DEEP PURPLE MK III (1973-1975) (2ª PARTE)

LA NECESARIA REINVENCIÓN DEL MITO PÚRPURA (PARTE 2)

HAY MÁS CERA QUE LA ARDE

Con los nuevos reemplazos, la Púrpura Profunda estaba de nuevo lista para seguir con su historia, aunque en una tesitura un poco diferente: lo primero que tocaba era presentar a los nuevos fichajes en sociedad, y para ello se escogió el británico castillo de Clearwell, en Gloucestershire, allá por septiembre de 1973. La prensa pudo conocer a los nuevos mancebos y los planes de empezar a grabar un nuevo álbum que calibrará las posibilidades del reformado combo. Dicho y hecho: durante noviembre del mismo año, volvieron a su icónico Montreux y -al igual que hicieron con Machine Head- registraron sus nuevas ideas con el famoso estudio móvil de los Rolling Stones. En medio de las sesiones de grabación aún encontraron tiempo para hacer algunos bolos y conseguir que sobre todo el imberbe David Coverdale perdiera su miedo escénico, que por aquel entonces era muy acusado. Finalmente, en febrero de 1974 se publicó la nueva obra del quinteto que llevaba por título genérico Burn y los cambios de personal habían valido la pena. Se trata de una de las obras cumbre de la banda junto a In Rock y Machine Head, material de primera que demostraba que no habían límites para el combo. De todas maneras, había sustanciales diferencias con la pretérita etapa de Gillan y Glover: aunque seguían siendo una banda de hard rock, las buscadas influencias blues hacían su aparición de forma notable, especialmente en la inconmensurable «Mistreated»; también son más cálidas y menos feroces de lo habitual «Might Just Take Your Life» y la soulera «Sail Away». Los recientes estrenados componentes dejan marcada a fuego su impronta, y sus juegos de voces graves y agudas son sencillamente sublimes y le dan un cromatismo poco habitual al repertorio del quinteto. Sin embargo, se sigue repartiendo cera y piezas como «You Fool No One» o la que da nombre al trabajo que, con su riff antológico y solos de inspiración neoclásica, se perfila como de lo mejor escrito nunca por el quinteto.

Prueba superada. Los nuevos Deep Purple funcionaban, ¡y de que manera! Ahora había que trasladar al escenario todas las buenas credenciales presentadas en vinilo. Empezaron a foguearse en escenarios europeos para luego poner rumbo a los dominios del Tío Sam, tierra en la que la popularidad del quinteto estaba en uno de sus momentos más cálidos. Habían logrado justo un año antes ser el combo que más discos facturaba en el mercado americano y, por supuesto, el nuevo Burn fue recibido como agua de mayo. Purple viajaban en su propio Boeing privado, abarrotando cualquier recinto que se proponía: semejante gira tuvo su colofón en la mítica edición del festival California Jam. Tras no dejar títere con cabeza en la tierra prometida, volvieron a Europa, donde corroboraron que por aquel entonces nadie les podía batir sobre las tablas. Para muestra, escúchese el excelso Live In London (EMI 1982), remasterizado y expandido en el 2007; simplemente, oírlo para creerlo. Sus presentaciones en directo empequeñecían sus creaciones de estudio y, al igual que sucedía con Ian Gillan, los nuevos vocalistas mostraban su exorbitante poder mucho más sobradamente que en el estudio. Un placer escuchar el grueso del nuevo álbum mucho más vitaminado, con pequeñas concesiones al pasado como la inevitable «Smoke On The Water». Todo era miel sobre hojuelas para los nuevos Purple, pero como ha sucedido casi siempre en la historia del turbulento cuarteto, los negros nubarrones del destino iban a devastar todo lo conseguido.

Photo of DEEP PURPLE and Glenn HUGHES and Ian PAICE and Jon LORD and Ritchie BLACKMORE and David COVERDALE

LOS QUE TRAEN LA TORMENTA

De momento todo era jolgorio en el seno púrpura, y tras el éxito logrado por la nueva formación se imponía como mandaban los cánones de esa época registrar una nueva colección de canciones. Para ello, se dirigieron prestos en agosto de 1974 a los estudios Musicland de la teutona Munich, pero desde el primer momento en que pisaron suelo germano los conflictos asomaron su fea cabeza: Glenn Hughes y David Coverdale habían dado nuevos y briosos aires a la formación y su bagaje eminentemente negro encajó como un guante con el rock pesado a la europea que practicaba el combo; el éxito y clamor crítico que recibió Burn y su consiguiente gira afianzaron el ego de los chicos nuevos pero quizás excesivamente, ya que en las sesiones de grabación de Stormbringer empezaron a tomar el timón estilístico, especialmente Glenn Hughes, quien -henchido de soberbia y farlopa- empezó a creerse que el dulce momento que gozaba la banda era gracias a su talento y empezó a boicotear las composiciones de Blackmore a favor de las suyas propias, tonadas con las miras puestas en el funk y el soul que recibían el beneplácito de los demás componentes que veían con buenos ojos un cambio en la paleta de colores del grupo. Toda esta situación la resumió muy bien David Covedale en una entrevista que servidor tuvo el honor de realizar: “por aquella época, Glenn y yo estábamos muy metidos en la música negra y hacíamos canciones basándonos en esa influencia, al contrario de Richie Blackmore, que presentaba canciones que tenían más que ver con la época de Machine Head. El resto del grupo nos apoyó, ya que por aquel entonces había la idea un poco tonta de que las bandas tenían que evolucionar con cada álbum y ante esta perspectiva Blackmore lo mando todo a tomar viento”.

Lo raro ante esta situación es que el iracundo guitarrista no explotara y decidiera guardarse el resquemor para si mismo. No sólo se le rechazaban sus temas propios, sino hasta un par de relecturas que aspiraba a incluir en el nuevo producto, se trataba de «Black Sheep Of The Family» de Quatermass y «Still I´m Sad» de The Yardbirds: la excusa alegada por Jon Lord e Ian Paice es que no recibirían royalties de esas tonadas. En un principio, Blackmore decidió grabar un single en solitario para darles salida, para ello reclutó a la banda (menos al guitarrista) que les había abierto conciertos en diversas ocasiones, los americanos Elf (cuyo vocalista era Ronnie James Dio). La grabación del susodicho single fue sobre ruedas y esto alentó al Hombre de Negro a grabar un disco en toda regla con todas las canciones rechazadas. En diciembre del mismo 1974 vio la luz Stormbringer, el nuevo producto Púrpura, que (siendo justos) destilaba calidad por todas sus estrías, pero se alejaba en demasía del sonido clásico del quinteto. Había hard rock cinco jotas: el tema título, «Lady Double Dealer», la hipnótica «Gypsy» y una serena pieza llamada «Soldier Of Fortune», que es de los más primorosos escritos jamás por la dupla Coverdale/Blackmore, pero el resto de tonadas retozaban sin ningún pudor con el soul y el funk. Piezas excelentes con dos voces de lujo en su máximo apogeo, pero que descolocaron a todos sus seguidores que huyeron de él como alma que lleva el diablo. Representó un bajón importante de ventas y, ante este panorama, los mismos integrantes del combo dijeron que se trataba de un disco de transición y que en próximas entregas volverían a rockear muy duro. Ante semejante perspectiva,  harto de negritudes y con un single recién grabado con el que se sentía más que satisfecho, el huraño Blackmore decidió que era hora de tomar las de Villadiego. Cumpliría con los compromisos firmados y se dedicaría en cuerpo y alma a su nuevo juguete, que se llamaría Rainbow.

dpa00011El ARCO IRIS TRAS LA TEMPESTAD

Nuevos recitales estaban contratados para marzo-abril de 1975 (incluidos exóticos territorios para el rock como Yugoslavia) y Ritchie Blackmore aprovechó la inactividad para volver a los germanos estudios Musicland y registrar el que sería el álbum de debut de su nueva banda. La suerte estaba echada y, aunque él no decía ‘esta boca es mía’, los demás integrantes se olían lo peor: la última gira del esquivo guitarrista con la banda de su vida (hasta 1984) le mostro retraído y huidizo, escondiéndose junto a sus marshalls y ejecutando riffs desconocidos para el resto de la banda, pero que ya había registrado con su nuevo proyecto (aunque todo sea dicho, estos recitales siguieron mostrando a unos músicos excepcionales sobre las tablas: puede oírse en el imprescindible Made In Europe (EMI 1976) o en su versiónes ampliada MK III. The Final Concerts (Connoisseur 1996)) o Paris 1975 (Edel 2012). Finalmente, el líder de los nuevos Rainbow anunció lo inevitable y el 7 de abril de 1975 en París, fue el postrero concierto de esta formación hasta la fecha. Quedaban tocados de muerte: la figura del Hombre de Negro era demasiado básica dentro de la Púrpura Profunda, quienes trataron de seguir adelante con un buen guitarrista como Tommy Bolin (historia que merece otro artículo aparte), pero realmente fue la puntilla para un grupo con muchas presiones internas y luchas de egos. En resumidas cuentas, demasiados gallos en un solo gallinero.

XAVI MARTÍNEZ

 

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