LA HISTORIA DEL HEAVY METAL (Andrew O’Neill)

(Blackie Books)

No creo que fuera el primero ni el único en sorprenderse ante la inesperada aparición en la pequeña pantalla, a principios del verano, de un individuo larguirucho, melenudo y presuntamente gracioso, promocionando su libro, llamado, “La historia del heavy metal”. El que la frase de inicio (“En el mundo hay dos tipos de personas: los fans del heavy metal y los gilipollas”) corriera como la pólvora en los círculos metaleros y esa inquina no disimulada hacia Mötley Crüe y, por extensión, a sus compinches de mallas, laca y maquillaje, hizo que muchos de nosotros levantáramos la ceja y nos propusiéramos devorar sus páginas lo antes posible. Cumplido ese propósito, quien esto suscribe llegó a la conclusión de que el principal escollo a superar es el propio título del libro. Suponemos que “La historia del heavy metal” es mucho más vendible y asimilable que “La particular visión de la historia del heavy metal a cargo de un tipo al que no conoce (casi) nadie fuera de UK”. Una cuestión de concepto para nada nimia, pues es necesario advertir al potencial lector que el libro no es un repaso académico, preciso y ponderado del devenir del género a través de los años, sino una visión completamente subjetiva -no pretende ser otra cosa- interesada y nada equilibrada por parte del autor. Una propuesta como ésta en la que no se mencione en ningún momento pilares angulares básicos e imprescindibles como Rush o, ahí es nada, Accept, podría y puede ser cuestionada por todos aquellos que demanden un mínimo de rigor y seriedad. ¿Merece la pena leer este libro, entonces? Sí y mucho, siempre y cuando se tenga en cuenta sus deficiencias y la parcialidad del autor. Parece ser que O’Neill goza de cierto reconocimiento en su país natal como comediante/monologista/metalero y que incluso participa habitualmente con éxito en ciertos festivales con su espectáculo. Su humor es directo, irreverente, con tendencia a no dejar títere con cabeza. Éste está presente en todas y cada una de las páginas del libro, aunque en ocasiones carga demasiado las tintas sin que los lectores sepamos muy bien a cuento de qué vienen algunas diatribas. Si no, que se lo pregunten a David Coverdale. Es destacable el esfuerzo llevado a cabo por los responsables de la traducción, que, suponemos, han sudado tinta para trasladar al español los chispazos humorísticos de O’Neill, teniendo en cuenta las inexorables diferencias de ambos lenguajes y el contexto en el que se llevan a cabo. Es especialmente hilarante el tramo final en el que se mezcla el fin del mundo y la grabación del nuevo disco de Guns ‘n’ Roses, que, por cierto, NO son heavy metal. ¿Aciertos? Muchos y de peso. Desde la génesis del nacimiento del género, destacando los logros proto-metaleros de formaciones seminales como Beatles, Stones o los Kinks, hasta la actualidad, el autor tiene claro los orígenes, los contextos y las fronteras del género. Su afirmación de que nada anterior al primer disco de Black Sabbath es heavy metal debería acabar con cualquier discusión al respecto de una vez por todas. También es destacable es esfuerzo invertido aquí en perfilar la esencia del género de una forma comprensible a las miradas propias y ajenas. En su contra, hemos de decir que el escritor pierde la perspectiva cuando, de una forma que roza la obsesión, pretende dejar claras sus filias y sus fobias. Queda meridianamente claro que el glam y el nu metal no son platos de su gusto, pero ¿hacía falta expresarlo con ese desdén que linda el odio? O, por el contrario, nos parece muy bien su gusto por el metal extremo y su amplio conocimiento de las diferentes escenas underground. Pero, definitivamente, bandas totalmente respetables y excelentes en lo suyo, como Melvins y Neurosis, tienen un peso más bien anecdótico en la historia de lo que aquí se trata. Reepetimos ¿merece la pena abordar este libro, pues? Sí, y mucho. Sobre todo si tienes las ideas claras, sentido del humor y no te ofendes con cualquier cosa. No es el libro más adecuado para un primer acercamiento al universo metalero por su visión parcial y distorsionada del paisaje en general, pero supone un magnífico diagnóstico de la idiosincracia del género, que nos hace entender su presente y soñar con su futuro… si conseguimos que Lars se siente y Guns ‘n’ Roses, que NO son heavy metal, consigan grabar su próximo disco.

YURI VARGAS

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