JUDAS PRIEST: ¿HA LLEGADO LA HORA DEL ADIÓS? (I)

Sin duda la noticia de la semana en el mundillo del rock ha sido el anuncio por parte de Judas Priest de que Glenn Tipton padece la enfermedad de Parkinson. La banda ha anunciado que seguirán adelante sin él, con el productor de su próximo disco Andy Sneap ocupándose de las guitarra para los próximos compromisos en directo. Esto ha abierto un debate sobre la continuidad de las bandas sin miembros clave ¿Judas Priest sin KK Downing y sin Glenn Tipton? Unos dirán que el nombre y las canciones están por encima de todo, otro que sin ciertos componentes la cosa pierde todo su significado. Nosotros también vamos a decir la nuestra, pero por ambos lados. En esta primera entrega se sopesan los pros del asunto y que nada en esta vida es para siempre.

QUE LLEGUE EL FIN CUANDO REALMENTE TOQUE (A FAVOR)

No hay una forma fácil (ni rápida) de llegar a conclusiones en este controvertido tema. Porque, ¿cuándo deja una banda de ser esa banda?
Nos llegan las tristes noticias de la enfermedad que afecta a Glenn Tipton, pero el de Tipton es un caso demasiado extremo y no es el mejor ejemplo a la hora de generalizar por varios motivos: Primero, Tipton ha sido una figura clave en Judas Priest durante más de 40 años. Segundo, la marcha de su compañero K. K. Downing es un suceso relativamente reciente. Y tercero, Judas Priest llevan ya unos cuantos años amagando con dejarlo, y realmente cada disco o gira podrían ser el último. En estas circunstancias, ¿es realmente necesario que tiren la toalla ahora? Me atrevería ir más allá: ¿Querría Glenn Tipton que el Parkinson acabara con el Sacerdote?

Como digo, el de Judas Priest es un caso especialmente particular, pero si miramos el resto del panorama, podemos encontrar todo el espectro de grises. Y se hace realmente difícil encontrar bandas (de cualquier tamaño, edad y/o éxito) que aún conserven a todos los miembros, no digamos ya fundadores, que grabaron su primer trabajo. Y aún peor si marcamos como punto clave el momento en el que alcanzaron el status por el que hoy las conocemos. ¿Cuán esencial parecía Paul Di’Anno en el momento de su despido? Aun habiendo puesto voz y rostro a dos piedras angulares del heavy metal, Iron Maiden no eran ni la sombra de lo que alcanzaron ser sin él.

A día de hoy hemos visto de todo: grupos que se han sobrepuesto hábilmente ante la pérdida, como los Metallica post-Burton, otros que al sustituir lo supuestamente insustituible han dado un refrescante giro a su carrera como los Anthrax de John Bush y bandas de mercenarios a cargo de un solo miembro original que sigue capitaneando el barco y creando trabajos más que dignos que continúan el legado de sus predecesores como Helmet. Como en todo, aquí también existe un reverso tenebroso en el que podemos encontrar al tiburón de Gene Simmons explotando la posibilidad del grupo-franquicia – afortunadamente para todos, no hay muchos grupos como Kiss – la esperpéntica huida hacia adelante de AC/DC, o el inenarrable caso de Misfits, cuyo historial de formaciones sólo puede ser calificado de trambóliko. Buenos y malos, todos estos ejemplos siguen teniendo cabida y mereciendo mejor suerte que morir cuando el ego de alguna estrella gilipollas decide ir en otra dirección (hola, Josh Homme) o, en casos más tristes, cuando la enfermedad o la muerte se interpone en el camino de una leyenda. La única condición que debe determinar si el nombre de un grupo sigue siendo válido es muy sencilla: Que los implicados sigan siendo dignos de llevarlo.

Así que, aunque es algo sobre lo que debatir largo y tendido, e incluso caso por caso, yo me declaro a favor. Porque siempre ha habido quien ha querido matar antes de tiempo a cada uno de los grupos que adoramos. Que cada uno deje de seguirlos cuando le deje de interesar, y que el fin llegue cuando realmente toque.

ISAAC MORA

 

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