CÓMO SER GROSERO E INFLUIR EN LOS DEMÁS: MEMORIAS DE UN BOCAZAS (Lenny Bruce)

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Santo patrón de la libertad de expresión, atribulado mártir aplastado por la censura más retrógrada y recalcitrante, Lenny Bruce exploró y explotó los límites la risa (y sus objetos) en una época en la que decir las cosas por su nombre equivalía al más condenable terrorismo social. “El humorista morboso”, le llamaban, y tamaño epíteto todavía disparaba más su rabia hacia un sistema tan hipócrita como podrido. En estos tiempos de deleznable corrección política e irritable conservadurismo, una lectura como esta se antoja un ejercicio de lo más sano para sacar a relucir nuestro yo más inconformista y cabreado. Sin perder la sonrisa, eso sí.  ‘Cómo ser grosero e influir en los demás’, memorias con cierto toque de ficción publicadas hace ya medio siglo (un año antes de su prematura –aún predecible- muerte) en la revista Playboy, a petición de un insistente Hugh Hefner, nos ofrece un enriquecedor viaje en primera persona a través de la vida del bueno de Lenny, desde su infancia a su intensa relación con su media naranja (exprimida por las circunstancias), la explosiva Honey Harlow, pasando por la obtusa persecución mediática que sufrió acusado de obscenidad, de la que fue absuelto de manera póstuma, sus jugueteos con las drogas y esa necesidad imperiosa por llevar las cosas a los extremos y pasarse de la raya, con tal de suscitar las reacciones necesarias para no acabar engullido por la máquina. Controvertido y de espíritu insobornable, Bruce combina chispeantes anécdotas con ácidas –pero deprimentes- lecturas de transcripciones de juicios, extractos de sus monólogos y confesiones cargadas de bilis y autocrítica, aportando un retrato de lo más interesante de un hombre tan contradictorio como brillante. Él mismo acabó siendo víctima de su propia leyenda negra, dejando un legado que ha influenciado a innumerables artistas, pero que jamás ha visto duplicado su original nivel de virulencia y rebeldía. Mucho más que un bocazas, un destructor de tabúes para el que no existían bozales suficientes que le hicieran callar. Genio y figura.

ALBERTO DÍAZ

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