ENTREVISTA ILEGALES

Genio y figura hasta la sepultura. No hay manera mejor de definir al carismático Jorge Martínez, de los siempre necesarios Ilegales. Bajo su fachada y apariencia de rockeros macarras y descerebrados, le dieron sustancia e inteligencia al rock patrio en los ya lejanos ochenta. Decidieron dejarlo hace cinco años pero, como el mismo Jorge reconoce, ha decidido faltar a su palabra para volver con un disco (‘La Vida Es Fuego’) que seguro puntuará alto en las inevitables listas de fin de año. Sonido de guitarras lustrosas y letras puntillosas es lo que nos ofrece la banda, como no podía ser de otra manera. Un gran acontecimiento para nuestro rock, desde luego, y por eso tuvimos un encuentro con el inigualable Jorge Martínez, personaje único que dice las cosas como las piensa, una rara avis en un panorama como el nuestro, donde prima el lema de ‘si frotas mi espalda, yo frotaré la tuya’. Un encuentro que no tuvo un segundo de desperdicio, pero dejemos que sea el mismo Jorge quien nos ponga al día de su presente y el de su banda…

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Jorge Martínez e Ilegales vuelven después de cinco años. ¿Cómo ha sentado esta pausa?

Creo que muy bien, ya que considero que necesitaba un descanso de Ilegales. Ha sido necesario para volver a tener ganas, de querer dar ese guitarrazo ‘ilegal’. Creo que era Compay Segundo el que bebía ron, pero no se emborrachaba, para que al día siguiente le volviera a apetecer… o sea, que este parón a mí me haya provocado un hambre insaciable de Ilegales. Tanto, que ha generado que tengamos dos discos preparados: este que ahora estamos presentando, ‘La Vida Es Fuego’, y otro que aún no sé ni cómo se va a llamar.

¿Te planteaste quizás hacer un disco doble?

Si hubiera hecho eso, seguro que me hubieran tildado de prepotente muchos compañeros de profesión. Seguro que dirían: “mira ese, ¡qué sobrado! ¡Y encima con tantas canciones buenas!” ¡Anda ya e iros a meneárosla! (Risas)

¿Cómo os habéis enfrentado a la composición y grabación de todas estas nuevas canciones?

Tuve claro desde el primer momento que empecé a componer estas canciones que tenían que ser para Ilegales, aunque en un principio pensé en publicarlas bajo mi propio nombre, Jorge Ilegal… pero necesitaba a los otros dos componentes para hacer de base rítmica, ya que son los que mejor lo hacen. Con ellos a bordo, quedó claro que tenían que salir bajo el nombre de Ilegales. Ya sé que así falto a mi palabra de no volver a tocar con Ilegales, pero no quedaba otro remedio, viendo cómo quedaban las canciones. Se grabó en mi propio estudio (La Casa Del Misterio) y creo que son canciones que suenan muy frescas, supongo que debido también a que son de composición reciente. En el disco nuevo se han incluido las que creemos que pueden encajar con facilidad en nuestro público, pero fuera se han quedado otras canciones que pienso que están mucho más elaboradas.

¿Qué me puedes contar sobre el título del disco, ‘La Vida Es Fuego’? ¿La vida es rápida? ¿Es breve? ¿Nos quema?

La vida es una combustión y es imposible evitar que nos queme. Señoras y señores, sepan ustedes que la vida acaba mal. Es lo que hay, y lo que ves en la mayoría de películas de Hollywood es mentira, hay una cámara filmando… La vida acaba muy muy mal. Como he dicho, la vida es una combustión desde el principio: piensa que el origen de todo viene de un caos y, en consecuencia, siempre estamos ardiendo y lo único que nos queda es intentar gestionarlo de la mejor manera posible para elegir si ardes de manera rápida o lenta. Creo que lo mejor es quemarse de manera placentera.

Canciones como “Voy al Bar” o “Regresa a Irlanda” tienen el inconfundible toque clásico y macarra de Ilegales. ¿Qué diferencia hay entre el actual Jorge Martínez y el de hace tres décadas?

No hay ninguna (Risas). He intentado mejorar y no lo consigo. Sigo siendo el mismo tipo que se sigue metiendo en los mismos líos. Como dicen, la cabra tira al monte, yo soy de una manera determinada. “Voy Al Bar”, por ejemplo, tiene que ver con mi afición a frecuentarlos: el bar es un sitio en el que creo que se puede descansar muy bien, aunque también advierto que, de ahí, el futuro no vendrá a buscarte. Tienes que hacerlo por ti mismo, así que el mensaje de ‘levántate y pelea’ sigue siendo el mismo, no renuncio a él para nada; aunque a veces el guerrero necesita descansar y el bar es el mejor sitio para ello. Referente a “Regresa a Irlanda”, quiero expresar lo ofensivo que me parece que un país saqueado –como el nuestro- por el fondo monetario internacional, el Banco Central Europeo sólo nos lleguen noticias de bandas tan melifluas como The Corrs.

Supongo que, hablando de Irlanda, tampoco te volverán loco U2…

Esos tíos son unas monjas y yo no soy católico (Risas).

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Otro de los grandes temas del disco es “Hipster”, una radiografía brutal de este tipo de personajes.

Es que no he podido evitarlo, soy muy maledicente. Tengo una venilla ahí que no puedo controlar, pero es que el término no es nuevo para nada. De hecho, yo estuve sirviendo copas en un bar que se llamaba Hipster en Nueva York: les preparaba cocktails que se llamaban Gin Fizz, que se hacían con nata y clara de huevo; también lo servía en un bar de lesbianas donde trabajé, añadiendo a la mezcla un afrodisíaco muy potente, y la cosa se ponía salvaje de cojones (risas). Volviendo al tema, “Hipster” creo que se acuñó a finales de los años cuarenta con la eclosión del hard bop y del cool jazz: la gente se empieza a vestir elegante a raíz de que los músicos descubren la moda europea, ya que tocaban mucho por aquí; pero a día de hoy se lo relaciona más con los snobs, y eso me gusta, porque es muy Boris Vian y patafísico. De hecho, esta canción es mi guiño personal hacia él. Tampoco es que repugnen los actuales hipsters: son como una cosa multicolor, llena de espinas; un envoltorio intrascendente que parece llevar lo esencial. Unas criaturas a las que intento mirar con cierto buen humor. Fíjate que la canción no es especialmente venenosa… igual algunas frases.

¿Cómo la mención al Primavera Sound?

Es que eso es un circo. Recuerdo que la última vez que Ilegales tocamos en Barcelona: coincidió con el Primavera Sound y hubo gente que salía del festival para venir a vernos a nosotros. También coincidíamos con Barón Rojo en la sala de al lado y veía a nuestro público todo elegante, pero todo eso se esfumó cuando aparecieron los fans de Barón Rojo (Risas).

Cuéntame un poco sobre ‘Las Rosas Trepadoras Asesinas’. Tiene un texto muy interesante, casi poético.

Nunca he tenido miedo de introducirme en la poesía pura, a pesar de que haya fans que siempre piden cosas más cañeras. Piden cosas muy inmediatas, pero no se dan cuenta de que lo que están escuchando tiene hasta dos o tres lecturas. ”Soy Un Macarra”, por ejemplo, habla de ese tipo que nos mira desde el espejo y que puede ser un ejercicio muy peligroso reconocerse en él. A mí nunca me ha dado miedo nada, en esto hay que meterse a fondo, hasta donde sea…”Las Rosas Trepadoras Asesinas” creo que es un tema que está muy bien escrito, tiene hasta su punto político, pero destila mucha tristeza. Es una instantánea muy amplia de un momento mío.

Quizás es hasta evocadora.

Es una canción que tiene frases sin ningún tipo de orden, tal como muchas veces se piensa. Tiene mucho de mi subconsciente, ya que me gusta trabajar en esa zona. Creo que el subconsciente es nuestra parte más inteligente. Te puedo asegurar que muchos temas de ‘La Vida Es Fuego”, y de otros discos de Ilegales, los he escrito dormido, y cuando me despierto intento volcarlos muy rápidamente. Para ello, no uso el ordenador, sino una pluma que se desliza con rapidez para apuntar las frases. Los acordes también hay que cogerlos al vuelo. La verdad es que esto funciona, ya que se consiguen grandes verdades, pero también es muy peligroso: es un jaque al ego en el que las personalidades pueden saltar en pedazos y dudo que ningún psicólogo lo recomiende. Pero… ¿quién dijo miedo?

Y como letrista, ¿quiénes serían tus máximos referentes?

Es que a mí me han influido más Juvenal o Marcial (autores latinos) que Jimi Hendrix. Me interesa más eso: Quevedo, Boris Vian, Borges, Ortega y Gasset, los simbolistas franceses…La literatura me influye mucho. Una cosa es adoptar la pose del macarra cerril, ya que muchas cosas dichas desde ahí son bastante efectivas, y otra cosa es ser un macarra estúpido, que es algo muy diferente. Se pueden adoptar muchas posturas y según cada una el discurso puede cambiar de valor. Fíjate en el sol: depende de la época del año, puede provocar inviernos gélidos o veranos muy tórridos, y eso también lo podemos hacer cualquiera de nosotros. Es algo que deberíamos practicar más a menudo, pero tendemos a acomodarnos. Yo, por defecto, soy muy nervioso y eso hace que cambie de postura con facilidad.

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¿No crees que en el mundo del rock & roll a día de hoy harían falta más individuos como tú? Que transmitan ese peligro que es inherente al rock.

Lo que pasa es que no hay gente que quiera asumir riesgos. La mayoría de personajes de este negocio son travestis, travestis del rock & roll que reproducen una serie de tics, a veces de manera enfermiza e incluso grotesca. Pero nunca patética, porque lo patético puede ser bello, ya que a día de hoy la gente confunde lo patético con lo ridículo. Me sorprende bastante. Creo que han debido seguir la escuela de Leonardo Dantés, que es un reconocido imbécil. Pero sí que han existido rockers muy valiosos y patéticos a la vez, como Gene Vincent, Vince Taylor… ellos no eran travestís del rock & roll, que desafortunadamente es algo que gusta mucho, especialmente a la prensa y a las discográficas. A esta gente, cualquier cosa sincera y original les produce terror, se cagan de miedo. De hecho, he visto como gente de las discográfica en las que he estado me tenían pánico y me parecía bien ya que caían como el culo (Risas). La única manera de hacer rock & roll es desde el peligro, es algo que puede llevarte a la muerte.

Si tuvieras que escoger tres discos que representaran tu carrera, ¿cuáles serían?

No podría elegirlos, ya que los discos de Ilegales y sus canciones son fotogramas… y ya sabes que soy un tipo que cambia de postura con facilidad.

O sea, que cada álbum es una foto de un periodo muy concreto.

Exactamente, y a veces hasta impresionistas, si tuviéramos que hacer comparaciones pictóricas con los discos de Ilegales.

¿Qué planes hay para Ilegales en lo que queda de año?

Aunque haya un nuevo disco grabado vamos a seguir moviendo ‘La Vida Es Fuego’. No puedes desgastar así a la gente: a día de hoy, la vida de un disco es de quince días, pero no es aconsejable sacar otro disco, simplemente por razones estratégicas.

¿No corres el riesgo de que esas canciones puedan perder su frescura?

No, creo que ningún disco del catálogo de Ilegales ha perdido su inmediatez con el paso del tiempo. No creo ni que se pueda decir que han envejecido bien, porque no han envejecido. De hecho, cualquier tipo de música que prueben grupos nuevos ya lo hemos hecho nosotros antes. Estuve hace poco escuchando canciones de Los Madison que grabé antes de que fuéramos Ilegales y podrían encajar sin problemas en la cosecha musical de este 2015. Creo que voy a repescarlas (Risas).

Vais a tocar en el Iberia Festival (en el momento de la entrevista aún no se había anunciado su aplazamiento), pero… ¿habrá gira en toda regla de Ilegales?

Es que hemos pasado de ser un grupo fácilmente transportable (la banda, el mánager y un técnico) a ser una banda con cierta infraestructura a nivel de luces y sonido. Eso ya incluye más técnicos, road mánager… Es algo que hacemos para no repetirnos y también porque parece que el gran público a día de hoy se fija más en lo accesorio que en lo esencial; en consecuencia, los conciertos van a ser más cortos, pero con más parafernalia. Si no accedemos a estas reglas, corremos el riesgo de que el público no descubra el rock de verdad y se quede mirando sólo montajes. Es triste, pero es así.

En solitario, ¿tienes alguna nueva inquietud musical?

Quiero hacer algo de música sinfónica. Es posible que en los próximos años grabe algo con una orquesta. También estoy escuchando grupos de metal-core y hay un grupo que se llama Fabuloso Combo Espectro que me gustan mucho. También me gustan UHP, me hacen pensar en la California de finales de los sesenta con el desencanto hippie.

Entonces, no todo está perdido…

¡Que va, para nada! Soy de esos que aún compro revistas, no sólo nacionales sino también extranjeras, para ver que discos recomiendan. Aunque algunas de ellas me cabrea solo abrirlas: lees una crítica muy positiva a ciertos discos que cuando los escucho, miro el nombre del crítico y pienso: “¡cabrón, imbécil!” Aunque a veces también he descubierto cosas maravillosas. Hay que estar receptivo y atento de manera constante, dejar de mirarse el ombligo y ver hacia fuera.

Parece que no has perdido la ilusión, muy al contrario que muchos compañeros de tu generación.

Esos ya nacieron así. Cuando les conocí, ya eran de esta manera. ¡Qué pena! (Risas)

 XAVI MARTÍNEZ/ALBERTO DÍAZ

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