DAVID BOWIE ‘The Next Day’

David-Bowie-The-Next-Day(Columbia Records)

“Aquí estoy, no del todo moribundo”, brama el viejo Camaleón durante los primeros minutos de The  Next Day, y uno todavía no sabe si encajar esa frase como una indicación sobre su estado de salud o como una advertencia en toda regla. Porque, damas y caballeros, David Bowie no ha tardado una década larga en volver del limbo -a la era de la sobreinformación- para vivir de rentas pasadas. Nunca lo ha hecho, y ahora tampoco iba a hacer una excepción, a pesar de que su nuevo álbum de estudio plantee una lúcida exploración (llamadlo revisión, auto homenaje o retroalimentación) de los sonidos y las imágenes que han ido dando forma a la andadura del Duque Blanco a lo largo de sus diferentes –y muy mutantes- fases evolutivas. Con una producción tan actual como virtuosa, gentileza del eterno Tony Visconti, el orfebre Bowie confecciona una serie de gemas destinadas a tocar la fibra sensible del fan de toda la vida, sin maquillar las referencias originales pero resultando tremendamente fresco y arrollador. Porque tras el sombrío espejismo de su single de adelanto (la bellísima «Where Are We Now?»), The Next Day no se anda con medias tintas y apuesta por el rock, oscuro y con sustancia, como principal instrumento a la hora de articular su discurso de regreso. Ecos de post-punk expresionista exudado en obras como Lodger o Scary Monsters resuenan como latigazos en «The Stars (Are Out Tonight)» o el tema que da nombre al álbum; la experimentación con los sonidos más negros de Young Americans y el reivindicable Station To Station, en las reconfortantes «Dirty Boys» y «Boss of Me»; tampoco faltan los guiños a su más reciente producción discográfica («I’d Rather Be High» y la paranoica «If You Can See Me»), el bailoteo con fundamento («Dancing Out In Space»), el sentimiento crooner más épico (apabullante «You Feel So Lonely You Could Die») o los mordiscos a la yugular de los trepidantes Tin Machine («You Will Set The World On Fire»)… incluso el fantasma del llorado Ziggy vuelve al ataque en un par de piezas de estupendo glam corrompido por el paso del tiempo («Valentine’s Day», «How Does The Grass Grow?»). En definitiva, el mejor disco de Bowie en treinta años ejerce de compacto balance de una inimitable trayectoria antes de un (¿ineludible?) acto de desaparición que –para nuestra fortuna- no parece acabar de materializarse definitivamente. Esperemos que haya un nuevo próximo día. Y otro más. Y otro-otro más, que soñar no cuesta nada.

ALBERTO DIAZ






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