DIEZ AÑOS SIN DIMEBAG

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Definitivamente, el tiempo pasa volando. Diez años ya, y parece que fuera ayer cuando me llegó a mis oídos la noticia del brutal asesinato de Dimebag Darrell. No podía dar crédito a lo que estaba escuchando: el guitarrista, asesinado a balazo limpio sobre el escenario por un enajenado fan de Pantera y, encima, el mismo día en que también fue disparado a bocajarro el icónico John Lennon. Parecía una cruel y desalmada broma del destino. Han pasado ya dos lustros y, afortunadamente, el siempre implacable paso del tiempo no ha logrado borrar el recuerdo del último gran héroe de la guitarra que dio el Metal. Porque no, esto no es un panegírico provocado por la exaltación y mitificación que siempre produce la muerte en los caídos: mis pensamientos siguen siendo los mismos que cuando el malogrado guitarra estaba entre nosotros, porque Pantera y Dimebag Darrell siempre fueron algo más. Ellos lograron como pocos volver a darle lustre y dignidad a un género que, a principios de los noventa, estaba sucumbiendo a los estragos del fenómeno grunge y a su propia incapacidad de ver más allá de su reino. Cuando las bandas señeras del estilo como Judas Priest o Iron Maiden empezaban sus largas travesías del desierto en los noventa y el hair metal se consideraba poco menos que un chiste en manos de la generación X, llegaron cuatro brutos de Texas y todo volvió a ser excitante.

‘Cowboys From Hell’, ‘Vulgar Display Of Power’ y ‘Far Beyond Driven’ es la Santísima Trinidad metálica de los años noventa; tres obras que reinventaron el género sin tener que salirse de él y sin tener que mirar a otros estilos. Pantera le quitaron autocomplacencia, clichés y gran parte de la épica de juguete que caracterizaba al género. Endurecieron la propuesta tomando prestados elementos del punk y del hardcore y los combinaron con las virtudes metálicas: Pantera se mostraban enfadados, casi furiosos… pero esa mala leche no les impedía tocar con una destreza sin igual y fabricar canciones memorables. Phil Anselmo rompió con el estereotipo del frontman metálico, rapando su cabeza al cero, tirando a la basura cuero y remaches, desnudando su torso, llenándose de tatuajes y cantando con una ira heredada de los combos de hardcore neoyoquino

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Y si Anselmo reinventó toda la caduca parafernalia metálica, ¿qué podemos decir del añorado Darrell? Pues que su guitarra fue tan decisiva en todo el proceso como la figura del vocalista. Influenciado por clásicos como Tony Iommi, Ace Frehley, Eddie Van Halen o Randy Rhoads, Dimebag creó una novedosa manera de hacer riffs que aún influye a día de hoy: riffs pesados, retorcidos, enmarañados, afilados como pocos, pero con un espectacular sentido rítmico; tanto que resulta imposible no agitar la cabeza y el cuerpo nada más escucharlos. De hecho, se podría afirmar que él solito creó lo que se denomina groove metal. Pero no sólo de riffs vive el músico, y a esta nueva concepción rítmica Darrel recuperó algo que se estaba perdiendo: ese concepto tan temido que se llama solo de guitarra. Abundaban en la música de Pantera, virtuosos pero extraños a la vez, y tan inconcebibles como los riffs marca de la casa. En definitiva, un guitarrista que fue uno entre un millón. Tan grande fue la influencia de la banda que incluso sus propios maestros se sintieron tan atraídos por su sonido y no dudaron en intentar copiarlo (recordemos a un Rob Halford que, imbuido por el sonido panteril, decidó abandonar a Judas Priest para hacer su propia versión del cuarteto tejano en los ‘discretos’ Fight).

Desafortunadamente, la carrera de Pantera se estancó, las disputas internas, las drogas y el no poder llevar más allá la agresión mostrada en ‘Far Beyond Driven’ les hizo caer en una repetición de esquemas que desembocó en la disolución de la formación. Es igual, esos tres discos de la primera mitad de los noventa valen más que discografías enteras de cien bandas. También es triste que nadie haya sido capaz de recoger el testigo de estos músicos inigualables, ya que -tras el zarpazo del felino- el género metálico se desdobló a nivel mediático en el denominado Nu Metal, interesante en sus principios (con las primeras obras de Korn y Coal Chamber, por ejemplo) y en el denominado Power Metal, un sofocante habitáculo donde se construyó un género hecho a base de los más rancios y detestables tópicos heavies. En fin, diez años sin el bueno de Dimebag… y aún echamos de menos su manera de tocar, su perilla roja y su afabilidad. Sirvan estas líneas de sentido homenaje a una banda (y a un guitarrista) que lo cambió todo en el mundo de la música más salvaje y combativa. En definitiva, el último gran héroe del Metal.

XAVI MARTINEZ



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