparición del detective no sólo como alguien que desempeña su oficio con absoluta maestría, sino también el papel de éste como estudioso de la condición humana y la naturaleza que lo empuja a apartarse de la sociedad. Fundamental. ¡Nadie debería perdérselo!
  2. Maurice Leblanc: Arsenio Lupin contra Herlock Holmes. Que tampoco se escandalice nadie porque hayamos omitido ‘S de Sherlock’, más que nada porque cuando el escritor francés escribió esta novela, lo hizo de tal forma para no tener que pagar derechos de autor a su rival Conan Doyle. Bien, como habrá podido deducir el lector del título de la obra, en este libro se enfrentan los dos detectives más carismáticos del género en Europa como Lupin y Holmes a través de una serie de historias en las que el humor está presente. El libro tiene, sobre todo, como sustrato la perenne rivalidad entre Francia e Inglaterra y entre estos dos escritores: a nadie se le escapa, tal y como se puede inferir de la lectura de cada una de las páginas, que la sátira, consustancial a este género, es un elemento fundamental a la hora de burlarse de todos sus clichés. Si algún lector quiere probar con algo diferente, que coja esta obra; y si alguien quiere explotar el personaje de Lupin, prácticamente todos los libros son recomendados, porque la literatura francesa no sólo vive del siglo XVII de Moliere, el s. XIX de Dumas, Stendhal, Balzac o Víctor Hugo o el siglo XX de Malraux, Camus o Sartre.
  3. Dashiell Hammett: Cosecha Roja. Lo obvio habría sido coger ‘El Halcón Maltés’, ¿verdad? Pues no, demos un giro a este artículo y, en vez de hablar de aquél, hagámoslo de otro de los grandes títulos del género del siglo XX de la mano de su escritor más carismático. En ‘Cosecha Roja’, al igual que en toda la producción artística del de Maryland, podemos encontrar ese cinismo y descreimiento que empezaba a aparecer en la población norteamericana en el primer tercio del siglo XX. La Primera Guerra Mundial, la Ley Seca, la fortísima crisis económica que, años después propiciaría el New Deal y el aumento de las tasas de criminalidad como consecuencia del aumento de la marginalidad, lujuria y peligrosidad inherente a cualquier ley limitadora de derechos, son tratados a través del carismático personaje de Sam Spade. San Francisco como una ciudad peligrosa o una especie de Leviatán dispuesta a congraciarse con el verdugo y flagelar al virtuoso, aparecen en un argumento del que beben grandes películas como, por ejemplo, el ‘Chinatown’ de Jack Nicholson. Y más no puede contar el autor de este artículo porque, de lo contrario, le quitaría la gracia a todo esto.02 round
  4. Raymond Chandler: Adiós, Muñeca. Uno de los personajes más carismáticos de la novela norteamericana del siglo XX es, sin duda, la del detective Phillip Marlowe, alma máter del siempre genial y controvertido novelista de Chicago. Si Hammett en ‘El Halcón Maltés’, ‘Cosecha Roja’ o ‘La Maldición de los Dain’ presentó las trazas del papel del detective moderno, Chandler, imbuido por El Simple Arte de Matar -también de autoría propia-, deja a un lado la virulencia del crimen para estudiar, a su modo, cómo no hay más moral y ética que la que uno alberga en su fuero interno y no la que impone la sociedad. A lo largo de este libro, así como en su bibliografía, la idea de que un subrogarse a un mundo dichoso en detrimento de las pasiones, cuando son éstas atributos de la madre naturaleza, poco provecho individual nos reporta. Sin ánimos de extendernos más: ‘imprescindible’ es la palabra.
  5. Norman Mailer: Los Tipos Duros no Bailan. Todos sabemos que el Pulitzer lo ganó el escritor de Nueva York con ‘La Canción del Verdugo’, pero con ésta, el de Brooklyn consigue un fabuloso retablo emocional donde su personaje, Tim Madden, viendo cómo la desaparición de su esposa, acompañada de su fracaso como novelista, decide convertirse en un monstruo de siete cabezas en el que el amor que un día albergaba su corazón lo transfigura en una soledad angustiosa y en unas ganas de ajustar cuentas contra todo aquello que lo alejó de la mujer a la que quiso. Dejando de lado el elemento policíaco, como las investigaciones o los crímenes, esta novela de Mailer es un retrato desolador de la desesperanza y la soledad del individuo. Descomunal.
  6. James Ellroy: América. No hay palabras para describir lo que supuso la trilogía de América en su momento y su capital influencia para muchos novelistas actuales como Don Winslow, por ejemplo. El novelista californiano, siempre unido al manto de la desesperanza y encendido por la antorcha de la injusticia social, logra hacer lo que Balzac consiguió, en su momento con ‘La Comedia Humana’: hacerle la competencia al Registro Civil mediante un desapasionado retrato de la América de los cincuenta y sesenta. Pero, dejando a un lado el análisis de la evolución de su país, lo importante aquí es cómo la fisonomía de los personajes que integran cada uno de estos escritos, son el espejo de la condición humana. Ellroy, a través de un hilo narrativo truculento y oscuro, consigue dar forma a una premisa fundamental de la nueva novela negra: usar la psicología para construir no tanto los personajes, sino los factores extrínsecos a éstos. No conozco a nadie que no le haya gustado.04 round
  7. Eduardo Mendoza: El Misterio de la Cripta Embrujada. Seamos chauvinistas, pues la ocasión lo merece. Cada novela del escritor catalán es una excelente parodia de la España y Cataluña que pudo ser, fue, es y será y, también, -¡cómo no! de todos los clichés del género. Mediante el uso de una sintaxis simple a la vez que intrincada donde los giros castizos del lenguaje se dan cita mediante un tratamiento ácido de los personajes, Mendoza se ha erigido en uno de los novelistas fundamentales de la España posterior a la Transición. Y tanto en esta novela, como en ‘La Verdad Sobre el Caso Savolta’ o ‘La Ciudad de los Prodigios’, son ejemplos de cómo ser un escritor total y, a su vez, tener el don innato de procurar la reflexión mediante la sonrisa, lo que, en tiempos como éstos, se agradece y mucho.
  8. Paul Auster: La Trilogía de Nueva York. Para el que suscribe este artículo, Auster es el mejor novelista norteamericano actual junto con Philip Roth. Escritor de método, su estilo, aparentemente fácil, esconde una ingeniería narrativa fruto de su pasión por la poesía y el ensayo. Admirador de Cervantes, Montaigne, Whitman y Rilke, es muy propenso a las digresiones y a la metaliteratura, pero es en este libro donde consigue que todo su acervo cultural quede condensado en tres historias aparentemente desligadas entre sí pero en las que se observa cómo la pérdida de la identidad, la complejidad de las relaciones entre padres e hijos, así como los demonios del propio escritor destruyen el alma y consumen cualquier expectativa de vida. Un clásico contemporáneo.
  9. Don Winslow: El Poder del Perro. Uno de los problemas más grandes que Estados Unidos está soslayando es el del control de sus fronteras con México. Inmersos cada vez más en conflictos o escaramuzas bélicas sin sentido en Oriente Medio cuando la situación con sus vecinos del sur es altamente preocupante, es lo que llevó, entre otras cosas, a Winslow a contar en ‘El Poder del Perro’ todo lo concerniente a esa guerra librada por la policía norteamericana contra el narcotráfico desde comienzos de los setenta hasta la actualidad. Una novela coral en la que no sólo encontramos al clásico policía tosco y altivo, sino también, las historias de amor y redención de una prostituta que ansía vengarse de quienes le arrebataron a sus seres queridos, la inmensa labor social de un clérigo que encarnaba a la perfección el papel social de la teología de la liberación y, sobre todo, el mordaz retrato que el escritor hace de las contradicciones de la política norteamericana. ¿De qué sirve luchar contra el tráfico de drogas si el contrabando de armas proviene, especialmente de Estados Unidos y los beneficiarios son las milicias de los capos de la droga? Complejo de principio a fin, relata todas las vicisitudes de un problema de seguridad nacional que, año tras año, se cobra miles de víctimas.
  10. Arthur Conan Doyle: El Sabueso de los Baskerville. Y nos remontamos a los orígenes una vez más. Hemos hablado de Poe, Leblanc… ¿cómo no hacerlo de otro de los grandes maestros, como el escritor británico? De todo lo que he leído de él, quizá sea este libro, para mí, claro está, su obra cumbre. De principio a fin, Sherlock Holmes y Watson se salen, no sólo con los diálogos (precisos como una labor pericial) sino también por la capacidad del autor de hacer de lo complicado algo fácil y los innumerables recursos de los que hacen gala para resolver los casos que se le presentan.

ALEX PALAHNIUK






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