EDU QUINDÓS: ‘Still Believe’

still-believe-edu-quindos-portada-formatos-1500-px-150-dpi(Temps Records, 2016)

Un disco que comienza con la palabra “chocolate” siempre tendrá toda mi atención. Era de esperar que, bajo este título, el arranque de Still Believe fuese dulce, con un sonido que avanza entre chasquidos de dedos, una voz brillante, rasgada y sugerente, y una guitarra bluesera y sutil que deja espacio al rasgueo de otra, más cálida, casi podríamos decir que barriobajera, pícara. Ya desde el primer in-crescendo del“Chocolate”, un dulce casi paladeable a base de oído, nos damos cuenta de que estamos ante un disco que exige más de una primera escucha, si es que deseamos apreciar todos los matices que en él se esconden. Un disco que debemos apreciar no solo con el sentido del oído, sino del tacto y el gusto. Porque la voz de Edu Quindós traspasa las fronteras físicas para instalarse en nuestra piel, como un fino velo.

De la contundente sensualidad de “Chocolate” pasamos al romanticismo de raíz americana de “Hope”; un leve poso de melancolía que superar con un grito de esperanza, desgarrador en la garganta de Edu. Magnífico y tierno arpegio de guitarra principal, secundado por una eléctrica que no hace sino amplificar un sentimiento imposible de definir sino con la ñoña expresión de “dejarnos el alma calentita”. Un calor que continúa con el “I Don’t Wanna See You Fall Tonight”: de corto recuerdo al “High Hopes” de Glen Hansard (salvando, y con mucho, las distancias con el irlandés), Quindós mantiene la pulsión romántica y la transforma en arrullo, dejándonos con las ganas de enarbolar nuestro mechero en lo alto, mientras abrazamos a aquel a quien no queremos dejar caer esta noche. (O a mi gato, en realidad). Lo único que podemos desear al acabar este chute de endorfinas es un tema que nos levante el ánimo, pero en “I Will Be There For You” todavía nos espera una nueva balada que, eso sí, y menos mal, nos arrima en su trayecto final a paso marcial y estribillo coreable, de esos que te dan ganas de colocar la mano en el pecho.

Pasamos a “I’m Ready To Be Happy Tonight” (y lo que nos gusta a los millennials un buen ukelele): alegre tonadilla que destensa tanta intensidad, devolviendonos a la infancia y preparándonos para “It’s Alright”, rock melódico du-duá con aire vintage y un reverb sutil que no hace sino acentuar ese rollo a Postmodern Jukebox. Seguimos con “Lost Opportunity” sin movernos del rock clásico, pero sí de localización. Del ritmo urbano que nos dejaba “It’s Alright” pasamos a encontrarnos en una cabaña nevada a la orilla de un lago, al más puro estilo Lee Marvin en “I Was Born Under a Wandering Star”. Nos encontramos en el ecuador de ‘Still Believe’ y, como por arte de magia, la voz de Laura Soler pasa a protagonizar “New Bright World”; una voz suave, acariciante y cálida, secundada de manera casi invisible por Quindós. Volvemos a agarrar el mechero, mecidos por el contoneo de una guitarra tierna y una conjunción vocal que no podría responder sino al impreciso adjetivo de bonito. Un arpegio que se contagia a “Running Now”, con la voz de Quindós y la esencia americana de nuevo presentes, aderezados con los brillantes rasgueos de la segunda guitarra y una eléctrica que aporta la base para el in-crescendo. “Still Believe” marca el peso conceptual del trabajo del cantautor catalán, seguido del corte más atípico, críptico y onírico del LP: “When You Cross the Line”, una transición -en el sentido más introvertido de la palabra- que nos lleva a descubrir que hay palabras que parecen muros (“Words that Are Walls”), metiéndonos de lleno en el convencimiento de que, algunos sentimientos, son imposibles de transmitir con palabras. De que, a veces, necesitamos canciones.

Cuando parecía que ya lo habíamos escuchado todo, a falta de dos cortes para el epílogo de un disco redondo, “You Say I´m Cold” nos devuelve al pop-rock en el que Quintós saca su vena más diva y juguetona. El baile llega, aunque esta vez a ritmo del este, incluso folk europeo, de “You’ve Got to Try This”. Una gran personalidad y un gran trabajo, amparados en un álbum de primera categoría. Uno de esos discos mágicos que te hacen sentir completa tras su escucha. Un disco para escuchar una y otra vez. Unas, con el oído. Otras, con el tacto. Y otras, con el sabor a chocolate en los labios.

ELENA ROSILLO

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