ENTREVISTA ODETTA HARTMAN

Odetta Hartman es una artista a tener en cuenta si uno está absolutamente desprejuiciado a la hora de alimentar sus orejas. Se tilda su música de ‘Folk futurista’, dejémoslo simplemente de artista de raíces americanas que sabe mirar hacia atrás y hacia adelante. Su último disco ‘Old Rockhounds Never Die’ (Memphis Industries) así lo prueba en un ejercicio de buen gusto, calidez y hasta de cierto punto naïve. Esta misma semana estará por nuestros escenarios, y se nos ha antojado imprescindible tener una charla con Odetta para que nos presente su particular mundo y concepción de la música.

TRADICIONALISTA PERO ROMPIENDO BARRERAS

Antes de nada ¿Podrías resumir un poco tu carrera y así presentarte ante nuestros lectores?

Bueno (risas), pues ahí voy. Me llamo Odetta Hartman, soy cantante, compositora y multiinstrumentista, nací y crecí en el Downtown de New York, empecé a tocar violín clásico a la edad de cuatro años y durante veinticinco años he estado explorando la música en todas sus posibles modalidades. Desde muy joven estuve expuesta por mis padres a la música experimental y al teatro, y ellos siempre me alentaron a explorar el arte. De adolescente me sentí muy atraída por el revival rock de New York de principios de siglo, y aprendí con la guitarra a tocar versiones de The Strokes y a componer canciones influenciada por Fiona Apple y Regina Spektor. En mi segundo año en la universidad Bard me uní a una banda de folk llamada The Sparrows y me sumergí en la vasta herencia de la música tradicional americana. Al mismo tiempo estudié canto de Jazz y Blues influenciada por el espíritu de Billie Holiday y Bessie Smith. Tras graduarme giré por mi país junto al mago y músico Gryphon Rue incorporando elementos del Vaudeville en nuestras actuaciones. Después de ver en directo una noche a Charles Bradley es cuando me decidí a grabar mi primer EP ‘Tally Marks’, desde entonces también he publicado un segundo EP ‘Bark’, dos álbumes ‘222’ y ‘Old Rockhonds Never Die’ y he continuado colaborando con otros artistas.

Háblame un poco de uno de ellos, de tu último disco ‘Old Rockhounds Never Die’ ¿Cómo ha sido tu relación con el productor Jack Inslee?

Tanto este último como ‘222’ son grabaciones de dormitorio, hechas y mezcladas en casa. Jack Inslee al que considero un mago del sonido y un gurú de la tecnología ha dedicado gran parte de su vida a producir un montón de discos de la más diversa índole desde que transformó el sótano de su madre en un estudio cuando tenía trece años. Se desenvuelve muy bien en un ambiente de estudio, donde todo el equipo está preparado para cualquier hora que pueda llegar la inspiración. Por esta razón y como teníamos control absoluto sobre el estudio, tuvimos absoluta libertad para grabar y experimentar a cualquier hora, sin presiones externas. Esto nos ha llevado a un sonido muy orgánico, especialmente evidente en canciones como “Honey” u “Old Rockhounds”, que es cuando estaba tonteando con nuevas ideas y Jack tuvo vista para poner en marcha la grabadora y captar la primera toma.

En ‘Old Rockhounds Never Die” te encargas de tocar todos los instrumentos ¿Cuál es la razón? ¿No has sentido la necesidad de interactuar con otros músicos?

Cuando Jack y yo nos conocimos yo estaba tocando con una banda de diez músicos, incluyendo una sección de vientos y mis hermanos a las cuerdas. El sonido de este combo era muy sólido, pero a la vez también era muy difícil coordinar agendas, ensayos y conciertos. Jack como productor de Hip Hop y también DJ tenía una base muy importante en producción digital y me introdujo en las maravillas de Ableton (software para la producción musical). Como yo me había autoproclamado músico de Folk estaba un poco recelosa de incorporar elementos electrónicos a mi música, pero con mucha paciencia Jack me enseñó los trucos de ese software y finalmente me quedé fascinada. De hecho empezamos la grabación de ‘222’ con la idea de que cada sonido tenía que ser producido por mí misma, así que empezamos a construir un sonido que incluía banjos doblados, violines desafinados, voces procesadas y efectos sonoros.

De hecho el banjo ha adquirido mucha preponderancia en tu último disco ¿Cuál es tu relación con este instrumento?

Como muchos de los principios básicos de mi música empecé con este instrumento por casualidad. Ocurrió que cogí un banjo en casa de un amigo y fue amor a primera vista. Soy muy sensible a las frecuencias vibratorias –de ahí mi interés en la música como arma terapéutica- y me encantó como su sonido resonó en mi cuerpo. Así que mucho más que otros instrumentos de cuerda, siento el banjo directamente y profundamente en mi alma.

Mis dos canciones favoritas del álbum son “Cowboy Song” y “The Ocean” ¿Qué me puedes contar sobre ellas?

La primera está inspirada por un viaje en tren de cuatro días que hice de San Francisco a Chicago. Mientras transitaba entre montañas y praderas tuve la gran suerte de interactuar con personajes extremadamente interesantes; un cowboy, un monje, un borracho, un escritor…Durante este viaje esta comunidad tan peculiar del tren con la que estreché lazos jugando a cartas y bebiendo Whiskey me hizo motivarme para recordarles en una canción. “The Ocean” es una oda a la independencia, a la autosuficiencia y a superar los miedos.

¿Hay algún artista en particular que te haya influenciado a la hora de grabar “Old Rockhounds Never Die”?

Una de mis artistas favoritas es Karen Dalton, una ruda interprete de banjo de los años sesenta. Otras influencias importantes también serían Wanda Jackson en “Sweet Teeth”, Erykah Badu en “The Ocean”, Joana Newsom en “Carbon Copy”, Arvo Part en “Dettifoss” y por supuesto Alan Lomax.

¿Qué diferencias ves entre ‘222’ y ‘Old Rockhounds Never Die’? Pienso que este último disco es menos experimental y con más música de raíces.

Tienes toda la razón. ‘222’ fue totalmente experimental, creado sin ningún tipo de expectativas, excepto el pasármelo bien experimentando con nuevas herramientas sónicas. Durante el proceso de creación de ese disco junto a Jack creamos un lenguaje musical muy básico basado en grabaciones campestres y samplers  distorsionados que fue nuestra primera incursión en nuevos territorios. En ‘Old Rockhounds Never Die’ seguimos desarrollando el uso de estas herramientas pero mirando hacia mis raíces. Al inicio del proceso teníamos varias capas de violines y harmonías vocales de fondo pero a la vez la intención era grabar un álbum que fuera divertido.

Mucha gente define tu música como ‘Folk futurista’ ¿Estarías de acuerdo?

Sin duda. Creo que esta etiqueta describe muy bien mi amor por la tradición y al mismo tiempo mi deseo compulsivo de romper barreras intentando nuevas ideas. Yo solía llamar a mi música “Cowboy Soul” en un intento de describir la intersección entre el Americana y el Rythm & Blues, pero con el añadido de elementos electrónicos. Pero ‘Folk Futurista’ me está muy bien.

¿Podemos decir que eres una artista con un ojo en el futuro pero con el otro mirando al pasado?

Absolutamente, mi aprendizaje clásico y mi respeto por las formas de la canción tradicional está ahí, pero mi deseo de indagar en el futuro en forma de nuevas maneras de expresión siempre me hará labrar en esa dirección.

¿Qué podemos esperar de tus próximos conciertos en España?

Estoy con mucha excitación, ya que es mi primera vez en tu país. Estaré en el escenario con mi gran amigo Alex Freedom que se encarga de la batería electrónica y la percusión, y tenemos la intención de interpretar material nuevo para vosotros. Alex es un gran músico e intérprete, llevamos girando juntos sin parar desde el pasado agosto y nos lo estamos pasando en grande. Lo que no te voy a revelar los ases que tenemos escondidos en la manga pero te puedo asegurar que tendréis canciones ingenuas, raras, sensuales y muchas cosas más.

XAVI MARTÍNEZ

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