ILUSTRES RAPEROS (David Foster Wallace y Marc Costello)

(Malpaso)

En 1990, un estilo musical tan beligerante como el rap suponía una verdadera revolución, no solo en las calles, sino también a un nivel cultural y social. El malogrado David Foster Wallace y su colega Marc Costello, fascinados por el poder potencial de dicho movimiento, trataron de conjugar su propia lectura del asunto, con un manual de instrucciones para dummies (es decir, el profano público blanco) que ahondaba -de una manera entusiasta e incluso naive, todo hay que decirlo- en sus orígenes, su presente y sus más brillantes exponentes, así como se aventuraba a vislumbrar su agitado porvenir. El rap todavía era conocido con ese epígrafe (todavía faltaría un tiempo para que mutara en “hip-hop”, se corrompiera y acabara convirtiéndose en otro inofensivo producto mediático) y artistas como Public Enemy, Ice T y N.W.A. mostraban su cara más combativa, reflejando en sus textos y actitud una serie de asuntos de vital y urgente relevancia social. El autor de ‘La Broma Infinita’ resume, en tan primordial análisis, que las alternativas vitales de muchos jóvenes negros por aquel entonces se limitaban a servir en el ejército, recurrir a la delincuencia o vivir entre rejas. El rap aportaba una cuarta y necesaria salida: manifestarse a través de la música, promulgando un mensaje de fuerte calado, entres scratches y flow asesino. La explosión de dicho estilo era demasiado potente como para no ser escuchada, y cambiaría la música de los Estados Unidos (y poco después, del resto del planeta) para siempre, algo que para Wallace y Costello, dos universitarios blancos de clase media totalmente abiertos de miras, era necesario explorar, ya fuera a través de disertaciones de lo más serias, como metiendo inteligentes y cachondos puyazos (un ejemplo, la simpática colleja moral que dan a unos Aerosmith, en su alianza con Run DMC). ‘Ilustres raperos: El rap explicado a los blancos’ nos lleva atrás en el tiempo a una época en la que la autenticidad y el mensaje eran una prioridad y una auténtica necesidad a la hora de cambiar las cosas, antes de que todo quedara fagocitado por el sistema al que ellos mismos plantaron cara.

ALBERTO DIAZ

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