GOD IS AN ASTRONAUT ‘Epitaph’

(Napalm Records) Uno de los abanderados del género Post-Rock, God Is An Astronaut, nos acaba de presentar ‘Epitaph’, su octava entrega desde su formación en 2002. No hay sorpresas ni se esperaban. La trayectoria de la banda se ha ido afianzando en su estilo y, aunque siempre se los compara con Anathema por varias coincidencias,  el tratamiento ambiental del trio irladés se muestra más estable, siguiendo la línea que los ha ido elevando a banda de culto dentro del género. El combo de los hermanos Kinsella, Niels al bajo y Torsten a la guitarra y teclados, ha encontrado su formula y la exprimen con nuevos pasajes y sensaciones. A ellos se une Lloyd Hanney a la batería, que dibuja y remarca, a veces de forma sutil, a veces desbordante, las distintas atmósferas.

El álbum se abre con el tema homónimo, “Epitaph”, inquietantemente suave y melancólico que nos obliga a relajarnos y bajar la guardia para, a mitad de la pieza, hacer entrar como un enjambre, la primera descarga. La intensidad vuelve a la calma para volver a recuperar fuerza. A partir de aquí el esquema se irá repitiendo y las acometidas agresivas se irán turnando con pasajes más serenos, subiendo y bajando como la marea. “Mortal Coil” es más luminosa, con un teclado alegre y una batería con un ritmo intenso nos permite un paseo a buen paso hasta encarar la apesadumbrada “Winter Dusk/Awakening”, con una evolución de canción de cuna a un amenazante despertar donde se acumulan las capas sónicas para volverse a diluir hasta el silencio. Más rítmica, “Seance Room”, sube de intensidad aplicando todo el arsenal de God Is An Astronaut: sintetizadores, melodías y guitarras shoegaze de forma tan delicada que nos encontramos en la cresta de una ola gigantesca sin apenas darnos cuenta. El ambiente melancólico vuelve a planear en “Komorebi”. “Medea” abre con una dilatada introducción donde se van añadiendo capas y capas para llegar a un estado ominoso y amenazador. “Oirin” es el cierre marca de la casa, delicado y sombrío, dedicada a la memoria del primo de Niels y Torsten, que falleció tragicamente a los 7 años.

‘Epitaph’ es intenso y emocional. Es un placer sentir como los temas se dilatan, sin prisa, para hacernos entrar en los distintos ambientes que tan sutilmente nos conducen de paisajes etéreos y ligeros a cargadas tormentas sonoras o descargas pesadas y oscuras, para volver a dejarnos, delicadamente, en un estado de letargo a la espera de la próxima acometida. Aunque la duración de los siete temas suma casi 45 minutos el resultado se hace corto y deja con ganas de más. No esperábamos menos.

JOSEP Mª LLOVERA

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