INCANTATION: DEL GOLGOTHA AL NEXO PROFANO

Incantation son una de esas bandas que, en su momento, tuvieron la capacidad de dar una vuelta de tuerca a un género (en este caso el Death Metal) que parecía estar entrando en una fase algo letárgica, a principios de los noventa. La gestación de Incantation se remonta a 1989, cuando el guitarrista John McEntee fundó la banda junto al batería y cantante Paul Ledney en New Jersey. La formación se completaba con el guitarra solista Brett Makowski y el bajista Aragon Amori. Una formación que apenas dio unos titubeantes primeros pasos en la escena neoyorquina ya que, tan sólo un año después, Ledney y Amori desertaron para formar su propia banda. Una de las más blasfemas de la historia del Metal Extremo. Me refiero, por supuesto, a Profanatica. Para colmo de males, Makowski también abandona. Y es aquí donde comienza la auténtica puerta giratoria en que se convierte Incantation, ya que, desde entonces, hasta treinta y cinco músicos diferentes han pasado por sus filas. McEntee no se amilana ante este primer obstáculo (por algo es el único miembro original de la banda en la actualidad) y completa una nueva formación con el cantante Will Rahmer, y Ronnie Deo y Jim Roe como bajista y batería, respectivamente. Es esta encarnación de Incantation la que debuta discográficamente con el prometedor Ep. ‘Entrantment Of Evil’ (1990)…y poco más. Rahmer, -lo han adivinado-, abandona el grupo para formar, poco después, otra de las bandas más interesantes de la época: Mortician. En su lugar se incorpora el vocalista y también guitarrista, Craig Pillard.

Como he comentado en las primeras líneas de este artículo, a principios de los noventa el Death Metal mostraba los primeros signos de fatiga. Y me explico: por una parte, bandas como Deicide, Obituary o Morbid Angel estaban en plena eclosión y facturaban algunos de los mejores trabajos del género. Pero, por otro lado, parecía que el Death Metal comenzaba a ser un fenómeno “aceptable” para una audiencia cada vez más amplia. Y al rebufo de ello, aparecieron una miríada de bandas que se limitaban a reproducir esquemas que ya habían explotado en su momento las formaciones pioneras del género. Era necesario, pues, un giro estilístico que sumergiera una vez más al Death Metal en las ciénagas del underground. Así, bandas como Cynic comenzaban a coquetear con el jazz (en Holanda, Pestilence hacían lo propio). Nocturnus experimentaban con los teclados y la temática Sci-Fi. Y formaciones como Autopsy, o los protagonistas de estas líneas, retorcían el Death Metal y lo convertían en algo mucho más dañino y ominoso.

Así, en 1992 aparecía ‘Onward To Golgotha’, primer larga duración de Incantation. Un disco que reescribe de forma dramática el enfoque de cómo ejecutar el Death Metal. Estamos ante un trabajo que destila maldad y oscuridad. El sonido de Incantation se sustenta sobre dos características principales. Por una parte, la incorporación de partes prácticamente Doom en algunos de sus temas. Riffs agónicos que arrastran al oyente a una especie de caverna sonora. Y esta es la clave. Estamos ante uno de los primeros ejemplos de lo que se ha dado en llamar, en algunos círculos, Death Metal “cavernoso”. Hagamos una pausa, y no perdamos el norte: es obvio que no existe tal subgénero, pero es una forma muy acertada de definir el estilo de Incantation. La otra seña de identidad, -especialmente en lo que respecta a este álbum-, es el escalofriante tono vocal de Pillard. Ese gutural “susurrado” que parece nacido de las entrañas del infierno. Todo ello, junto a la citada cualidad cavernosa de su sonido, convierten a Incantation en pioneros de una forma de procesar el Metal Extremo de la que han mamado, en mayor o menor medida, bandas del nuevo milenio como Portal, Grave Miasma, los patrios Altarage, e incluso formaciones tan extremas como Antediluvian o Mitochondrion. Entrando en el contenido del disco, “Golgotha” y “Devoured Death” son dos inmejorables salvas de apertura; impetuosos ejercicios de estilo que incorporan ese giro malévolo en su ejecución. Resulta pasmosa la habilidad de la banda para pasar de salvajadas como “Entrantment Of Evil” o “Immortal Cessation”, a medios tiempos como “Profanation” o la pavorosa (en el sentido más lovecraftiano del término) “Deliverance Of Horrific Prophecies”, y llegar a letanías agónicas como las dañinas “Rotting Spiritual Embodiment” o “Christening The Afterbirth”, en la cual unas tímidas líneas de teclado convierten la ya de por si perversa melodía en algo mucho más perturbador. ‘Onward To Golgotha’ supuso un nuevo y apasionante comienzo para un género que necesitaba, a todas luces, una inyección de oscuridad.

Hagamos un “fast forward” de veinticinco años, y situémonos en 2017. Incantation siguen activos, aunque con John McEntee como único miembro original. Han continuado editando trabajos a un ritmo notable, si bien no han logrado llegar a una teórica “primera división”, en parte por su férreo compromiso estilístico, pero también en gran medida por no haber sido capaces de consolidar una formación mínimamente estable durante todos estos años. No obstante, su estatus como “banda de culto” está más que consolidada. Este es el año en que se edita el último lanzamiento de la banda hasta el momento: ‘Profane Nexus’. ¿Qué ha cambiado desde 1992? No demasiado, pero, a la vez, bastante. Resulta como mínimo interesante poner frente a frente estos dos trabajos, a los cuales separa un cuarto de siglo. Es innegable que estamos ante un disco de Incantation. La banda nunca ha pretendido parecer algo que no es, y en ‘Profane Nexus’ encontramos los rasgos característicos de su sonido. Por otra parte, es John McEntee quien se encarga ahora de la voz solista y, aunque posee un potente registro, carece de ese toque susurrado de Craig Pillard. Es cierto que al álbum le cuesta un poco despegar; “Muse” resulta algo previsible, y si bien “Rites Of The Locust” eleva el nivel, no es hasta la siniestra “Visceral Hexaedron” cuando percibimos a los Incantation más puros. Más Doom. Los monolíticos riffs y la, ahora sí, amenazante voz de McEntee, resultan impecables. La banda no se ha olvidado de la velocidad: “Lus Sepulcri”, o la frenética “Xipe Totec” con su escaso minuto de duración así lo atestiguan. Por contrapartida, la ominosa “Incorporeal Dispair” es una pieza desconcertante, por lo lento y atmosférico. El sonido del disco es cristalino…casi demasiado. Quizá esta sea la diferencia clave entre ambos trabajos. En Incantation todo es cuestión de tripas, más que de técnica y pulcritud. Y en ‘Profane Nexus’ es todo demasiado quirúrgico. Demasiado procesado. No obstante, es obvio que la aplastante calidad de la banda sigue ahí. De hecho, la parte final del disco resulta apabullante. En especial “Omen To The Altars Of Onyx”, con un monumental riff a lo Necrophagia, o la final, y especialmente perturbadora “Ancients Arise”.

Más allá de todo ello, hay algo que debemos tener meridianamente claro; y esto es la importancia que ha tenido una banda como Incantation en el desarrollo del Death Metal, y agradecer su absoluta honestidad en estas tres décadas de carrera, abanderando un sonido, una forma de entender el Metal Extremo que resulta más relevante que nunca en pleno 2019. Tal vez podrían haber llegado más alto, pero habría sido a costa de renunciar a sus señas de identidad, algo a lo que John McEntee y los suyos no están dispuestos.

EDU A. CRIME

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