GWYN ASHTON (Rocksound, Barcelona 13-04-2018)

“Gwyn es un tío muy especial”, me comentaba Arthur, el batería del trío. “Nunca sabemos qué vamos a tocar de antemano, lo va decidiendo sobre la marcha”. Y así fue. En un mundo saturado de información, o ruido que lo parece, el bluesman apuesta por el arte. ¿Estamos hablando de música? Pues hagamos que esté viva y sorprendamos al público. Ashton va a la suya. El galés reconvertido en aussie tiene más prestigio que fama, pero eso no parece importarle. Asaltó el escenario él solo, como si fuera el dueño, no de las tablas, sino del local, y flanqueado por un arsenal de guitarras que parecen sacadas de un museo, por lo hermosas que son y ese aire histórico que desprenden, y el célebre kit de bombo rescatado de las sesiones de ‘Paranoid’ de Black Sabbath (sí, como suena), y se tiró casi una hora haciendo lo suyo, es decir, blues rock de orfebrería, genuino y atemporal. Y con matices, no vayan ustedes a creer, pues el hombre no tiene problemas en traspasar fronteras, y de la PA salieron acordes que bordearon la psicodelia e incluso el hard rock. El tocar el sobadísimo riff de ‘Smoke on the Water’ podría causar suicidios colectivos en otros contextos, pero en éste tuvo su gracia y arrancó carcajadas cómplices del respetable. La excusa era presentar ‘Solo Elektro’, su más reciente referencia discográfica, iniciando las hostilidades con la onírica ‘Metaphysical Journey’. Más tarde sonarían títulos como “The Road is My religion’ o ‘Ain’t My Syle’, clásicos de la no muy extensa discografía de Ashton. El guitarrista tiró de oficio y carisma, y aunque en algún momento ese tramo del show se pudo hacer largo, sobre todo para los profanos, el hombre logro mantenernos a todos hipnotizados y a duras penas pudimos apartar la mirada del escenario. Ashton ha mamado mucho de la escuela clásica, Johnny Winter, Rory Gallagher, Stevie Ray Vaughan, Pat Travers… , y se le nota en la actitud rockera. Si Ace Frehley hiciera blues, sonaría como Gwyn Ashton. Ya saben, esa mezcla de agresividad y apatía estudiada… La incorporación de la base rítmica al escenario, los Born-Again Sinners, nos llevó a otro nivel. La maquinaria estaba perfectamente engrasada, con todos los engranajes en su sitio, y aunque no se llegó al delirio en ningún momento, el público bailoteó a gusto y salió satisfecho del local (de la exaltada que trepó al escenario a hacerse selfies hablaremos en otra ocasión). La noche era lluviosa y en otro lugar Roger Waters convocaba a miles. No hay problema con eso, pero nunca está de más bajar al subsuelo a reencontrarse con las raíces y volver a recordar de dónde viene todo eso que nos gusta tanto.

TEXTO: YURI VARGAS

FOTOS: ENRIC MINGUILLÓN

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