KARL OVE KNAUSGARD ‘Tiene Que Llover’

(Anagrama / L’Altra Editorial)

La prosa de Knausgard (Oslo, 1968) parece sencilla, pero es realmente elaborada y magnética; no resulta tan fácil facturar tochos de entre quinientas y setecientas páginas hablando de todo y de nada y salir airoso. Porque el egocéntrico Karl Ove emprendió hace unos años la titánica gesta de plasmar buena parte de su vida en una serie de seis volúmenes (‘Mi Lucha’), que no son cronológicos y pueden leerse de manera independiente. Ahora llega su quinta entrega, ‘Tiene Que Llover’, y aborda aquí su época de estudiante universitario y aprendiz de escritor, sus diversas relaciones sentimentales (Ingvild, Gunvor y Tonje), sus inseguridades y contradicciones, su grupo de rock (Máquinas de Kafka), su trabajo en dos instituciones psiquiátricas, su breve estancia en Islandia o su afición por el alcohol (que le lleva a lanzarle un vaso a la cara de su hermano, caer en la infidelidad o rajarse la cara con un cristal). Y también habla de su distante y difícil relación con su padre, con lo que, de alguna manera, cierra el círculo que empezó con el primer volumen, “La Muerte Del Padre”. Resulta curioso constatar la multitud de detalles que parece recordar de hace décadas, habida cuenta que confiesa haber quemado los diarios de esa época y que, a veces, el alcohol le hacía perder la consciencia (en una ocasión, acaba en la cárcel). Pero ahí es donde se hace patente su talento literario: rellenando las posibles lagunas con reflexiones y sentimientos diversos y haciendo partícipe al lector de sus turbulencias anímicas ya desde la primera página. Lo que en manos de otro escritor podría resultar torpe o incluso predecible, con Knausgard resulta tremendamente interesante y fluido. Y es que su literatura confesional resulta adictiva y brutalmente honesta como pocas.

JORDI PLANAS

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