HELEVORN ‘Aamamata’

(Blood Fire Death) Doom-Death, el estilo. Lentitud, majestuosidad, cadencias de tortura, oscuridad y desesperación. El legado de la zona con más penumbra de Black Sabbath llevados al extremo, actualizado, asimilado y finalmente regurgitado. No el tipo de música que te pones para salir de fiesta, en tu primera cita o para ir a la playa. ¿Masoquismo musical? ¿Ganas de pasarlo mal porque sí? Tú sabrás tus motivaciones, pero la cuestión es que has de estar de un determinado humor para afrontar la propuesta. Y abrir bien las orejas, porque en muchas ocasiones estamos hablando de auténticas obras de arte. Piensa en Paradise Lost, Candlemass, My Dying Bride, Katatonia… No hay lugar para las frivolidades, las ligerezas o la superficialidad. Mallorca, por otro lado, no parece el lugar adecuado para la aparición de bandas del estilo. Los días son luminosos, no hay niebla por doquier y el buen tiempo invita a otro tipo de actividades. Sin embargo Helevorn tienen su base de operaciones en la isla, y llevan ya unos cuantos años dando la guerra, reivindicando su propuesta. De hecho estamos hablando de su cuarta entrega y, visto lo visto, es nuestro deber fijar nuestra mirada en ellos y ya no apartar la vista jamás. ‘Aamamata’ es un trabajo brillante en todo, en composición, ejecución, e incluso en el apartado estético, esa portada es preciosa, evocadora y una buena referencia al concepto que la banda quiere expresar. A saber, la muerte en el mar, las fosas comunes de la Guerra Civil, la pérdida de identidad, la desesperación de aquellos que tienen que huir de sus hogares y dejarlo todo, las tradiciones mediterráneas e incluso el canto medieval de la Sibil·la. Todo muy doom, pero con una dolorosa base real, que lleva el disco a otro nivel. Véase, por ejemplo, la estremecedora historia que narra ‘Aurora’. Las sospechas de que el viaje, porque de eso va  este disco, van mucho más allá de lo previsto no tardan en confirmarse. Porque si bien los tres primeros temas que abren fuego (‘A Sail to Sanity’, ‘Goodbye, Hope’ y la emocionante ‘Blackened Waves’) se pueden enmarcar dentro de la ortodoxia de lo que se espera (los parámetros antes mencionados de Paradise Lost, My Dying Bride, e incluimos aquí a Moonspell), es cuando nos topamos con esa maravilla llamada ‘Nostrum Mare (Et deixo un pont de mar blava)’ en el que se canta y recita en ocho idiomas, mientras que la banda al completo se desmelena, exibiendo con soltura y autoridad todas sus habilidades, cuando empezamos a vislumbrar el factor diferencial. Una vía que se completa con las magnificentes y excelsas ‘The Path To Puya’ (atención a la voz femenina y a los arreglos de fondo) y ‘La Sibil·la, adaptación de esa tonada tradicional con la que cierran el disco. Lo local como inspiración, huyendo de los clichés y los lugares comunes, para constituir un referente estético y cultural de tintes universales. Desde luego, no volveremos a pensar en Mallorca de la misma manera. Nunca más. Creo que no hace falta recrearnos en lo ya conocido, Helevorn conocen a la perfección el libro de estilo y manejan la caja de herramientas con maestría. Todo aquí es intenso (las voces limpias, los growls, las guitarras que se entrelazan y retuercen, los teclados sabiamente distribuidos y una base rítmica que puede con todo), meditado y colocado con la maestría y paciencia de un fabricante de relojes. Da gusto enfrentarse a una propuesta tan inspirada y cuidada como ésta, ante la cual las palabras se quedan cortas y las explicaciones son, a todas luces, insuficientes. Así que, si es que no lo habeis hecho ya, apuntaos el nombre de Helevorn en la lista de ‘musts’, buscad un momento y lugar propicios para la introspección y haceos un favor escuchando con la atención debida este ‘Aamamata’, cuyos secretos parecen no acabarse nunca y son fuente tanto de placer sonoro como de sobrecogimiento.

YURI VARGAS

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