DEVILDRIVER / JINJER (Barcelona, Razzmatazz 2, 09-08-18)

Contra todo pronóstico entrada aceptable a pesar de las circunstancias adversas (agosto, vacaciones, festivales…). Y es que a la hora de verdad tienen que sobrar las excusas si a uno le apetece disfrutar de una buena velada metálica estival.

Tatiana Schmayluk (Jinjer)

Sobre la hora prevista aparecieron sobre las tablas los encargados de abrir la noche; los ucranianos Jinjer, considerados como la mejor banda de metal de su país. La verdad es que no estoy muy puesto en la escena ucraniana, pero visto lo visto uno ha de rendirse ante la evidencia y reconocer que los elogios recibidos no son para nada gratuitos. Un recital metálico donde la banda se mostró menos dispersa que en disco ofreciendo cuarenta minutos de death melódico con algún que otro apunte metalcore. Las riendas las llevó en todo momento la carismática vocalista Tatiana Schmayluk, llenando el escenario con su sola presencia y dotes vocales, pasando del registro gutural al limpio sin el más mínimo problema. El resto de la banda consciente de la frontwoman se olvidan de los aspavientos escénicos  y se dedican a tocar con una técnica a prueba de bombas, logrando una ejecución perfecta y un sonido inmaculado. Durante cuarenta minutos desgranaron  una buena parte de canciones de su última referencia discográfica de estudio ‘King Of Everything’ que data de 2016 (“Words Of Wisdom”, “Pisces” o “I Speak Astronomy” entre otras. Mientras que la reciente reedición de su disco de 2014 quedó relegada casi al ostracismo, ejecutando sólo “Who’s Gonna Be The One” que fue la encargada de abrir el recital. Cuarenta minutos ejecutados con solvencia, sin pausa y destilando nivel a raudales. Con “Captain Clock” cerraron toda una lección de lo que debe ser un concierto de metal contemporáneo.

Dez Fafara (Devildriver)

Tras ellos le tocaba la vez al ex Coal Chamber Dez Fafara y a sus DevilDriver y tengo que reconocer que aun haciendo un buen concierto quedaron por debajo de los ucranianos. Salieron con ganas y sobrados de presencia al escenario y conectaron con sus acólitos, pero un volumen ensordecedor  hizo que se perdieran cosas. O quizás es que ellos mismos decidieron apostar más por la agresión sonora como seña de identidad escénica. Sesenta minutos en los que no pararon quietos, desgranando piezas de casi toda su discografía con especial preponderancia de sus primeros tiempos y dejando prácticamente de lado sus últimas producciones discográficas, incluyendo el reciente disco de versiones country del que no se hizo la más mínima mención. Así, entre la agresividad y la actitud como bandera se acercaron al final del concierto que finalizó con las demoledoras “Ruthless” y “The Mountain”. Sin posibilidad para los bises (eso es basura para rockstars dijo el bueno de Dez) la gente salió contenta (los continuos moshpits así lo qtestiguaban) de una buena dosis estival de metal en vena en sala.

TEXTO: XAVI MARTÍNEZ

FOTOS: JOSEP Mª LLOVERA

Deja un comentario

*