KING CRIMSON (Barcelona, Auditori Del Forum 24/25-11-16)

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Jueves 24-11-16

 Habría que empezar esta crónica agradeciendo que -por fin- se pudiera ver a esta banda en un entorno adecuado: un teatro de acústica impecable y en cómodos asientos que dan pie a ahondar en una música que está hecha para ser escuchada con toda la atención del mundo. Ya entrando en materia, con sólo poner el pie en el recinto ya nos percatábamos de que la velada iba a ser estrictamente musical: tres baterías en primer plano y el resto de instrumental detrás, un peldaño por encima. Con un poco de retraso sobre el horario previsto, Robert Fripp y los suyos tomaron sus posiciones, y desde la primera nota ya quedó claro que iba a primar la música y que cualquier otra consideración pasaría a ser secundaria. Espectacular y delicioso inicio con la primera parte de “Lark’s Tongues In Aspic”, pero que también me hizo percatarme de que, por primera vez en su extensa trayectoria, el Rey Carmesí venía a vender nostalgia, pero a la manera de Robert Fripp por supuesto. Tres baterías y una formación de lujo en la que destacaban el siempre prefecto Tony Levin y Mel Collins a los vientos le daban inusuales texturas a las viejas canciones, con un repertorio muy basado en la etapa 69-74, y casi ignorando las etapas de Adrian Belew en el grupo. La cosa tiraba hacia adelante como si fuéramos volando en primera clase; sapiencia instrumental, clase, buen gusto y el onanismo brillando por su ausencia. Fue especialmente en esta primera parte como cuando acometieron la proto metálica “Red”, que vimos los altos vuelos de lo que es capaz esta formación, con tres baterías complementándose y llevando las virguerías rítmicas originales de Bill Bruford hacia la estratosfera. Así, entremedio de improvisaciones instrumentales de alto standing, fueron cayendo muchas de las canciones que la gente ansiaba escuchar como “Cirkus” o “In The Court Of The Crimson King” y fin del primer pase con la mejor versión que haya podido escuchar de la segunda parte de “Lark’s Tongues In Aspic”

Y la segunda mitad nos ofreció más de lo mismo, esto es, éxtasis musical en bandeja de plata. Fue en esta mitad donde se le dio algo de vidilla al material post 1974, con una inesperada “The ConstruKction Of Light” (mutilada, eso sí)  y una revisión un poco sui generis de la esquizofrénica “Indiscipline”… y ahí fue donde se echó de menos a Adrian Belew. Nada que objetar al actual cantante y guitarrista Jakko Jakszyk, el hombre no sólo cumple, sino que lo borda, pero el carisma, humor y fuerza vital de Mr. Belew no se encuentran entre sus virtudes. Obviando esto, el septeto seguía hacia delante como un miura musical y nos siguió endosando matraca progresiva de alto quilataje: “Lizard”, “Epitaph”, “Easy Money” y un “Starless” final inmaculado que conservó su belleza e inquietante atmosfera como si no hubieran pasado los años. Había tiempo para una más, y como no podía ser de otra manera llegó ese “21st Century Schizoid Man”, posiblemente la mejor pieza concebida por el rock progresivo. Furia rockera combinada con jazz rock que parecía tocado por John Coltrane desde una celda acolchada. Delirio sin la más mínima fisura y alargado por un solo de batería que dejó el patio de butacas en punto de ebullición, con la gente haciendo esfuerzos por no dejar su asiento. El nirvana progresivo para todos los asistentes: el introspectivo Robert Fripp llegó, vio y venció una vez más. Y es que, si hablamos en clave prog, están King Crimson… y luego, los demás.

XAVI MARTÍNEZ

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VIERNES 25-11-16

 De menos a más, ése sería un resumen algo simplista del concierto. Porque en una sola de las canciones del combo carmesí ya ocurren muchas cosas, muchas sensaciones. Pero empezar la noche con un solo tribal de los tres baterías puede caldear el ambiente o también poner en entredicho los postulados de Mr. Fripp en contra de la vacuidad de los solos propios de los dinosaurios de los setenta, sean de rock progresivo o de rock duro. La primera parte fue muy profesional, pero en ocasiones un tanto previsible (y con un Fripp algo autista con sus auriculares, aunque es un gozo escuchar su guitarra incendiaria en vivo), cuando la banda se ha caracterizado siempre por el factor sorpresa. Así, por ejemplo, “Epitaph” sonaba calcadita al original, mientras que “Vrooom” carecía de la contundencia merecida, pese a los tres baterías. Y con la tremenda “The ConstruKction of Light” vino un auténtico coitus interruptus: tras la parte instrumental, cortaron el tema, justo cuando empezaba la estupenda melodía creada por Adrian Belew.

La segunda mitad del concierto tuvo más sorpresas y un nivel altísimo, y se fueron apreciando mejor los matices aportados por el saxo y la flauta de Mel Collins (que en alguna ocasión evocaba el fantasma de John Coltrane), las percusiones de los tres baterías (aunque Jeremy Stacey también ejercía de teclista) o los bajos de Tony Levin (se escuchaba cada nota que hacía, cuando en general el bajo en los directos a menudo queda diluido en las mezclas). Jakko Jakszyk es un guitarrista y cantante correcto, pero apenas arriesga (y eso en King Crimson no es precisamente un halago). Resulta a menudo demasiado impersonal, nada que ver con el estratosférico Belew. Como compositor, aporta su granito de arena en “Meltdown” (quizás la mejor pieza de los recientes Crimson) y cambió la melodía de “Indiscipline”, una neurótica pieza que funciona mejor en vivo que en disco (la única que tocaron de la trilogía de los ochenta). “Easy Money” fue uno de los momentos cumbre de la noche, con una de esas bonitas improvisaciones que solía hacer el grupo a mediados de los setenta. Destacaron también “The Letters”, una remozada “The Talking Drum” y “Lark’s Tongues in Aspic Pt. II”. El broche de oro fueron los dos temas finales: la mágica “Starless” (protagonismo absoluto de Pat Mastelotto, emulando al añorado Bill Bruford) con las luces del local en rojo, y “21st Century Schizoid Man” (pletórico Gavin Harrison, ex batería de Porcupine Tree), con ese vendaval sonoro marca de la casa. Teniendo en cuenta que en cada encarnación el combo carmesí siempre mira mucho más al futuro que al pasado, ¿estamos ante una gira de “grandes éxitos” de despedida? Sólo Fripp lo sabe.

JORDI PLANAS

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