HOLLIS BROWN ‘Ozone Park’

(Cool Green/Mascot/Top Artist) Los de Nueva York forman parte de esas hornadas de cachorros amamantados por el dichoso “americana” que asieron sus guitarras para insuflar una lozana corriente de aire a las raíces de la música norteamericana. Así lo hicieron en Ride on the Train (2013), su debut plastificado. Un espléndido trabajo que respiraba frescura gracias a temas cortos y directos, resplandecientes guitarras y preciosistas armonías vocales. Pero también bebían agua de otras fuentes, de ahí que su segunda entrega al año siguiente fuera una recreación integra del Loaded de la Velvet Underground, bautizado Get Loaded, y saldado con excelentes resultados artísticos. Tras poner al alcance del público las bases de su propuesta con ese par de grabaciones todo quedaba pendiente del siempre complicado síndrome del segundo elepé. Y, en efecto, la edición de 3 Shots en 2015 mostraba otra cara, cercana en planteamientos a bandas como Big Star y artistas como Tom Petty o Neil Young, con un sonido menos campestre y más urbano ilustrado en temas en que se lanzaban a la vorágine como la excelente «John Wayne», siete minutos en que se trasmutaban en una abrasadora tormenta eléctrica deudora de los Crazy Horse, exhibían rocanrol, «Rain Dances», mano para escribir posibles hits, «Sandy», «Highway 1», y baladas rompecorazones, «Death of an Actress». Con este álbum ofrecieron cuatro conciertos en España, Bilbao, Madrid, Valencia y Barcelona, servidor estuvo presente en el de la ciudad condal y dejaron sensación de banda de mucho fundamento con un concierto muy sólido. Así que todo en orden, talento, juventud, imagen, canciones y un buen directo, para seguir su progresión. Progresión que continua en esta nueva entrega, sin duda, aunque la sorpresa del abajo firmante ha sido mayúscula tras darle repetidas escuchas buscando algo de lo que me había encandilado con anterioridad con nulas consecuencias. En Ozone Park el giro es radical y muy alejado de sus predecesores, de ambiciones mucho más comerciales, la apertura con «Blood From a Stone» es un perfecto ejemplo de ello, reminiscencias ochenteras en los teclados y ritmo saltarín, o los que ellos mismos llaman “rock & roll de 2019”. No seré yo el que les lleve la contraria pero no se puede jugar al equívoco de esta manera con tus seguidores y sobre todo cuando las composiciones no tienen el calado necesario para captar la atención a pesar de ese baño de chapa y pintura resplandeciente. Un disco domesticado, amable e inofensivo, apto para oyentes sin demasiadas exigencias, que no deja poso alguno y que recuerda mucho a la evolución de combos como Kings of Leon. Que pasaron de la grasa y las camisas de cuadros a los cortes de pelo a la moda y las camisetas de colores en un plis plas. No juzgaré si es para bien o para mal pero está claro que una parte de su público, incluido el abajo firmante, se va a quedar atrás para dar paso a otro asunto. El tiempo dará o quitará razones. Yo me bajo, hay muchos discos buenos que escuchar.

MANEL CELEIRO






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