DIO RETURNS: DÁNDOLE VUELTAS AL HOLOGRAMA

Como bien todos sabéis la reverenciada figura de Ronnie James Dio ha vuelto a los escenarios usando la tecnología y en forma de holograma. Algo que se podrá presenciar en nuestros escenarios en las siguientes fechas;

13 diciembre Barcelona (Bikini)

14 diciembre Zaragoza (Teatro de las esquinas)

15 diciembre Santander (Escenario Santander)

Un ‘retorno’ que está levantando acalorados debates entre los seguidores del malogrado vocalista. En esta casa tenemos dos puntos de vista sobre el asunto. Y sin querer ponderar sobre ello, os dejamos con la opinión de dos de nuestros colaboradores, uno contento con el tema y otro…pues no tanto.

A FAVOR

La polémica ya lleva tiempo sobre la mesa y lo cierto es que no acabo de entender el motivo de tanto revuelo. ¿La causa? Una gira de Dio’s Disciples con la aparición de la figura del cantante sobre el escenario en forma de holograma durante unos pocos temas (tres o cuatro, según la fuente). Ya sabéis, fue anunciarlo y al instante brillar los cuchillos en busca de sangre, sobre todo en las redes sociales. Que si era una excusa para sacar pasta, que qué iba a ser lo siguiente, que así no había forma de que las bandas nuevas pudieran sobrevivir, si el público prefería pagar por ver artistas muertos en vez de músicos reales. ¿De verdad que es para tanto? ¿O es simplemente una excusa para echar las culpas de lo que sea a quien sea ante la incomprensión de una industria en constante cambio y de futuro incierto? De acuerdo, la música popular, y el rock en particular, es una propuesta artística concebida para el directo. O sea, músicos tocando, sudando y equivocándose. Cierto, es lo que nos gusta y lo que todos queremos. Y es más, nos gustaría que fuera el propio Dio el que nos cantara desde el escenario, aunque en sus últimas visitas a nuestro país no es que reventara los locales en los que actuó. Pero eso ya no es posible, estamos en 2017 y alguien (¿Wendy?) pensó que porqué no vivir esos minutos la ilusión de tener al vocalista actuando y arrancándole una sonrisa al público, si la tecnología lo hace posible. Y a partir de ahí que cada uno hilvane la historia que más le apetezca: una curiosidad que no pasa de anécdota o un sentido homenaje a una de las figuras más queridas que ha dado el mundo del rock. Si he de ser honesto, tengo que confesar que el invento no me ha hecho dar saltos de entusiasmo, aunque sí me arrancó una sonrisa de complicidad. Lo mismo que me ocurrió cuando vi a la Princesa Leia o al General Moff Tarkin resucitados digitalmente en la última entrega de Star Wars. Por unos segundos parecía que estaban ahí, aunque todos sabíamos que no. No importa, no es más una ilusión que sólo precisa de un poco, sólo un poco, de voluntad por nuestra parte. Y ahora mismo me viene a la cabeza  Hatsune Miku, la cantante digital japonesa, cuyos conciertos arrasan entre la juventud nipona, tanto, que la propia Lady Gaga se ha mostrado interesada en llevarla de telonera. Por cierto, que nadie en Japón se ha escandalizado ni ha pronosticado las siete plagas que han de traer el caos y la devastación a la industria. No, la música en directo no morirá, al igual que no han muerto los libros ni los diarios en papel. Tampoco parece que los actores de Hollywood se vayan a ir al paro inminentemente ante la (presunta) amenaza digital. Sólo se trata de tener la mente abierta, recuperar un poco la ilusión-inocencia perdidas y no intentar poner puertas al campo a la primera ocasión que nos sacan de nuestra zona de seguridad, definida por la rancia tradición rockera. Tampoco convirtamos la anécodota en categoría. Dejémosnos llevar, disfrutemos del concierto y rindamos un justo homenaje al legado de Ronnie, que es de lo que se trata. Ni más ni menos.

PEDRO PABLO SIMÓN

EN CONTRA

Parece que el mundo del rock tal como lo hemos conocido está llegando a un callejón sin salida. Las grandes bandas y artistas del pasado están llegando a –y en muchos casos superan- la edad de jubilación, que pensado con frialdad es algo que entra en la más absoluta de las normalidades, el paso del tiempo es inexorable e igual para todos. Pero lo que sí es preocupante es la falta de relevo, pocos a casi ningún nombre se pueden poner como futuro clásico. También algo normal, no nos engañemos. La caída en picado de las ventas de discos debido a la piratería y al streaming ha provocado la falta de apuesta por parte de las discográficas en nuevos talentos. Así que el único recurso para seguir generando beneficios de la música son las presentaciones en directo. Especialmente de viejas glorias, cuyo nombre sigue siendo un reclamo para viejas y también nuevas generaciones. Y también hemos llegado a un momento en que ya da igual si el artista de turno está vivo o muerto. La tecnología actual permite que un artista ya difunto pueda estar en un escenario para deleite de sus fans, y el primero en volver a la vida virtual ha sido el añorado Ronnie James Dio. Su pérdida en 2010 supuso una tragedia, especialmente para la comunidad hard & heavy. Normal, su privilegiada garganta, carisma y carrera discográfica fue un ejemplo para muchos, y es normal que se le eche tanto de menos. Pero claro, de la lógica añoranza a hacerle volver a un escenario en forma de holograma creo que hay un trecho.

De hecho en este sentido siempre me he considerado muy pragmático. Me gusta ver a mis ídolos sobre un escenario, pero no a cualquier precio, quiero que a pesar de la edad me puedan dar espectáculos dignos, y si no son capaces no tengo ningún problema en que se queden en sus casas y no mancillen la leyenda. Pero a lo del holograma no le acabo de pillar el punto. Una cosa es hacerlo en un concierto puntual y de corte benéfico, con lo cual la cosa puede quedar hasta emotiva, pero sacar el invento de gira para intentar jugar con la nostalgia de los seguidores, pues no lo acabo de ver la verdad. Y de hecho, creo que abre una brecha en el entramado rock que a la larga puede ser más dañina que beneficiosa. De hecho ya se está hablando de resucitar holográficamente a iconos como Frank Zappa o Roy Orbison, y a mí entender eso no puede ser bueno para el mundo del rock. Un mundo que siempre ha estado en constante renovación y a los que este tipo de inventos parecen ir a contracorriente de la misma idiosincrasia del género. Lo que está claro es que por mucho que se divague y se digan los pros o los contras, el público es el que decide al final. En nuestras manos está perpetuar este tipo de actos nostálgicos o en la medida de lo posible intentar empaparse de las nuevas propuestas, que mucha falta nos hacen por mucho que sigamos echando de menos a ese gran vocalista que fue Ronnie James Dio.

FRANCISCO FUENTES

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